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Evangelio y Reflexión del V Domingo de Pascua

Yo soy el camino y la verdad y la vida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor

 

Reflexión

La semana pasada hablábamos de dos puertas, dos voces, dos pastores, dos caminos… es decir, Jesús ofrece siempre dos realidades para que podamos escoger. Él va a respetar siempre nuestra libertad al elegir. Ahora bien, si elegimos su camino debemos ser conscientes de que esa senda ha sido trazada por Él. Por tanto, no es válido cambiar el camino a nuestro capricho o antojo. Hay que seguirlo mirando al frente y sin volver la vista atrás. No podemos utilizar a Jesús como moneda de cambio, o reducirlo al apetito sensitivo (ahora me apetece y mañana no se).

Hoy Jesús se manifiesta como el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Cuántas veces hemos escuchado esta frase! Por supuesto, que la hemos oído en muchas ocasiones. Así es, la hemos oído, pero no la hemos escuchado. En ella, Jesús nos dice todo lo que necesitamos para ser felices: caminar con Él, descubrir cómo la verdad nos lleva a la libertad y como nuestra vida se llena de plenitud. Pero nosotros seguimos como los discípulos en la última cena donde Jesús pronunció esas palabras. ¡No acabamos de comprender! Para ellos, era difícil dado el clima de tensión que en la cena se estuvo viviendo, hasta el punto de que Jesús tuvo que invitar a la confianza y a la calma: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”.

De forma análoga, nos ocurre hoy a nosotros. La situación que atravesamos es desconcertante y provoca mucha incertidumbre e inquietud en las personas, como: el proceso de desescalada y las medidas del mismo, alargar de nuevo el estado de alarma, el no saber si estamos infectados y podemos contagiar o, por el contrario, no lo estamos, pero pueden contagiarnos otros. Todo por falta de realizar test a la población para saber con certeza quién está o no está enfermo y descubrir con exactitud el alcance de la pandemia. Todo esto, a la vez, que el gobierno aprueba leyes y decretos que en un estado normal serían mucho más discutidas y pueden que no se aprobasen.

También hoy Jesús nos dice a nosotros que no perdamos la calma porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Nos invita a la confianza y abandono en Él. Jesús se nos ofrece como el único camino de felicidad. Lo demás son sendas que desembocan en ese mismo camino o no sirven. ¡Tú sabrás que camino elegir! Todos quieren tener la verdad, la razón y la han buscado a lo largo de la historia. Pues bien, Jesús se nos ofrece hoy como solución para quien lo desee: Yo soy la verdad para el hombre, es decir la solución a tus problemas y mentiras. Y, por último: Yo soy la vida. Es el estilo de vivir de Jesús el que da vida. Yo he venido para que tengan vida. Vida en plenitud.

Santa María del Rocío, desde tu Sí incondicional permaneciste firme en el camino que Dios Padre te trazó. Aceptaste a Dios como verdad plena y tu vida se colmó de sentido. Intercede ante tu Hijo, el Pastor Divino de nuestras vidas, para que, imitándote a Ti, consigamos permanecer en el camino que conduce al Padre; encontrarnos con Jesús como verdad plena y experimentar como nuestra vida se llena de sentido. Amén

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del IV Domingo de Pascua

Yo soy la puerta de las ovejas

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas caminan delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Todos somos conscientes de los estragos y mellas que la pandemia está ocasionando en el corazón de las personas. Estos trastornos van poco a poco mermando la esperanza ante una evidencia clara y rotunda: el covid-19 no es lo peor, sino el desastre que está por venir en el terreno de la economía. Si a esto, le añadimos que cada mañana los medios de comunicación y las redes sociales nos traen un nuevo sobresalto, “mejor es tirarse por la ventana”. Por otra parte, desde nuestro corazón brota un deseo grande y fuerte de volver a la normalidad. ¿Pero a qué normalidad nos referimos? Si la normalidad es seguir con la vida que teníamos, mejor es obviar el futuro. Pues de nuevo seguirá alzando la voz y los gritos de los “sin voz y sin techo”. Es decir, normalidad que no gusta a los que siempre han sufrido más que nosotros: los pobres, desvalidos, explotados, las víctimas de violencia de género, …Incluso las personas que van a sufrir “el síndrome de la cabaña”, es decir, el miedo a salir de casa por riesgo a contraer la infección. Esa normalidad que nosotros deseamos y queremos, sería para ellos el hundimiento total de sus esperanzas y frustración de sus aspiraciones para salir de su situación concreta.

