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Evangelio y Reflexión. Domingo XXV del tiempo ordinario

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido». Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña».

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos amigos.

Aquí de nuevo, en nuestra cita dominical, sin olvidar el paisaje político, social y económico que los medios de comunicación nos revelan, como: la apertura del nuevo curso escolar y, a la vez, el cierre de algunos centros por contagio del covid-19; las “cortinas de humo” de los políticos, tirándose la pelota unos a otros, y el consiguiente olvido de la búsqueda común de soluciones; la uniformidad de los lenguajes usados en los noticiarios para hablar de la pandemia, que parece orquestado de antemano, revelan la dirección política a la que nos encaminamos obviando la democracia, rebajando los derechos de los trabajadores, anunciando subidas de impuestos y, como paradoja, animándonos a reactivar la economía con el gasto público, cuando el sueldo medio de una familia  no llega ni para pagar los bienes necesarios (luz, agua, residuos sólidos, contribuciones, alquileres, seguros,…) en fin…, menos mal que Dios actúa de otra forma.

Los últimos domingos hemos oído la enseñanza de Jesús sobre la corrección fraterna, el amor y el perdón como fundamento del Reino de Dios. Hoy la Palabra pone ante nuestros ojos un rostro de Dios que nos desconcierta en su actuar, fruto de la presencia del Reino en nuestra vida. Lo hemos dicho muchas veces: “los planes de Dios no son nuestros planes” o, con otras palabras: “Dios escribe derecho en renglones torcidos”.

Basta leer detenidamente la parábola para saber que Jesús nos invita a replantearnos nuestra relación con Él, a poner en práctica los valores del Reino. Pues dependiendo de cómo sea esa relación, así será nuestra conducta para con nuestros hermanos. Ahora bien, ¿queremos encontrarnos verdaderamente con Dios?, ¿estamos dispuestos a asumir sus planes y hacerlo realidad?

La parábola en su resolución final, y en algunos aspectos, nos recuerda otro relato narrado en Lucas: “El hijo pródigo”. La actuación del Padre (Dios) con el hijo y la del patrón (Dios) con los obreros de la viña revelan que sus acciones no son las nuestras (lo vemos en la forma del pago a los obreros), que hay otra forma de vivir, otros valores por los que trabajar, una nueva forma de ser ante Dios y ante los demás. La idea de fondo es dejar claro que los últimos serán los primeros y el fundamento del relato manifestar que la bondad de Dios va más allá de la mera justicia y lógica humana.

Lo grave del asunto es que, observando la realidad, parece que la sociedad ha perdido el interés de buscar a Dios. Éste no es algo deseable en la cultura del confort. Y parece que muchos cristianos, incluso pastores, se han apuntado a esa nueva forma de vivir, si a eso se le puede llamar vida.

Tenemos que vivir el aquí y ahora humano como tiempo y espacio de Dios. El que ha entrado verdaderamente en relación con Jesús sabe que la fe no es una ideología más, sino un estilo de vida configurado a imagen de Jesucristo. Entonces el aquí y ahora se convierten en el terreno abonado para trabajar en favor del Reino. De ahí, que debamos trabajar de sol a sol, como en la parábola, para que todos puedan vivir y disfrutar del Reino. Dejarlo para después o mañana quizás sea demasiado tarde.

Te rogamos y suplicamos, Virgen del Rocío, Madre del buen consejo que nos ayudes a encontrarnos con tu Hijo, el Divino Pastor para vivir el Reino anunciado y revelado con sus palabras, obras y presencia.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XXIV del tiempo ordinario

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor.

Reflexión

Estimados hermanos y amigos todos.

Hemos entrado en el mes de septiembre preocupados por la vuelta al trabajo, el desarrollo del curso escolar, el aumento de los rebrotes de covid-19, la “fiebre del Nilo”, la situación de carestía económica que se avecina a muchos, la falta de soluciones políticas unitarias que fomenten el bien común por encima de los intereses partidistas… En definitiva, un sin fin de “puertas abiertas” que nos sumergen en un mar de dudas, bloquean nuestro quehacer cotidiano e impiden que vivamos con tranquilidad.

