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‘Rocío, Reina del Universo’, el concierto de Las Cigarreras en el Santuario

Inmersos ya en la Cuaresma, la Hermandad Matriz ha organizado este año un concierto de marchas procesionales en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío. Estará a cargo de la Banda de Las Cigarreras, que también están viviendo un año especial al celebrarse 40 años desde su fundación.

El concierto tendrá lugar este próximo sábado, día 23 de marzo, a las 21 horas, tras el rezo del Rosario de Hermandades. Un concierto que han preparado con mucha ilusión y al que han titulado “Rocío, Reina del Universo”, contando con un repertorio seleccionado a conciencia para esta ocasión.

Este acto podrá seguirse en directo a través de la página de Facebook y canal de You Tube de la Hermandad Matriz, así como también desde la televisión local, Doñana Televisión.

Los coros del Rocío de Sevilla y Juvenil de Huelva cantarán en la Romería de 2019

La Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz, reunida en Cabildo Ordinario de Oficiales en la pasada noche del martes, 5 de marzo, acordó qué coros cantarán en la próxima Romería, durante la Misa Pontifical del domingo del Rocío y el Santo Rosario que tiene lugar en las horas previas a la salida de la Virgen del Rocío.

El coro que cantará en la Pontifical, que se celebrará en el Real del Rocío, el próximo 9 de junio, será el Coro de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Sevilla. Es también un homenaje al recientemente fallecido Rafa Serna, compositor de la Exaltación e Himno del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen y que fue director de este coro, así como autor de muchas de sus letras de sevillanas y plegarias.

El Santo Rosario en la noche del domingo al Lunes de Rocío, que se celebra en la Plaza de Doñana, con la participación de todos los simpecados de las Hermandades Filiales, será cantado por el Coro Juvenil de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Huelva.

Nuria Barrera, cartelista de la Romería del Rocío 2019

La Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío de Almonte ha designado a la pintora sevillana Nuria Barrera, como cartelista de la próxima Romería del Rocío, que se celebrará en junio de 2019.

Barrera se ha mostrado agradecida a la hermandad por el encargo y cargada de responsabilidad por realizar el cartel que anunciará la Romería en la que se cumplirán cien años de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío.

 

Nacida en Carmona y residente en Sevilla, ha realizado , el cartel de la Semana Santa de Sevilla, en 2013, el cartel de las fiestas de la primavera del ayuntamiento de Sevilla, en 2017; el cartel de la Semana Santa de Triana, en 2018 y recientemente ha participado en la exposición colectiva “Reflejos de Murillo”. Son algunos de los trabajos que conforman su extenso currículum.

El próximo Domingo de Resurrección será presentado en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte, el cartel de Nuria Barrera que, tras la Semana Santa, nos pondrá en camino hacia una nueva Romería del Rocío.

Homilía de S. E. Mons. Fisichella en el IV Domingo del Tiempo Ordinario

Hermanos y hermanas:

Hemos escuchado la Palabra de Dios y nos preguntamos qué enseñanza pueda ofrecernos para la vida de cada día. Estamos reunidos para venerar a la Virgen María del Rocío en este Santuario que desde hace siglos acoge a generaciones de hombres y mujeres, niños y jóvenes que, a través de la oración, confían a la Madre de Dios todo lo que hay en lo más profundo de sus corazones: el deseo de ser escuchados, las súplicas de intercesión, de comprensión; el alivio en la enfermedad y la esperanza en el dolor; las lágrimas de los que sufren y la sonrisa de los que acuden a dar gracias…. todo se coloca a los pies de esta Señora del Rocío, que escucha a todos y tiene para cada uno una palabra de consuelo. Permanezcamos bajo su mirada materna y entremos en la escuela de ese Niño que lleva en sus brazos y que quiere dárnoslo como guía segura para nuestra vida.