Este cuarto domingo de Pascua, es el domingo del Buen Pastor. Jesús es nuestro Buen Pastor. El salmo responsorial tiene como antífona: “El Señor es mi pastor, nada me falta… En verdes praderas me hace recostar… aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo …”  que palabra más hermosa para abandonarnos en el Señor, encontrar consuelo y fortalecer nuestra esperanza. Respecto a esto, el Papa Francisco, nos invita a mirar al futuro con esperanza. Ha repetido varias veces: “No os dejéis robar la esperanza. No permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”.

Juan, en el Evangelio, nos habla de Jesús como puerta (yo soy la puerta) por la que entramos y salimos sus ovejas y también, como buen pastor (yo soy el Buen Pastor). Son dos imágenes para explicar una misma idea. La puerta de la salvación por la que tiene que entrar el rebaño que sigue a su pastor. Pues sólo el “pastor” conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. Para Dios eres único. Dios no trabajan serie como los políticos. Para ellos sólo somos un voto más, en cambio para Jesús eres una persona llamada a vivir su Reino. Eres insustituible. Ahora bien, todo va a depender de ti y de seguir la voz del Pastor.

Cristo, Pastor Divino, nos conoce personalmente por nuestro nombre y nos abre la puerta de la vida en el aquí y ahora y nos garantiza que, siguiéndole, la encontraremos abierta en el más allá. La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza. Jesús en este evangelio se propone como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida.

Pidamos a nuestra Madre y Patrona, Santa María del Rocío, que interceda ante su Hijo, el Buen Pastor de nuestras almas y Pastor Divino del Rocío para que siempre nos ayude a escuchar la voz de su Hijo y nos de la fuerza para seguirlo hasta encontrarnos por medio de Él con el Padre.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del III Domingo de Pascua

Lo reconocieron al partir el pan.

Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;

iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo: «¿Qué?».

Ellos le contestaron:

«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

El Evangelio del tercer domingo de Pascua, que acabamos de escuchar, presenta el episodio de los discípulos de Emaús cuando iban de camino. Es un relato que no acaba nunca de sorprendernos y conmovernos. El evangelio se sitúa en el mismo día de la resurrección del Señor. La mañana de aquel día primero de la semana para los judíos, domingo (o día del Señor), para los cristianos, fue una mañana desconcertante y sobrecogedora, a esto, hay que añadir que los dos de Emaús no sabían, cuando partieron de Jerusalén, que el Señor se había aparecido a Pedro.

Este episodio muestra las consecuencias de la obra de Jesús resucitado en los dos discípulos: conversión de la desesperación a la esperanza; de la tristeza a la alegría; y también a la vida comunitaria. Esta conversión es siempre obra de Jesús resucitado, Señor de la vida, que nos ha obtenido esta gracia por medio de su pasión y nos la comunica en virtud de su resurrección.

El relato está cargado de simbolismo y no tiene desperdicio. Por tanto, mi primera recomendación es que lo leamos despacio. Aun así, intentaremos desvelar los símbolos y explicarlos para que podamos entender bien este precioso pasaje.

1.- “Salían de Jerusalén”; ésta es la ciudad santa porque es donde estaba el Templo, por consiguiente, marcharse de Jerusalén, supone renegar de todo lo que había ocurrido allí, sobre todo de la cruz.

2.-Iban de camino”; el camino es un símbolo tradicional para referirse a la vida, así nos lo dirá hoy S. Pedro: “tomad en serio vuestro proceder en la vida”, es decir, coged en serio vuestro camino (cfr. 2ªlectura) o, “me enseñaras el camino de la vida” como lo expresa el libro de los Hechos de los Apóstoles (cfr. 1ª lectura).

3.-La Palabra que viene a iluminar la vida, “nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel…” Hundimiento total. El problema del mal, del dolor y del sufrimiento, el problema de la injusticia y del atropello, el miedo a los demás, a los extraños y a los que desde lejos llegan hasta nuestras tierras y parecen atentar contra aquello que somos, llevan a los cristianos de hoy a decir con tristeza: nosotros esperábamos que el Señor nos liberara del mal, del dolor, del sufrimiento, del miedo, de la pandemia, de la injusticia. Cada uno de nosotros necesitamos aprender de la enseñanza de Jesús, como los dos de Emaús, para que inflame nuestro corazón e ilumine nuestra mente y nos ayude a interpretar los acontecimientos de la vida.