Todo lo narrado es importante. Pero no podemos olvidar otras realidades que también son significativas y pueden ayudarnos a encontrar la paz ante tanto desconcierto. El Evangelio de este domingo nos va ayudar en esa tarea.

Seguimos dentro del discurso eclesiástico o comunitario que comenzamos el domingo pasado. En el cual, Mateo nos decía que, la base de la construcción de la comunidad es el amor y la herramienta fundamental la corrección fraterna. Hoy nos desvela un elemento más de esa obra: el pilar de esa construcción no puede ser otro que el perdón. Nadie es perfecto en la comunidad. Mil veces, sin desearlo, hacemos el mal y ofendemos al hermano.

¡Cuánto nos cuesta perdonar! No es fácil, no. Tampoco es fácil amar, pero nos hace feliz. Jesús tuvo claro desde el principio el tema del perdón y nos dejó esa petición en la oración del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los pue nos ofenden”. La primera parte está basada en la segunda. Es decir, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, perdónanos Tú a nosotros. También Pablo exhortaba a los cristianos al perdón mutuo, siendo Cristo la clave de este perdón: “como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3,13). ¡Ojalá fuera esto así! De ahí, que rezar el Padre nuestro se convierta en una osadía o atrevimiento: “fieles a la… nos atrevemos a decir”.

Tanto el amor cristiano como el perdón tienen un alcance universal. Por ello, la expresión cumbre del amor es el perdón a los enemigos (aquellos que no se lo merecen) hasta llegar a amarlos. El perdón, al igual que el amor, no tiene límites. Lo que tiene precio es limitado. El perdón y el amor son gratuitos. De esta forma, se comprende que Jesús diga que hay que perdonar no sólo siete, sino setenta vences siete. Actuando así tomaremos conciencia de que los primeros beneficiarios del perdón somos nosotros.

Te suplicamos a Ti, Reina del perdón, Madre de Dios y Rocío de nuestros corazones, que nos ayude a perdonar sin límites como lo hizo tu Hijo Jesucristo, Pastor Divino, que en nuestro peregrinar guía nuestros pasos hacia el Padre.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XXIII del tiempo ordinario

Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos todos,

Como podéis comprobar aquí estoy con vosotros una vez mas, a pesar de la realidad que estamos viviendo. ¡Quién nos lo iba a decir! El día que podamos contarlo a las generaciones venideras no se lo creerán. Nos dirán: ¿cómo es posible que con tantos avances científico-técnicos un “insignificante virus” haya provocado este desastre? Pues así es. Pero nosotros debemos estar tranquilos, pues sabemos de “Quién nos hemos fiado”.

Para comprender mejor el evangelio de Mateo hay que tener en cuenta algunas claves: en primer lugar, el evangelista construye su obra en torno a unos grandes discursos en los que se recogen las enseñanzas de Jesús. Hoy nos encontramos ante el discurso eclesiológico o comunitario, es decir, dirigido a la Iglesia o comunidad de fieles. En segundo lugar, para Mateo, Cristo está siempre presente en el centro de la Iglesia o comunidad. Por consiguiente, todo es realizado desde la autoridad de Cristo, a través de los suyos y corroborado por el Padre del cielo.

De todas formas, y para ayudaros más en la reflexión, haremos otra pequeña división en el evangelio de hoy. Este consta de dos partes bien diferenciadas: la primera nos propone un camino o itinerario para la corrección fraterna, como instrumento para la construcción de la comunidad. Esta comunidad tiene como fundamento el amor entre los hermanos. Se trata de un amor entre iguales, ya que todos somos iguales a los ojos de Dios. Por consiguiente, ante un hermano que se ha separado de la comunidad hay que usar todos los recursos posibles para que vuelva. Así se entiende la corrección fraterna, es decir, como proceso de búsqueda realizado con respeto y amor para ganar siempre a un hermano e insertarlo de nuevo en la comunidad. Para reflexionar: ¿cómo corrijo yo a los demás?, ¿me dejo corregir por mis hermanos?, ¿se da la corrección fraterna en mi grupo, hermandad o comunidad?