El relato que el evangelista Lucas nos ofrece de Jesús en la sinagoga de Nazaret tiene un profundo significado para nuestra vida. Nos encontramos al comienzo del ministerio de Jesús. Sabemos que mucha gente lo seguía durante su predicación y que venían de todos los rincones del país, hasta el punto de que corría el riesgo de ser aplastado, porque todos querían tocarlo (cfr. Mc 3,7-10). Me parece ver la misma situación cuando en algunas ocasiones acompaño al Papa Francisco. Todo el mundo quiere verlo de cerca, tocarlo, intercambiar una palabra con él…. ¡todos empujan para acercarse y quien está al lado corre el riesgo de ser efectivamente arrollado! Es hermoso ver esta manifestación de fe, afecto y esperanza que expresan tantas personas. Jesús, entonces, también llega a su pueblo, a Nazaret, donde todos lo conocían. Creció allí: de niño, de joven, hasta antes de dejar su casa para comenzar a predicar la bella noticia del Evangelio, Jesús había vivido toda su vida en Nazaret. Todos tenían curiosidad porque habían oído que en las ciudades y pueblos cercanos había hecho cosas extraordinarias. Ciertamente esperaban impacientes a ver qué cosa hacía Jesús en medio de ellos. Era sábado y Jesús, como todos sus paisanos, va a la sinagoga. Le llega el turno de leer. En sus manos tiene el pergamino del libro del profeta Isaías donde se habla de lo que hará el Mesías, el enviado de Dios: traer la bella noticia a los pobres, la liberación a los prisioneros, el don de la vista a los ciegos, el consuelo a los oprimidos. Todas las condiciones están dadas para que los habitantes de Nazaret puedan ver qué hará su coterráneo. Hemos escuchado las palabras de Lucas: “Todos tenían los ojos fijos en él”. Hay un silencio increíble en la sinagoga. Claro está, también María su madre estaba presente, atenta a ver lo que aquel hijo tan extraordinario y también tan lleno de misterio para ella, diría allí mismo, ante todo el pueblo. Inmediatamente, todos se dan cuenta de la diferencia entre su rabino y Jesús: aquel explica e interpreta la ley y los profetas, mientras que Jesús, por el contrario, proclama un hecho: hoy esta Escritura del profeta se ha cumplido en mí.

Es ese “hoy” el que causa sensación y empieza a sorprender a todos los presentes. Jesús está diciendo que las promesas de Dios en ese instante se están cumpliendo en él. A la promesa futura la sustituye el hecho. Jesús sostiene ser el Mesías; no un rabino como muchos otros, ni siquiera un profeta, sino el cumplimiento de la promesa de Dios. Cuando el hombre es puesto ante una verdad así de grande, no es posible permanecer neutrales. Es necesario hacer una elección grande y definitiva. ¿Es posible que Dios pueda hacerse uno de nosotros? ¡Un hombre en medio de nosotros dice que es Dios y pide que creamos en él! Para los habitantes de Nazaret es demasiado. La incredulidad crece, así como la antipatía y la molestia hacia este joven que han visto crecer en medio de ellos. “¿No es éste el hijo de José?”, “Su madre María y sus parientes viven todos entre nosotros”, “¿No es el carpintero que hemos visto trabajando en el taller de José?”. Todos están sorprendidos, aturdidos, incrédulos. Jesús es percibido por ellos como un hombre que ciertamente habla bien… pero que sea el Mesías es demasiado. “Lo echaron de la ciudad y lo llevaron a la cima de la montaña para despeñarlo.”

La condición del hombre contemporáneo no es diferente, en muchas ocasiones, de la de los habitantes de Nazaret. Muchas personas vienen a admirar a Jesús, aprecian su palabra, pero no logran dar el salto a creer en él como Hijo de Dios. El hombre está siempre tentado a ser él Dios y a establecer desde sí mismo qué cosa sea el bien y el mal; no acepta una autoridad superior a la suya, y se niega a prestar obediencia y a dedicar su vida a un Dios que no ve o que se esconde en la debilidad. Y sin embargo, el secreto de la fe está precisamente en este desafío que tenemos ante nosotros. Dios se ha hecho hombre para que, a través de él, el hombre pudiera vivir la misma vida de Dios. No tenemos un Dios que no conozca nuestra humanidad: como nosotros también ha conocido momentos de alegría y de dolor; las lágrimas por la pérdida de un amigo y el dolor a causa del sufrimiento; la incomprensión y la soledad; la traición y la muerte…. no tenemos excusa para no creer. Solo necesitamos de hombres que todavía hoy nos hablen de Dios, de cómo lo han encontrado y de cómo él ha cambiado sus vidas.