4.- “Compartir la mesa”. Es decir, celebrar la Eucaristía. Ya era tarde y ellos le insisten: “quédate con nosotros…” Que oración mas maravillosa. Él acepta la invitación y se sienta a la mesa. Es el gesto de la solidaridad, de compartir lo que somos y tenemos. Es hacer Eucaristía. Ahí lo reconocieron, al partir el pan. Luego es necesario sentarse a la mesa con el Señor, convertirse en sus comensales, para que su presencia humilde en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre nos restituya la mirada de la fe, para mirarlo todo y a todos con los ojos de Dios, y a la luz de su amor.

5.- “La vuelta a Jerusalén”, el encuentro con Jesús les lleva a rectificar su trayectoria y reintegrarse a la comunidad, que habían abandonado. Allí se van a encontrar con el resto de la comunidad que habían abandonado y comprobaran que la Esperanza ha renacido y es posible hacer realidad el proyecto de Jesús.

Esto es lo que estamos llamados a vivir todos. Palabra, Eucaristía y Comunidad. Este es el trípode de toda evangelización y es lo que hacemos cada domingo en nuestra parroquia.

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra intercede ante el Pastor Divino para que a ejemplo tuyo podamos vivir desde la Palabra que se hizo carne en ti; desde la Eucaristía compartida, de la que tú eres sagrario de Dios por llevarlo a Él en tu seno y desde la comunidad, como en Pentecostés, a la espera de recibir el Espíritu Santo que nos lo enseñará todo.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

La Hermandad Matriz de Almonte anuncia un Rocío de Luz

Pese a la prolongación de Estado de Alarma y al confinamiento que estamos viviendo, la Hermandad Matriz de Almonte ha presentado hoy el que será el cartel anunciador de la celebración litúrgica de Pentecostés de este año, en el que la luz; esa que buscamos al final de esta pandemia, toma un papel primordial, en una composición creada en acuarela y acrílico, obra del joven artista pacense José Tomás Pérez Indiano.

Dadas las circunstancias y con la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Almonte cerrada, el cartel se ha hecho público a través de sus redes sociales esta mañana. Pérez Indiano, ha mostrado su agradecimiento por este encargo y el “honor” que ha supuesto realizar este cartel en un año que no habrá Romería, pero sí Rocío, “siempre con la Virgen y con la fe en Ella”, y cuyo trabajo ha donado a la Hermandad Matriz para que pueda engrosar la Bolsa de Caridad en estos momentos tan complicados para muchas familias.

En la obra emerge el rostro de la Santísima Virgen del Rocío y de su Bendito Hijo en un aurea de tonalidades blancas y azules y coronada por la llama de pentecostés. Llamas que brotan del Espíritu Santo y que posa sus Divinos Dones en la Santísima Virgen. La que prevalece sobre el dolor y que lo inunda todo de Esperanza. En una alegoría al triunfo de María, Virgen y Madre del Rocío.

Vemos a la izquierda como un ángel que porta el simpecado de la Hermandad Matriz, representa el triunfo del bien sobre el mal, símbolo de Esperanza, emergiendo de la Luz y sobre las tinieblas, hiriendo con lanza divina al mal, simbolizado en un dragón que muerde el símbolo del Covid-19, que significa el triunfo de la Vida.

Y a la derecha, Dios por encima de todo lo creado. Una imagen ya histórica la que se produjo hace escasos días, cuando el párroco de Almonte expuso al Santísimo Sacramento a las puertas de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, para bendecir a todo el orbe rociero, expresado en una vaporosidad que centra la imagen en el Santísimo Sacramento y en la Virgen del Rocío.

Por último y en el centro, abajo, un haz de luz que emerge del camino a Dios Verdadero. Una alegoría del Camino del Rocío que tiene como meta a Dios mediante su Bendita Madre del Rocío. Es aquí donde el Divino Pastorcito emerge de la luz y la concentra en él, haciendo que todo emane y parta de su divinidad. Y un poco más abajo siluetas de peregrinos a pie y a caballo y la figura de un tamborilero que, sin definición, indican la historia y la llama viva de todos los romeros, peregrinos y del orbe rociero en su único camino verdadero hacia la Luz.

En la rotulación del cartel se han elegido tres colores: el negro, en señal de duelo por los fallecidos por esta pandemia, muchos, rocieros de diversas hermandades; el verde que es el color de la esperanza y el rojo eucarístico. Y se ha prescindido de la palabra Romería, porque es lo que se suspende, destacando la fiesta litúrgica que, en honor de la Santísima Virgen del Rocío, celebramos.