La segunda o última parte, recoge tres sentencias de Jesús. La última de ellas dice: «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Esta ilumina las otras dos y juntas fundamentan la corrección fraterna. ¿Soy consciente de la presencia de Jesús cuando nos reunimos en su nombre?, ¿hacemos todo desde y para Jesús?

Ahora comprenderemos que todo sea realizado desde la autoridad de Cristo por medio de los suyos y ratificado por el Padre que está en el cielo, como decíamos más arriba. Pues si los discípulos actuaran por su cuenta no estaría en sus manos el atar o desatar y su oración sería estéril. Es más, antes que anunciar a Cristo se anunciarían a ellos mismos como tantas veces ocurre en la actualidad.

Querida Madre y Señora, Rocío de nuestros corazones, ayúdanos con tu gracia a acoger la corrección fraterna de los demás con humildad y danos la templanza para corregir con amor y respeto a los hermanos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XXII del tiempo ordinario

Si alguno quiere venir en pos de mí que se niegue a sí mismo.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Palabra del Señor.

Reflexión

Estimados amigos y hermanos todos.

Las noches agosteñas, que nos refrescan con su presencia, van pregonando desde su balcón que ya se acerca septiembre. Mes en el que generalmente sería la vuelta a la normalidad después de unas vacaciones bien merecidas, por supuesto, para aquellos que hayan podido disfrutarlas. Pero lo cierto es que no podemos hablar de normalidad debido a los nuevos rebrotes del covid-19, a la fiebre del Nilo, y a un sin fin de cosas que aún quedan por planificar y gestionar. O que, planificadas ya, todas están en el aire. ¡Qué le vamos a hacer! Tenemos que ir acostumbrándonos a una nueva forma de vivir.

Seguimos moviéndonos en el tiempo ordinario. Tiempo en el que se nos plantean temas sobre la vida cristiana fáciles de comprender, pero difíciles de vivir. Hoy toca el tema de la cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». Esta pequeña frase supone un catecismo completo para el discípulo.

El evangelio de este domingo podríamos dividirlo en tres partes para ayudarnos a comprenderlo mejor. Una primera parte, dirigida a Pedro por su reacción ante el anuncio mesiánico de Jesús sobre lo que le iba a ocurrir. Si anteriormente, después de la confesión de fe, Jesús le decía que él iba a ser la piedra sobre la cual edificaría su Iglesia, ahora lo califica de Satanás porque quiere interponerse entre el Plan que Dios tiene para Jesús y sus sentimientos de amistad. Cosa que intentaríamos cualquiera, si nos pusiéramos en su lugar, al tratarse de un amigo. Quizás podríamos preguntarnos ¿cuántas veces me he rebelado sobre lo que Dios quiere para mí?

En la segunda parte, Jesús manifiesta las condiciones que deben tener los que quieren seguirlo: Libertad, como punto de partida ante lo que se le va a exigir. Negarse a sí mismo, es decir, dejar de lado el propio proyecto personal para vivir el proyecto de Dios. Esto supone cuestionarse sobre si cumplo la voluntad de Dios en mi vida. Cargar con su cruz, que expresa no sólo el sufrir por Jesús, sino también, aceptar mi finitud y obedecer la voluntad del Padre. En definitiva, de una vida que tiene como centro la entrega total. ¿Estoy dispuesto a dar ese paso?

Para finalizar, una conclusión que corrobora esta visión del seguimiento de Jesús: Todo esto, ¿a cambio de qué? A cambio del ciento por uno y después la vida eterna. “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará”. “Porque el Hijo del hombre vendrá, …y entonces pagará a cada uno según su conducta”.

