PENTECOSTÉS

 

La Romería es el acontecimiento más importante del año rociero. Pero es Romería de Pentecostés, es decir, reunión del pueblo para celebrar, con María, su Madre, la venida del Espíritu Santo.

 

Por ello se cambio se nombre de Virgen de las Rocinas, que aludía al nombre del lugar donde se encuentra, al de Rocío. El nombre de Rocío se inspira en la liturgia de la Misa de Pentecostés, que en la oración de post-comunión, compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío: “Sancti Spiritus, Domine, corda nostra mudet infusio, et sui rori intima aspersione foecundent” (Que tu Espíritu Santo, Señor, descienda sobre nosotros, purifique nuestros corazones y, con el suave rocío de tu venida, los haga fecundos). En esta oración, la comparación entre el rocío (rori) y el Espíritu Santo, está llena de contenido teológico y bíblico.

 

También por este motivo, se invoca a la Virgen del Rocío con el título de BLANCA PALOMA, en alusión al Espíritu Santo en forma de paloma que preside sus andas.

 

La Romería de Pentecostés, que congrega en torno a la Virgen más de un millón de personas, se articula actualmente en torno a 114 Hermandades Filiales, bajo la dirección de la Hermandad Matriz de Almonte. Los actos oficiales de la romería comienzan la mañana del Sábado anterior a Pentecostés, con la presentación de las Hermandades y culmina el lunes con la Procesión de la Virgen.

 

Pero la Romería del Rocío es algo más que una serie ordenada de actos y cultos; en el Rocío cobran especial importancia los momentos de vivencia personal de la Fe, de encuentro del hombre con su Padre, Dios, al que nos lleva María; entre el cante y la alegría de nuestra tierra, en el Rocío cobran especial fuerza los sacramentos: las confesiones en el Santuario son muestras de rendiciones totales a Cristo, de conversiones profundas y sinceras, gracias a la acción del Espíritu Santo a través de la Santísima Virgen. La Eucaristía, siempre multitudinaria, es un claro ejemplo de que, a través de la Virgen, se llega a Dios. Las rejas del Santuario son testigos privilegiados de oraciones, súplicas, esperanzas y promesas cumplidas, en acción de gracias a María Santísima del Rocío.