 

 

Sobre el autor

José Tomás Pérez Indiano es Académico de Mérito de la Academia Bonifaciana del Vaticano. Su afición a la pintura y al dibujo comienza desde temprana edad, interesado como estaba en la pintura clásica, taurina y religiosa principalmente.

Sus pinturas han ilustrado carteles y portadas de revistas patronales y de romerías. Sus obras pueden encontrarse en gran parte de la geografía española, especialmente en colecciones particulares de toda la geografía nacional, México y EE.UU., entre otras.

La obra de este joven artista de Valencia del Ventoso se resume en un estilo muy personal, innovando con nuevas técnicas y haciendo de su obra una composición valiente y arriesgada. Valiente y atrevido en sus creaciones Taurinas y con una carga muy fuerte en simbolismo en sus creaciones sacras. Así es el denominado pintor de la Frescura y la Luz.

Evangelio y Reflexión del II Domingo de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

—«Paz a vosotros».

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

—«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

—«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

—«Hemos visto al Señor».

Pero él les contesto:

—«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

—«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

—«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

—«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

—«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Reflexión

“Para que creyendo, tengáis vida en vosotros”

El segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia, que Juan Pablo II instauró en el comienzo del milenio (Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000). S.  Juan Pablo II, en la canonización de Santa Faustina Kowalska anunció: que este segundo domingo de pascua seria: “una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros” (Dives in misericordia). Palabras proféticas de S. Juan Pablo II vaticinando lo que quizás hoy estemos padeciendo. Lo mas importante es, que no sólo profetiza, sino que nos da la solución para afrontar con paz y fortaleza la adversidad: confianza en la benevolencia divina.

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario de Santa Faustina, 723) En este mensaje, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Jesús, después de la Resurrección, estuvo presentándose a los suyos en diversas ocasiones. Estas apariciones tienen como objetivo aumentar la fe en Él de sus discípulos. Pues ellos van a ser sus primeros testigos. Una fe tan necesitada en los tiempos que vivimos, donde el ser humano ha construido su existencia al margen de Dios; donde el “tener” se ha convertido en el nuevo “dios” de la sociedad moderna; donde el relativismo ha desplazado a la verdad y la “moral de situación” se ha impuesto en gran parte de nuestra vida. No nos estará recordando Jesús que nuestra fe se ha debilitado o desaparecido como le ocurrió a Tomás: “si no veo y toco, no creo”.

Hoy por desgracia, hay en el mundo muchos “Tomas”, quienes no se conforman con creer sin ver, sino que exigen una prueba tangible, irrefutable o evidente para creer. Sin embargo, Jesús sigue alabando la actitud de los demás discípulos: “dichosos los que crean sin haber visto”.

El libro del Génesis nos recordaba en la Vigilia Pascual que en el principio reinaba silencio, caos y tinieblas. Y “un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. La Pascua es una nueva creación. También el aliento del resucitado puso orden en aquel caos y todos recibieron la fuerza y la alegría del Espíritu de Jesús. Pues Él transmite su vida de resucitado a todos los que esperan y creen en Él. Es decir, a todos sus amigos. Y la mayor prueba de esto es el regalo de su Paz, tres veces repetida en el Evangelio de hoy: “Paz a vosotros”. Este es el saludo del resucitado. Para que su presencia no provoque caos o miedo. Ahora bien, la paz no siempre es silencio y quietud. Esa es la paz de los cementerios. La paz de querer hacer las cosas bien, de comprender a todos sin querer imponernos, la paz de emplear la sonrisa como única arma arrojadiza. La paz es fe, saber que “sólo Dios basta” (Sta. Teresa de Jesús), una fe que Dios nos ofrece y nosotros aceptamos y construimos.

Esa es la fe de María, la madre del Señor. Pues, ¿dónde estaba Ella en estos momentos de las apariciones? Es difícil aceptar que la mujer que permaneció a los pies de la cruz no estuviera presente en estos momentos. Sería mejor pensar que la Virgen intuía o mas bien, tenía la certeza de la resurrección de su Hijo y su corazón inmaculado estaba lleno de paz, como fruto del Jesús glorioso esperando el momento de encontrarse con Él. Esta es la paciencia inquebrantable que da la fe de los que esperan en Él.

Pidamos todos este Segundo Domingo de Pascua que permanezcamos en la fe como María y la paz que inundó su corazón colme también el nuestro con el “rocío” del Espíritu del resucitado. Santa maría del Rocío, ruega por nosotros.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del Domingo de Resurrección

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

“NO BUSQUÉIS ENTRE LOS MUEROS AL QUE VIVE” ¡HA RESUCITADO!