Santa María del Rocío, Tú que aceptaste el plan de Dios sin condiciones, te pedimos que intercedas ante el Espíritu Santo para que nos ayudes a seguir a tu Hijo, el Pastorcito Divino, en nuestra realidad cotidiana.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XXI del tiempo ordinario

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, ¡Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor.

Reflexión

 Estimados amigos y hermanos en Cristo. Rocieros todos.

Ya se acerca septiembre y quedan muchas cosas por planificar y gestionar (toda la vuelta a los estudios, desde el colegio hasta la universidad, el retorno de las vacaciones…). Todas ellas frenadas por esta “cansada y eterna” situación de pandemia que asola al mundo. No podemos caer en la desesperanza ni bajar la guardia. Hay que seguir siendo responsables. ¡Ánimo, nosotros podemos con el virus!

La semana pasada, después del reproche de Jesús a Pedro por su falta de fe, decíamos que Dios escucha a todos sin distinción, y os invitaba a meditar sobre el siguiente interrogante: ¿Cómo es tu fe? Para responder a esta cuestión tienes que saber quién es Jesús para ti.

El Evangelio de hoy nos situa ante una preciosa catequesis de Jesús relacionada con este tema, que puede servirnos de ayuda ante el interrogante, planteado anteriormente, sobre la fe. Para este cometido, y dada su importancia, Jesús se prepara retirándose a un sitio apartado con los suyos, evitando así toda clase de posibles interrupciones por parte de la gente. Él quería estar con los suyos en intimidad y disponer de tiempo necesario para iniciar a sus discípulos en el misterio de su persona. Así, llega a la región de Cesarea de Filipo.

Jesús comienza la catequesis con los suyos plantándoles una pregunta general: ¿quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? o, dicho de otra forma, ¿qué se dice de mí? Al Maestro no le interesa mucho esta cuestión, solo pregunta para situar la catequesis y llegar al interrogante crucial de forma progresiva. A Él, lo que verdaderamente le importa, es saber lo que piensan sus discípulos sobre su persona. Y, así lo hace ver.

Y vosotros ¿Quién decís que soy yo? Pedro toma la palabra y dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” y realiza una magnifica confesión de fe inspirado desde lo Alto. Ahora bien, esta cuestión va dirigida hoy también a nosotros y estoy seguro que el Maestro no quiere una respuesta académica o intelectual, sino una respuesta que brote del corazón, es decir, de la experiencia de su amor para con nosotros. Para responder así, hay que tratar a Jesús y no quedarnos sólo en lo que la gente dice de Él. Con otras palabras, ¿conoces a fulano?: sí, ¿Lo has tratado?: no. Entonces no lo conoces. No olvides, la fe te la dará Dios, el trato con Jesús depende de ti.

Querida Madre del Rocío, Reina y Señora, danos tu gracia para acercarnos al fruto de tu vientre, Pastor divino de nuestras almas y poder conocerlo en profundidad desde la intimidad.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XX del tiempo ordinario

Mujer, qué grande es tu fe

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».

Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor.

Reflexión

 

Queridos amigos, un domingo más con vosotros.

Por desgracia, los acontecimientos desde la semana pasada hasta este domingo no son demasiado halagüeños. La situación se agrava con el incremento de nuevos brotes de pandemia y la multiplicación por día de nuevos casos de contagio. A esto, hay que sumarle la visita del “mosquito del Nilo”. ¡Lo que nos faltaba!. Esta situación debe suponer para nosotros una llamada o toque de atención, respecto a la responsabilidad personal y comunitaria para cumplir con los protocolos y normas exigidas por la autoridad competente. Es la única forma que tenemos de frenar el avance del covid-19 y no volver a fases ya superadas, o, lo que es peor, al confinamiento.