Es por esto que debemos volver a tomar en nuestras manos la primera lectura del profeta Jeremías. Un hombre que sufrió mucho por su vocación, tanto que llegó a maldecir el día en que nació. Sus contemporáneos lo obstaculizaron en todas las formas posibles; no quisieron escucharlo, y mucho menos creer en su palabra. Prefirieron seguir viviendo al estilo pagano y no pudieron aceptar que les predicara la necesidad de cambiar de vida, de convertirse, de volver a creer. En su predicación encontramos una expresión que es como un estribillo: “¿Por qué os habéis alejado del Señor?” La situación es dramática; el profeta percibe toda la violencia de la oposición de los hombres contra Dios, y tiene miedo. Cuánto miedo hay también en nosotros hoy, que nos da temor anunciar el Evangelio, porque sabemos que seremos juzgados por nuestra coherencia de vida como cristianos. Sin embargo, sabemos que no hay alternativa: nuestra vocación es la de ser evangelizadores. El requerimiento de Dios, sin embargo, es irrevocable, y lo hemos escuchado: “No les tengas miedo”. No tener miedo de nada ni de nadie: del rey, de sus funcionarios, de los sacerdotes y de la gente común… Dios te fortalece con su presencia: “Yo estoy contigo”.

Necesitamos urgentemente redescubrir la enseñanza del apóstol Pablo que escuchamos en la segunda lectura: el himno al amor. Cuántos sentimientos y cuánta fuerza nos dan estas palabras; sin embargo, cada vez más nos damos cuenta de la distancia entre nuestra vida y el amor que aspiramos poner por obra. El corazón de nuestra fe está todo en estas palabras que expresan la síntesis de la entera predicación de Jesús, e indican el “camino más excelente” que debemos seguir: podemos ser poderosos y fuertes, ricos y bonitos, afortunados y exitosos, si no tengo amor “nada soy”, si “no tengo caridad, nada me beneficia”. El amor en el que creemos, y que Dios ha manifestado primero hacia nosotros, no vive de la injusticia ni de la envidia; no falta al respeto, no impone su propia idea o busca el propio interés. El amor cristiano busca la verdad, perdona, cree, espera y comparte.

Qué gran programa de vida nos ofrece hoy la Palabra de Dios. Si nos sentimos pequeños y débiles ante semejante objetivo, sintamos que necesitamos la gracia de Dios, la vida del Espíritu, que transforma todo y hace posibles las cosas imposibles. Dejémonos tocar por la fuerza del amor de Cristo. Permitamos que nuestro corazón y nuestra mente sean modelados por la ternura de la misericordia, sólo así podremos ser capaces de un anuncio que toque el corazón y la mente de aquellos que encontraremos para abrirlos a la verdad de la fe. Encomendémonos, pues, a la Madre de Jesús. Mantengamos también nuestra mirada fija en ella y aprendamos de ella a escuchar y a tener confianza.

Santuario de Nuestra Señora del Rocío, 3 de febrero de 2019.

Homilía de S. E. Mons. Fisichella en la Vigilia Mariana celebrada durante la Candelaria

Hermanos y hermanas:

En esta vigilia todo habla de la luz. Es paradójico. Estamos en medio de la oscuridad de la noche; sin embargo, todo habla de la luz que proviene del día. Para nosotros los creyentes, la luz tiene un valor profundo. Todo comienza con la palabra de Jesús cuando dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Para comprender, entonces, lo que estamos celebrando y su significado para nuestras vidas, debemos volver a la Palabra de Dios que ilumina nuestro camino y lo sostiene en su búsqueda de la verdad.