Atrás va quedando ya la traición de Judas, preocupado mas por un puñado de monedas de plata que por lo vivido con Jesús: tres años de amistad y esperanzas compartidas. También va desapareciendo, como en un sueño, la ambigüedad que embargaba a Pedro: Hoy doy mi vida por ti y mañana te niego. Dos actitudes que no sólo pertenecen al pasado, sino que se repiten de nuevo en cada instante, momento y tiempo de nuestra existencia. Sólo nos separa de ellas el tiempo y el espacio. Y como no, también como Judas y Pedro, viviremos un arrepentimiento desesperado y otro, inundado de lágrimas. La historia se repite y, a veces, pensamos que no podemos hacer nada para cambiarla. ¡No acabamos de aprender! No es la historia la que tiene que cambiar, sino nosotros que somos los verdaderos protagonistas la historia.

Son ya muchos días de confinamiento e incertidumbre. Me parece que no es aventurado decir que se está gestando algo nuevo, que estamos asistiendo al comienzo de una nueva era en la historia del mundo. Como germinó también en los discípulos de Jesús. En ellos, hubo “un antes y un después” de la pasión y muerte del Maestro. El caso es, que el mundo está sufriendo un cambio. Está renaciendo, aún dentro de la reclusión, una nueva primavera llena de vitalidad que nos impulsará a ver a los demás como parte de un todo, del cual todos somos corresponsables.

Aunque estemos saturados de información y proliferen tantas noticias “falsas y verdaderas” a nuestro alrededor, elementos que son objeto de manipulación interesada, casi siempre, no podemos olvidar que nosotros tenemos la “Gran Noticia”, “La Buena Nueva” y que la celebramos todos los días, pero de modo especial esta Semana Santa. Esa es nuestra nueva era, época o edad. La Edad de la Redención. La que ha venido a establecer Nuestro Señor con su entrega por nosotros. Es la Edad de los hijos de Dios.

Hoy vamos a acompañar a María Magdalena al sepulcro, lugar de la muerte y del silencio y comprobaremos que no puede estar allí el que ha entregado su vida para siempre. Él se había presentado como la resurrección y la vida (Jn 11,25). Atrás queda todo lo acontecido como preludio de un tiempo nuevo, de una vida distinta irradiada por la resurrección de Jesús, de un cambio de perspectiva en la forma de concebir al mundo y a los demás. En definitiva, de hacer realidad el proyecto de Dios en nuestra vida: humanizar la existencia. Es decir, implantar su Reino.

Él nos habla de la realidad más profunda del ser humano, nos dice lo que somos, lo importantes que somos para Dios, “quien ni a su hijo perdonó”, dice San Pablo, para salvarnos. Vamos a procurar seguirle de cerca, confiarle nuestra vida, buscar en Él el Norte, el sentido verdadero de las cosas.

A veces, la situación del mundo produce un cierto hastío y rechazo. Pero tenemos que vivir en él, tenemos que amarlo con sus deficiencias. Mirando a Jesús encontramos el sentido a nuestra vida, a nuestro mundo. Mirarle, es buscar entenderle.

Con su Pasión, Muerte y Resurrección nos muestra dónde está Dios, cómo es Dios y cómo actúa Dios. Dios es Amor. Dios no sabe hacer otra cosa que amar, entregándose hasta extremos inimaginables para la mente humana. Consecuencia de su amor es crearnos libres, capaces de hacer atrocidades, de volvernos contra Él y tratarle con indiferencia o también capaces de amarle y amar al prójimo como nos enseñó con su vida.

Estos días son una ocasión sin igual para para entender algo más lo que es amar de verdad, ser misericordioso, ayudar al prójimo, perdonar las ofensas (reales o no), dejar de lado resentimientos y abrir el corazón a su mirada. Cuanto más tardemos en hacer esa conversión, más tardaremos en entender nuestra propia vida y el mundo en que vivimos.

Que Nuestra Madre y Patrona, la Virgen del Rocío, nos tome de la mano para salir de la oscuridad de la muerte y llevarnos a la luz de la resurrección.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECIÓN!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del Domingo de Ramos

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

-«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».

Él contestó:

+ «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».

Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro

«¿Soy yo acaso, Señor?».

Él respondió:

+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

«¿Soy yo acaso, Maestro?».

Él respondió:

+ «Tú lo has dicho».

Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:

+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:

+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».

Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».

Pedro replicó:

– «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».

Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».

Pedro le replicó:

-«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».

Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:

+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:

+«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».

Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+«¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:

+«Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

-«Al que yo bese, ese es: prendedlo».

Después se acercó a Jesús y le dijo:

-«¡Salve, Maestro!».

Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+«Amigo, ¿a qué vienes?».

Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

+«Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».

Entonces dijo Jesús a la gente:

+«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».

En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

«Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».

El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».

Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

«Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».

Jesús le respondió:

+«Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?».

Y ellos contestaron:

«Es reo de muerte».

Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:

«Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».

Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

«También tú estabas con Jesús el Galileo».

Él lo negó delante de todos diciendo:

«No sé qué quieres decir».

Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

«Este estaba con Jesús el Nazareno».

Otra vez negó él con juramento:

«No conozco a ese hombre».

Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:

«Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».

Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

«No conozco a ese hombre».

Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:

«He pecado entregando sangre inocente».

Pero ellos dijeron:

«¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».

Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:

«No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».

Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:

«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

«¿Eres tú el rey de los judíos?».

Jesús respondió:

+ «Tú lo dices».

Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».

Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:

«¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».

Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

«No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».

Ellos dijeron:

«A Barrabás».

Pilato les preguntó:

¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».

Contestaron todos:

«Sea crucificado».

Pilato insistió:

«Pues, ¿qué mal ha hecho?».

Pero ellos gritaban más fuerte:

«¡Sea crucificado!».

Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:

«¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».

Todo el pueblo contestó:

«¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».

Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:

«¡Salve, rey de los judíos!».

Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».

Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:

«Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:

«A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».

De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:

+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?». (Es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:

«Está llamando a Elías».

Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.

Los demás decían:

«Dejadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».

Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

«Verdaderamente este era Hijo de Dios».

Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

«Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:

“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».

Pilato contestó:

«Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».

Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Palabra del Señor

 

Reflexión

Atrás dejamos esta semana de pasión (mejor sería decir este tiempo de pasión que estamos viviendo…) para entrar en los días en que actualizamos los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si, el Domingo de Ramos es el pórtico de entada a la Semana Santa. Una más, pero distinta. Este año no tenemos procesiones que, de forma plástica, nos hagan contemplar lo que Jesús vivió, y también, cómo y porqué murió. Tampoco contamos con nazarenos que realicen la estación de penitencia, con sus hábitos y capirotes propios de cada hermandad; ni con incienso que perfume nuestras calles y vaya mitigando el olor a cera quemada y así, dejar que la flor de azahar, derrame de nuevo su perfume en una primavera silenciosa y recluida…

Jesús, fiel a su misión y en obediencia al Padre hasta el extremo, camina hacia Jerusalén, ciudad que asesina a los profetas. Él entra como Cristo Rey, triunfante, pero pobre, humilde, con cabalgadura prestada: ni mulas, ni tronos, ni unciones…, sólo un pollino, ramos de olivo, cantos del gentío, los pescadores de Galilea y como soldados, los niños. Hoy también, de forma análoga, hay gente viviendo en la frontera del contagio que día a día entra en su “Jerusalén del trabajo” siendo fieles a su vocación y misión. Algunos de ellos han contraído la enfermedad, otros se encuentran en la UCI, bastantes se han recuperado, muchos han fallecido y han recibido sepultura en la más radical y estricta soledad. Todos sabemos bien a quien nos estamos refiriendo. No quiero mencionar a ninguno, porque así nadie se queda en el tintero, sin dar lugar a olvidos que exijan reconocimiento.

No quiero pasar por alto la cantidad de fallecidos, tengan el virus o no, que, siguiendo las normas de las autoridades, han sido privados de la despedida de los suyos, sin una pequeña oración, sin una palabra de ánimo, o de consuelo, sin caricias o abrazos para los “tres familiares” que las normas permiten que estén presentes. Por supuesto, manteniendo las distancias establecidas, o lo que todos hemos aprendido a llamar: “aislamiento social”. Ellos son los nuevos crucificados de la tierra que procesionaran desde el hospital, sin pasar por “carrera oficial”, hasta el crematorio del tanatorio pertinente. Sus familias se convertirán en los nuevos “palios” del dolor que nos recuerden que sus difuntos no son anónimos, y el único aroma que quedará en nuestras ciudades o pueblos, no será el incienso sino el perfume amargo de tantas ausencias. Hoy para todos ellos, mi más sincero homenaje y mi humilde oración; pues siempre, después de la tormenta, viene la calma, o mejor aún, después del Domingo de Ramos viene el Domingo de Resurrección. Y eso es así, porque: “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). Y es esa esperanza de resurrección, la que nos da la fuerza para seguir luchando y situarnos de nuevo en la frontera, para hacer del mundo un lugar común del que todos somos responsables, viviendo como auténticos hijos de Dios.