Ahora bien, esta realidad no nos debe llevar a caer en la desesperanza o temor, pues todos sabemos que el miedo paraliza. Y, todo miedo, es contrario a la fe que vivimos: “se de quién me he fiado”. Fe, por otra parte, necesaria para recobrar la esperanza en la salvación que nos ha ofrecido nuestro Padre por medio de Jesucristo. De esa salvación, trata toda la Palabra de Dios de este domingo. Así es. El tema de este domingo es un canto de esperanza que debe disipar toda clase de temor y duda en nuestro corazón. Se trata pues, de la universalidad de la salvación. Para acceder a ella, Mateo sólo pone una condición: la fe.

Me he encontrado en la vida con gente que me han comunicado que sienten envidia de los que tenemos fe. Es normal, pues para los creyentes, la fe supone un pilar fuerte donde apoyar la existencia y, a la vez, una forma de contemplar la realidad cotidiana distinta, que nos lleva a situarnos en el mundo con una presencia concreta y determinada. Esto no quiere decir que la fe sea un privilegio de unos pocos. ¡No señor, no! La fe es para todos, sólo hay que buscarla. ¿Cómo? poniéndose en camino, como hizo Abrahán y tantos hermanos que nos han precedido en este peregrinar.

La fe entra por los oídos al escuchar la Palabra de Dios y la predicación. Esta fe, crece con la ayuda de la gracia que nos confiere los sacramentos en la Iglesia y se custodia con la oración personal y comunitaria. La llevamos como un tesoro en vasijas de barro. De ahí, que S. Pablo afirme que la oración será siempre escuchada por Dios independientemente de quién la exprese.

Recordemos que el domingo pasado, Jesús reprochó a Pedro su falta de fe. Hoy, como punto de contraste de esa actitud, se nos presenta la fe valiente y constante de una mujer anónima (cananea, por tanto, pagana) que consigue arrancarle a Jesús una alabanza y el don del pan para los paganos. Como vemos en el evangelio Dios escucha a todos sin distinción. Por eso, te invito a cuestionarte: ¿Cómo es tu fe?

Madre de Dios y del Rocío, te suplicamos que nos ayude a encontrarnos nos tu Hijo, el Pastor Divino, para que nos otorgue el don de la fe, de la perseverancia y amor en la custodia de la misma.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XIX del tiempo ordinario

Mándame ir a ti sobre el agua

Lectura del santo Evangelio según san Mateo14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo: «Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos y estimados hermanos,

De nuevo aquí con vosotros, en este pequeño rincón que hoy te invita a “caminar sobre las aguas”, a apartarte de todo lo mundano para meditar y reflexionar sobre la Palabra de Dios. Con un solo objetivo: alentarte en la esperanza y fortalecer tu fe acercándote cada día más a Jesús. Todo ello, sin olvidar el momento que estamos viviendo, con nuevos rebrotes, cantidad de focos de contagio y el incremento de personas infectadas que nos recuerda que toda esta “película” sobre el covid-19 no ha terminado. Por ello, no debemos bajar la guardia ni olvidar nuestra responsabilidad con los protocolos y medidas exigidas para cada momento. Sólo basta ser responsable para no contagiar y no contagiarte.

Ahora bien, ante esa situación no podemos ceder paso al miedo para que se apodere de nuestra vida. El miedo paraliza, merma nuestra confianza y hace que nos sintamos inseguros. Hoy Jesús nos invita “a caminar sobre las aguas”, es decir, a confiar en Él, aunque estemos ahogados por las dudas y dificultades que toda esta realidad conlleva.

Jesús no nos invita a quedarnos en lo extraordinario de lo sucedido en el lago de Tiberíades (llamado también Mar de Galilea), sino a releer en profundidad el acontecimiento narrado para descubrir qué nos quiere decir. Con otras palabras, Jesús quiere que la duda no corroa nuestro corazón y lo reconozcamos como Señor y Salvador: “Soy yo, no tengáis miedo”. Todo lo demás es secundario, incluso lo de andar sobre las aguas. Pues sólo al reconocerlo se disiparán nuestras dudas, se acrecentará nuestra fe y la confianza nos hará responder al mandato de Jesús: “Ven”. La consecuencia lógica de todo ese proceso de reconocimiento, no puede ser otra que la de ser capaces de realizar nuestra confesión de fe como lo hizo Pedro: “Realmente eres Hijo de Dios”.

