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Capellanía de Baltasar Tercero


Capellanía de Baltasar Tercero

En 1587, el sevillano Baltasar Tercero, emigrante en el Perú, dona dos mil pesos para instituir una capellanía en la ermita de Ntra. Sra. de las Rocinas, nombrando como patronos de la misma a los cabildos civil y eclesiástico de la villa de Almonte.

Esta fundación va a suponer la creación de una importante estructura organizativa que recibiría la denominación jurídico-eclesiástica de “Obra Pía de Nuestra Señora del Rocío”, que tenía como finalidad específica, la atención del culto en la Ermita, así como la custodia y administración de los bienes de la fundación. La fundación creada por Baltasar Tercero, constituye el más claro antecedente, por sus funciones y competencias, de lo que hoy es la Hermandad Matriz.

Con el dinero del legado se adquieren propiedades que producen importantes rentas, lo que hace que la Ermita estuviera debidamente atendida con un capellán estable. De este modo, los cultos se regularizan y se atiende debidamente no solo a los lugareños, sino a los muchos transeúntes que frecuentaban aquella encrucijada de caminos, donde se encontraba la Ermita.

Esta situación se verá sustancialmente alterada por la desamortización de Carlos IV en 1798 y por la posterior de Mendizábal en 1836, que conllevan la enajenación de los bienes pertenecientes a las entidades eclesiásticas. Con dichas medidas, la capellanía creada dos siglos atrás por Baltasar Tercero, privada de la mayor parte de sus bienes y rentas, comienza un período de letargo, hasta su total desaparición.

Como consecuencia, y tras un periodo de transición en la que la Parroquia de Almonte asume las funciones que habían quedado vacantes, será la Hermandad Matriz la que, desde principios del siglo XX, asumirá completamente todas las prerrogativas que en los siglos pasados habían correspondido a la capellanía, convirtiéndose así en su más directa y legítima sucesora.

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