Desde la primera página de la Biblia, en el libro del Génesis, hasta el último libro, el Apocalipsis, nos vemos colocados ante la luz. El primer acto del Creador es separar la luz de las tinieblas: “La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla” (Gén 1,2-4). Al final de la historia y del mundo, cuando existirá la nueva creación, el Apocalipsis nos dice: “La ciudad no necesitará del sol ni de la luna que alumbre, pues la gloria del Señor la iluminará, y su lámpara será el Cordero. Y las naciones caminarán a su luz” (Ap 21,23-24).

De la luz física, se pasará a la luz que no conoce el ocaso: la de Dios mismo que es luz. Entre el principio y el fin del mundo, se encuentra nuestra vida, tensada entre la oscuridad del pecado y la luz del amor. No hay alternativa: nuestra vida es una elección continua entre vivir en la luz y huir de las tinieblas. Consideremos porqué en nuestro lenguaje común cuando una persona nace se dice: “¡Ha dado a luz!”. Instintivamente relacionamos la luz con la vida y las tinieblas con la muerte. Por lo demás, no es casualidad que los médicos aseguren que una de las cosas que sufren los niños cuando son pequeños es el miedo a la oscuridad. La oscuridad anula el sentido de la orientación. En medio de la oscuridad no sabemos dónde nos encontramos, tenemos que ir a tientas para tomar valor y salir lo más rápido posible hacia la luz. La experiencia de la oscuridad permite tipificar el valor de la luz. A la luz, en efecto, todo se aclara; todo toma forma; percibimos los colores y reconocemos la dirección a seguir… en definitiva, sabemos lo que significa vivir en la luz y en las tinieblas.

Para nuestra vida de fe, especialmente en este lugar sagrado, que nos habla a todos de la luz de la mañana cuando podemos ver el rocío que cubre la tierra y da vida a la vegetación, la luz adquiere un significado fundamental. En la lectura del Evangelio hemos escuchado las palabras del viejo Simeón que se refiere a Jesús, presentado en el templo, como “luz para alumbrar a las naciones”. Es la misma expresión utilizada por el evangelista Juan al principio de su Evangelio, y que escuchamos el día de Navidad: “La luz verdadera vino al mundo, la que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9). En Jesús, hijo de Dios, la luz es la vida. En él descubrimos que ya no hay ninguna diferencia: luz y vida se identifican. El que quiera la vida y desee vivir en la luz, debe entonces creer en el Hijo de Dios.

Jesús hablaba a menudo de la luz. Pero vuelven a la mente por su especial significado las palabras con las que asegura: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). Nos encontramos ante una enseñanza profunda por la cual Jesús no sólo revela quién es, sino que al mismo tiempo nos muestra el camino que estamos llamados a seguir. Para entender bien estas palabras del Señor, necesitamos conocer el contexto en el que fueron pronunciadas, porque de esta manera entenderemos mejor su significado. Jesús se encuentra en Jerusalén para la fiesta de los tabernáculos. En esa ocasión, se colocaban cuatro candelabros de oro sobre las murallas del templo, que podían contener sesenta y cinco litros de aceite cada uno. La luz que emanaban iluminaba toda Jerusalén: no había lugar en la ciudad que no quedara iluminado. Jesús se remite a este hecho, pero lo amplía: él es la luz del mundo entero, no sólo de Jerusalén. En la vida de Jesús, todo habla de la luz.

Pensemos en el milagro del ciego de nacimiento, que le permite a Jesús afirmar una vez más que él es la luz. De nuevo es el evangelista Juan quien narra que Jesús, justo a la salida del templo, se encuentra con un hombre ciego de nacimiento. Sus palabras son muy significativas: “Mientras es de día tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado; cuando llega la noche, nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo” (Jn 9, 1-4). Mientras en el mundo esté, el mundo podrá ver la luz y tendrá la vida. Por cierto, no en vano toda la narración de este milagro pone en primer plano el contraste entre creer y no creer. El evangelista quiere enseñarnos que quien no cree, está ciego; no ve. No sabe adónde ir y no puede tener una vida autónoma, así que no es libre. No sólo eso. En la narración también se nos habla de muchos otros que presencian el milagro, pero que no quieren creer. También son ciegos y no pueden explicar lo que ha sucedido. La conclusión de la historia del milagro es hermosa porque nos permite comprender su significado profundo. Jesús encuentra el ciego sanado y le pregunta: “«¿Tú crees en el Hijo del hombre?» Él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Le has visto. Es el que está hablando contigo». A lo que él contestó: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. Entonces dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos»” (Jn 9,35-39). Estas últimas palabras son verdaderamente dramáticas y nos hacen pensar a nuestro tiempo.