Hoy por desgracia, ocurre lo contrario. La gente se para más en lo extraordinario, en lo sobrenatural, en aquello que rompe la normalidad de los acontecimientos y nos deja sorprendidos y anonadados. Acudimos al recurso fácil y directo: al milagro. Cuando no conseguimos lo que queremos decimos que Dios no nos escucha, que no existe o que todo lo que nos han enseñado es mentira. Querido amigo, no debes olvidar que el milagro presupone la fe y, a la vez, tiene la capacidad de despertar la fe. El contenido propio de esta fe no es el hecho extraordinario en sí, sino Dios. Él lo único que quiere es que creamos en el amor que nos tiene y, para ello, buscara infinidad de formas ordinarias o extraordinarias para manifestárnoslo. A nosotros nos toca acoger su amor y reconocerlo como Señor.

Santa María del Rocío, tu que supiste reconocer el amor de Dios hecho Palabra y lo acogiste en tu corazón. Haz que todos nosotros seamos capaces de reconocer a tu Hijo, Pastor Divino de nuestras vidas, en los hechos cotidianos y confesar nuestra fe en Él.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVIII del tiempo ordinario

Comieron todos y se saciaron

Lectura del santo Evangelio según san Mt 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.

Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».

Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».

Les dijo: «Traédmelos».

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados hermanos y amigos,

Atrás dejamos el mes de julio, con sus altas temperaturas, para adentrarnos en agosto. Mes en el que menguarán los días y crecerán las noches. Esperemos que este mes nos regale esas noches de brisa agosteñas a las que estamos acostumbrados y, así, poder disfrutar de una buena charla con amigos o de un buen merecido descanso sin que el calor ofusque nuestros sueños. Atrás queda también el discurso en parábolas sobre el Reino, para dar paso al discurso eclesiástico, como primicia del Reino de Dios.

Toda la Palabra de Dios de este domingo gira en torno al tema de la compasión. “El Señor es compasivo y misericordioso…”. El Dios de Jesús es un Dios apasionado, enamorado de su criatura, bondadoso y misericordioso que se compadece de toda persona, porque la ama profundamente. Es decir, Él padece con los hambrientos, débiles, frágiles, necesitados… en una palabra, con todos los crucificados de la tierra.

El evangelio nos presenta que el Reino ha llegado ya. El milagro de la multiplicación de los panes es una señal de la vida abundante y de plenitud que Jesús ha venido a traer. Él se compadece de todo ese gentío que le escucha atentamente y no tienen ni qué comer ni donde quedarse. Los apóstoles, tomando conciencia de la situación, intentan despedir a la multitud, pero Jesús le lanza un reto: “dadle vosotros de comer”. ¿Cómo? ¿con qué medios y de qué forma? Los apóstoles quedan sorprendidos ante esas palabras de Jesús.

Al final, Jesús termina realizando el milagro, pero con la aportación de uno que dio lo que tenía. Ese reto sigue en pie. Es una petición a toda la Iglesia, a cada cristiano, a tí y a mí. Hoy el evangelio nos pide colaborar compartiendo con los demás lo que tenemos, para que cada día se repita el milagro de la multiplicación. ¿Con quién? Con todos los que tienen “hambre”, que serán muchos, pues a los pobres que ya tenemos hay que sumarles los afectados por las consecuencias económicas producidas por la pandemia. Hoy eres tú, mañana puedo ser yo.

Jesús sólo necesita de nosotros la disponibilidad suficiente para poner en común lo poco o mucho que tenemos. Cuando compartimos lo que tenemos siempre suele sobrar, porque todos tenemos de más, aunque andemos justos, tenemos cubiertas nuestras necesidades. Otros sólo tienen necesidades. De estos son los que se compadece Jesús, como lo hace también de nosotros, pues existen muchos tipos de hambre. Acoge hoy el reto de Jesús: “Dadle vosotros de comer”.