Esta será nuestra Semana Santa. Distinta, vuelvo a repetir, pero Semana Santa. Pues nos impulsará a ver la realidad de forma diferente, a cambiar el sistema de relaciones sociales, a buscar lo esencial y desechar lo superfluo. En definitiva, a vivir como hombres nuevos iluminados por la fuerza y luz de la resurrección.

Que Nuestra Madre y Señora de Almonte, la Virgen del Rocío, nos ayude en la situación actual y nos proteja bajo su manto.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del V Domingo de Cuaresma

Nuestro Dios es el Dios de la vida

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45)

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.

Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron: «Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús: «Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra de Dios.

 

Reflexión

Resulta muy duro, en estos tiempos de pandemia, experimentar el silencio de Dios. ¡Cuántas veces lo invocamos y se calla! Oramos, pedimos, clamamos y sentimos que Dios no escucha, que se toma “dos días” para aparecer, ya cuando la desgracia o algo malo ha hecho de las suyas con nosotros. Son los caminos de Dios. En vez de buscar su voluntad, solemos responder con la decepción y el reproche, como Marta: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano…”

Nos pasaba lo mismo el domingo pasado con la curación del ciego de nacimiento. Antes de ver la desgracia del ciego y ayudarle en todo lo que le hiciera falta, nos preocupamos más por el origen de su ceguera, como los fariseos, “quién peco este o sus padres…” Y Jesús, vuelve a poner de manifiesto que sus caminos no son nuestros caminos, que su mirada sobre la realidad tampoco es la nuestra. Lo mismo ocurre en la actualidad. ¿Qué hemos hecho Señor para merecer esto? ¿Por qué ha tenido que contagiarse alguien de mi familia? ¿Dónde está Dios en este momento? Quizás, Dios esté donde nosotros lo hemos puesto, fuera de nosotros.

También la Virgen pasó por diversas situaciones de dificultad y dolor, especialmente acompañando a su Hijo cargando con la cruz camino del calvario y, sobre todo, en el mismo calvario donde Jesús encontró la muerte. Como tantos hermanos nuestros que han fallecido por contraer el COVID-19 en su más radical soledad familiar y solo acompañado, gracias a Dios, por el personal sanitario mientras duro la enfermedad. Pero la Virgen no dudo, no se revelo contra Dios (aunque es humano revelarse) y experimentó el mismo silencio de Dios que Jesús en la cruz. Pues no podemos olvidar que después la tempestad llega la calma.

Y es en estos momentos difíciles donde debemos manifestar nuestra fe en Él como también lo hizo Marta: “pero aún ahora sé que lo que pidas a Dios, te lo concederá…” Porque Jesús no es un Dios de muertos, sino de vivos. Él es la resurrección y la vida, el único que puede fortalecernos en momentos de debilidad, sufrimiento y angustia. Por ello, calmó la sed de la samaritana, se hizo luz para el ciego de nacimiento y resucito a su amigo Lázaro, no sin dolor y lágrimas. Su vida fue la de pasar por uno de tantos, a pesar de ser Dios, siempre para dar vida. Ahora bien, todo ello no nos exime del sufrimiento y de la realidad que nos ha tocado vivir. Pero estoy seguro que en esta realidad Él está dándonos fuerza para sacar lo mejor de nosotros y ponerlo al servicio de los demás.

Señor Jesús, te pedimos por intercesión de tu madre, Ntra. Sra. del Rocío, en estos difíciles momentos de sufrimiento que nos ayude a no perder la paz, a encontrar la fortaleza en Ti y a dejarnos llevar por el Espíritu Santo como tu Madre lo hizo en las diversas ocasiones de dolor que a Ella también le toco vivir.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión del IV Domingo de Cuaresma

Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: (Fue, se lavó y volvió con vista.)

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
El respondía:
-«Soy yo.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó: «Que es un profeta.»

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.»
Y se postró ante él.

 

Reflexión

Hoy, como tantas veces en estos días de confinamiento, he recibido multitud de WhatsApp referentes a la situación que estamos viviendo. Unos; con bromas para reír un rato, otros; con información sobre de los estragos que está produciendo el “coronavirus”, su evolución en la propagación o contagio vertiginoso y, también, las recomendaciones para prevenir el contagio y no contagiar. La mejor de todas: “quédate en casa” como la clave de prevenir y de no contagiar. Pero… ¿cuánto cuesta obedecer?