Debemos preguntarnos: ¿Jesús sigue siendo la luz de este mundo? ¿O es la cultura que respiramos, y que a menudo nos engaña a nosotros y a muchas de las personas con las que nos encontramos, la que está decidida a excluir a Dios de la propia vida? A menudo vemos a más y más personas que ya no sienten la ausencia de Dios como una carencia y privación para sus vidas. Se tiene la ilusión de ser libres e independientes porque hemos abandonado a Dios y a la fe; y no nos damos cuenta de que estamos cayendo cada vez más en nuevas formas de esclavitud y violencia, donde el más fuerte o el más astuto piensa que tiene el derecho de imponer su visión de la vida sin mayor respeto por los demás. Nos vemos casi que obligados a guardar silencio; forzados a observar impotentes la violencia cotidiana hecha de prepotencia, sólo porque se ha abandonado la fe. ¡En qué gran ilusión vive el hombre de hoy que no quiere creer! Cree que no necesita a Dios, y en cambio se ha perdido a sí mismo. Donde no hay Dios, no es cierto que el hombre subsista. Cuando Dios desaparece, entonces el hombre también se vuelve huérfano y deja de saber quién es realmente.

Aquí viene nuestra responsabilidad como creyentes. No podemos olvidar, de hecho, que los cristianos, desde el día de nuestro bautismo, nos hemos convertido en hijos de la luz. La fiesta de la Presentación del niño Jesús en el templo recuerda de muchas maneras la fiesta de nuestro bautismo. Cuando el Papa Sergio I en el siglo VII instituyó la fiesta que hoy celebramos, introduciendo la procesión con velas, pensaba justamente en hacer recordar a los cristianos su bautismo. El día del bautismo, en efecto, se entrega una pequeña vela a los padres para que la enciendan del cirio pascual, que es un signo de Cristo resucitado. El sacerdote dice las palabras: “Recibid la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz. Y perseverando en la fe, puedan salir con todos los santos al encuentro del Señor.” ¡Qué hermoso sería si esa vela se conservara siempre en nuestra casa, para acompañarnos y recordarnos cada vez que la miramos, que somos hijos de la luz!

Ser hijos de la luz, sin embargo, no es una jactancia ni una presunción, es una tarea y una responsabilidad que se nos confía. En efecto, estamos llamados a ser testigos de la luz que viene de la fe y que ha dado sentido a nuestra vida. No podemos escapar de esta misión que el mismo Jesús ha confiado a sus discípulos y, personalmente, a cada uno de nosotros. La luz que estamos llamados a hacer brillar es la esperanza que debemos ofrecer al mundo de hoy. No podemos esconder nuestra fe dentro de nuestras iglesias o vivirla sólo dentro de nuestras comunidades. Quien ha encontrado Cristo debe comunicarlo. Si realmente hemos encontrado al Señor Jesús, que ha cambiado nuestras vidas, entonces lo único que podemos hacer es compartir esta gran alegría con todos. Aquí comienza la nueva evangelización. Así descubrimos que somos verdaderamente hijos de la luz.

Mantengamos la mirada fija en la Virgen María que en este Santuario veneramos como la Virgen del Rocío. Del rocío también podemos sacar una lección para nuestra vida. Como es sabido, el rocío se forma porque las gotitas de agua que se crean durante la noche se juntan más fácilmente en superficies sólidas que en el aire, donde tienden a permanecer suspendidas sin encontrarse. Lo mismo sucede con nosotros. Todos somos gotitas de agua que necesitamos encontrarnos en el compromiso concreto de cada día para poder brillar a la luz del día. Si permanecemos suspendidos en el aire, si nuestra fe está hecha sólo de palabras, sin amor, entonces permaneceremos aislados, sin el contacto fundamental con el Señor, y cuando venga la luz del día, estaremos destinados a no ser reconocidos. Así que mantengamos siempre alzadas nuestras lámparas, asegurémonos de que la luz pueda resplandecer y juntos, al calor que emana de la llama, reavivemos los corazones de las personas que encontramos con un testimonio de fe y amor que haga brotar la esperanza.

Santuario de Nuestra Señora del Rocío, 2 de febrero de 2019.

Doñana centra la segunda mesa redonda del ciclo “Cita con la historia, aniversarios del Rocío”

El próximo miércoles, 23 de enero, celebramos en la Casa Hermandad, en Almonte, la segunda mesa redonda del ciclo “Cita con la historia, aniversarios del Rocío”, que iniciamos en el mes de noviembre del pasado año. Tendrá lugar a las 20 horas.

Se cumplen ahora 50 años de la fundación del Parque Nacional de Doñana, tan vinculado históricamente al Rocío. Por este motivo, hemos querido dedicar una mesa redonda de este ciclo a debatir sobre el binomio Rocío y Doñana.

Intervendrán para ello, Ángel Díaz de la Serna, Delegado de Romería de la Hermandad Matriz, Juan Pedro Castellano, director del Espacio Natural de Doñana, Isabel Redondo, conservadora del Espacio Natural de Doñana, Juan Carlos Rubio, biólogo y quien fuera director del Espacio Natural de Doñana desde 2007 hasta 2013 y Juan Villa, escritor.

La mesa redonda, que lleva por título “El Rocío y Doñana, a los cincuenta años de su fundación”, estará moderada por el almonteño Miguel Ángel Jiménez, corresponsal del diario “ABC” en Huelva.

Este ciclo está enmarcado dentro de las actividades organizadas en la programación del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío y tendrá continuidad hasta marzo, tratando temas como los 50 años de la construcción del actual Santuario y el Centenario de la Coronación.

La Matriz organiza un encuentro entre los responsables de Formación y Juventud de las Hermandades del Rocío

El próximo sábado, 12 de enero, tiene lugar en El Rocío un encuentro entre los responsables de Formación y Juventud de las Hermandades del Rocío. Unas jornadas formativas que organiza la Hermandad Matriz desde su delegación de Formación, por tercer año consecutivo.

El día comenzará con una misa en el Santuario, a las 11 horas, oficiada por el director espiritual de la Hermandad Matriz y rector del Santuario, el Rvdo. P. D. Francisco Jesús Martín Sirgo.

Dada la alta participación, están invitadas las hermandades filiales y no filiales del Rocío, el encuentro se desarrollará en la casa de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Sevilla. A las 12 del mediodía tendrá lugar la apertura del encuentro, a cargo del delegado de Formación de la Hermandad Matriz, José Miguel Saavedra Soltero y la delegada de Juventud, Rosa Mª Jiménez Bocanegra.

La primera conferencia correrá a cargo del Ilmo. Sr. D. Francisco Echevarría Serrano, Vicario General y Moderador de Curia de la Diócesis de Huelva, en la que hablará sobre el papel de los laicos en la Iglesia.

También habrá tiempo para el debate entre el centenar de delegados que asistirán, un coloquio sobre las actividades que realizan las hermandades en las áreas de formación y juventud servirá para poner en común tareas y conocer la experiencia del trabajo de otras hermandades.

Ya por la tarde, tras el almuerzo de convivencia, el secretario de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, hablará sobre los cien años de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, en la que será la última conferencia de este encuentro, que se clausurará en torno a las 18 horas.

Más de 900 jóvenes peregrinan de Almonte al Rocío este sábado

Este sábado, la Hermandad Matriz, desde su Delegación de Juventud, ha organizado la XV Peregrinación de Jóvenes Rocieros. Un camino que comenzó haciendo sólo el Grupo Joven de la Matriz, pero en los últimos años se han invitado también a las Hermandades Filiales.