Pues bien, de todos los WhatsApp recibidos, mi hermana me ha enviado uno de un profesor de los Maristas de Huelva que me ha llamado poderosamente la atención por su belleza, profundidad, y verdad en el contenido. Ahora lo reproduzco para que también vosotros reflexionéis con estas palabras tan acertadas:

Tuvo que llegar la Cuarentena para entender, por fin, la Cuaresma.

Exilio interior, desierto en tu propio oasis, ayuno de codicia, caridad vecinal. Limosna de llamadas olvidadas, modelos humildes, desnuda conciencia de finitud. Deseos ilimitados de vernos, tocarnos, hermanarnos, salir de nosotros mismos.

¿Quién nos creíamos que éramos?” (Miguel Fuentes Arias)

La tentación mayor del ser humano de hoy, es querer ser Dios. Y esto, se manifiesta de diferentes formas: jugando a ser Dios…; anulando a Dios de su realidad y convirtiéndose él en el dios de su propia existencia; buscando otro “dioses efímeros” que nos colmen de plenitud y doten de sentido nuestra vida, …. En fin, que decir más.

Por desgracia, tiene que ocurrir situaciones como las actuales para llevarnos a poner de nuevo los pies en el suelo, para frenar el ritmo vertiginoso en el que vivimos y, sobre todo, a plantearnos seriamente qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida. Y es, que esta situación nos hace tomar conciencia de que no somos “nada”, de nuestra “ceguera”, de nuestra finitud…

El evangelio de este domingo IV de cuaresma nos invita, como al ciego de nacimiento, a salir de nuestra ceguera, a abrir los ojos a lo importante, a dejar que Cristo ilumine tu vida para que con su luz colaboremos unidos en la gran obra de humanizar la sociedad. A valorar lo que somos y tenemos, los pequeños detalles que, a veces, pasan desapercibidos, a buscar lo que nos une o suma más que lo que separa… En definitiva, a tomar conciencia de que no estamos solos, sino que Jesús está siendo luz en esta incertidumbre y oscuridad que vivimos, está otorgándonos una nueva oportunidad de dejarnos guiar por Él.

Jesús, a través de María Santísima, se hizo carne y habitó entre nosotros. Así, por medio de su condición humana nos dio a conocer su condición divina. Es decir, en la humanidad de Jesús hemos conocido y hemos encontrado la divinidad, o sea, a Dios mismo. Por ello, cada vez que las personas se unen en un acto de solidaridad por contribuir al bien de todos hacemos posible la vida de Dios en nosotros y colaboramos con Él en el proyecto de hacer realidad un mundo mejor y más habitable.

Que nuestra Madre, Santa María del Rocío, que nos dio a conocer a su hijo Jesús, Pastor Divino, interceda por todos nosotros ante su Hijo para frenar esta pandemia que nos acecha y nos ayude a discernir la voluntad de Dios sobre nosotros.

 

Francisco J. Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Seis conciertos de marchas ante la Virgen del Rocío en la Cuaresma almonteña

Como viene siendo habitual en la Cuaresma se ha programado un ciclo de conciertos de marchas procesionales, organizados desde la Delegación de Formación de la Hermandad Matriz. Los iniciamos algo antes de comenzar este tiempo, el sábado, 22 de febrero a las 19 horas con la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús de la Humildad, de Huelva.

El viernes 28, a las 18 horas, nos acompañará la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Huelva. Ya en el mes de marzo, el domingo 8, a las 18 horas participarán por primera vez en este ciclo la Agrupación Musical Columna y Lágrimas que están celebrando su 40 aniversario y vienen desde Baeza.

El domingo 15 de marzo, a las 18 horas, tendrá lugar el concierto de marchas de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, de Coria del Río. También hemos incorporado a este ciclo de conciertos el que organiza la Hermandad Sacramental de Almonte, el viernes 27 de marzo, a las 18 horas, a cargo de la Agrupación Musical Muchachos de Consolación de Utrera, que celebran este año su 60 aniversario.

Cerramos este ciclo, el domingo 29 de marzo, a las 18 horas, con un concierto muy especial de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes, de Sevilla, que cumplen 40 años. En este concierto contarán con la colaboración especial del Coro de la Hermandad Matriz, Joana Jiménez y Manuel Cuevas.

Todos los conciertos se llevarán a cabo ante la Virgen del Rocío, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en Almonte.

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