Como novedad, también participan por primera vez, en esta edición, los jóvenes de las Hermandades no filiales del Rocío. La respuesta ha sido la participación más alta hasta la fecha, más de 900 jóvenes serán los que peregrinen hasta el Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

La salida está prevista para las 9 y media de la mañana de este sábado, desde la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte. El camino culminará, como no podía ser de otra forma, con la celebración de una misa ante la Virgen a las 19 horas, que será oficiada por el Rector del Santuario y Director Espiritual de la Hermandad Matriz, D. Francisco Jesús Martín Sirgo.

Al mediodía, tras el rezo del Ángelus, el secretario de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla charlará con los jóvenes sobre el Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío. Efeméride que estamos celebrando en este curso.

La peregrinación estará encabezada por el guión de la Hermandad Matriz, el cual durante el camino lo irán llevando todos los jóvenes participantes de las hermandades del Rocío. Un día de convivencia, de dar gracias a la Virgen, bajo el lema “Camino. Verdad y vida”.

El almonteño Fran Gil realizará la felicitación navideña de la Matriz

La Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz de Ntra. Sra. del Rocío de Almonte ha confiado al joven almonteño Fran Gil, hermano de la Hermandad, para realizar la felicitación navideña de este año.

Gil, que actualmente estudia Derecho y Finanzas y Contabilidad en la Universidad de Sevilla, confiesa que es “un poco autodidacta” y lo de pintar le viene de herencia materna. Ha sido aprendiz de Javier Jiménez Sánchez-Dalp, quien le inició en el mundo del bolígrafo y le “inculcó su pasión por la tinta azul” de la que el almonteño se considera “un enamorado en todas sus vertientes”.

 

 

A principios de diciembre conoceremos su obra, con la que la hermandad felicitará estas navidades a sus hermanos.

 

El Centenario de la Coronación, un año cargado de actos que comienzan la semana que viene en El Rocío

Con el nuevo curso, llega la apertura de los cultos y actos que la Hermandad Matriz ha organizado con motivo del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, y que se desarrollarán hasta junio de 2019.

Antes de la salida extraordinaria de la Virgen, el próximo 8 de septiembre, tendrá lugar en el Santuario un Triduo Preparatorio, los días 4, 5 y 6, que comenzará a las 21 horas. El primer día la predicación estará a cargo del Obispo de Huelva, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José Vilaplana Blasco y cantará el Coro de la Hermandad Matriz.

El miércoles 5, hará la homilía el Prefecto de Liturgia de la S. I. Catedral de Huelva y Párroco de la de la Inmaculada Concepción de Huelva, el M. I. Sr. D. Diego Capado Quintana y la misa estará cantada por el Coro de la Hermandad del Rocío de Sevilla-Macarena.

El último día de Triduo, la predicación estará a cargo del Vicario parroquial de la de Ntra. Sra. de la Asunción de Almonte, el Rvdo. Sr. D. José Antonio Calvo Millán. Cantará el Coro de la Hermandad del Rocío de Algeciras.

El viernes 7, vísperas de la salida extraordinaria, a las 23 horas desde el Real del Rocío, ante el monumento de la Coronación, se celebrará el Acto Inaugural del Centenario de la Coronación Canónica con la lectura de la Bula Pontificia y el rezo del Santo Rosario.

El sábado 8 de septiembre, cuando se cumplen 100 años de la firma en Roma del decreto que aprobaba la coronación canónica de la Virgen, tendrá lugar la salida extraordinaria de la Patrona de Almonte, que irá luciendo el mismo terno que llevó el día que fue coronada.

A las 21 horas del mismo día, se celebrará en el Santuario una Misa de Acción de Gracias presidida por el Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción de Almonte, Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío, y Director Espiritual de la Hermandad Matriz, el Rvdo. Sr. D. Francisco Jesús Martín Sirgo.

Este acto estará cantado por la Coral Polifónica de Isla Cristina, que fue la misma que acompañó con sus cantos la visita de San Juan Pablo II a este Santuario hace 25 años.

Todos los cultos se podrán seguir también en directo a través del canal oficial de You Tube de la Hermandad Matriz y desde su página de Facebook.

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