Santa María del Rocío, ayúdanos a combatir los distintos tipos de hambre que asolan la vida de los seres humanos, como Tú lo hiciste en la boda de Caná intercediendo ante tu Hijo. Concédenos la gracia de estar siempre atentos y disponibles a las necesidades de nuestros hermanos para compartir con ellos lo que somos y tenemos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVII del tiempo ordinario

Vende todo lo que tiene y compra el campo

Lectura del santo Evangelio según san Mt 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».

Ellos le responden:

«Sí».

Él les dijo:

«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Un tesoro sin descubrir

Queridos amigos. ¡Qué maravilloso es poder compartir con vosotros la Palabra de Dios! Pues ella es una Palabra viva, tajante y eficaz. Es el gran tesoro y la perla fina que ansía nuestro corazón, la verdad de nuestra existencia, la plenitud que sacia de una vez por todas las carencias y vacíos de nuestro ser. En definitiva, la felicidad que todo ser humano estamos buscando. Así es, pero para muchos, un tesoro por descubrir.

Jesús habló en parábolas para seducir a los que permanecían indiferentes, a los que intentaban mostrarle el valor de encontrarse con Él y, a través de Él, con el Reino de Dios. A través de sus Parábolas interpelaba a los interlocutores y sembraba en sus vidas, al igual que en la nuestra, un interrogante importante: ¿no habrá en la vida un secreto que todavía no hemos descubierto? Jesús está comunicando y compartiendo su experiencia de Dios. Es decir, lo que había transformado por completo su vida. ¿Será verdad? ¿Consiste en esto el seguimiento del maestro? La verdad es que cuando miro alrededor y veo tanta gente que abandona la religión sin haber saboreado a Dios, siento mucha pena. Aunque, por otra parte, los entiendo. Si uno no descubre la experiencia de Dios que vivía Jesús, la religión es un auténtico aburrimiento. Yo también la abandonaría.

Nuestro Dios se manifiesta en lo pequeño, en lo insignificante. De ahí que tengamos que cuidar nuestra vida interior para poder discernir cómo Dios nos sorprende y asombra. No podemos perder la capacidad de sorpresa. Hay que estar y permanecer abiertos a la acción de Dios en nuestra vida. Él nos pone de manifiesto en su Palabra que los valores más importantes de la vida del hombre son: la sabiduría que consiste en el conocimiento de la voluntad de Dios, conforme a la cual se debe ordenar la vida humana (Salomón); el valor del Reino (Evangelio) y el amor de Dios (San Pablo).

La enseñanza principal del evangelio es mostrarnos que el Reino de Dios, es Dios mismo, que se nos da para hacernos partícipes de su vida divina y poder disfrutar de la vida inmortal y de la felicidad inefable de Dios.  Ahora bien, este Reino no se impone por la fuerza, sino que debe ser acogido en libertad por todos los que quieran formar parte de él. De esta forma, el Reino se nos manifiesta como un ámbito de gracia, verdad, libertad, justicia y amor como presupuestos de la salvación realización personal plena.

Pedimos, como siempre, la ayuda de María Santísima del Rocío para que interceda ante su Hijo, el Pastorcito Divino y nos lleve a todos a participar de su Reino.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVI del tiempo ordinario

Dejadlos crecer juntos hasta la siega

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30 (forma breve)

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

Él les dijo:

“Un enemigo lo ha hecho”.

Los criados le preguntan:

“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.

Pero él les respondió:

“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos y estimados amigos.

Parece que nos estamos acostumbrando a convivir con la pandemia, pero no de forma adecuada. Seguimos cayendo en los mismos errores: no respetar las distancias, no ponernos las mascarillas, olvidarnos de lavarnos y desinfectarnos las manos, etc. Esto tiene como consecuencia lógica el nacimiento de nuevos rebrotes de covid-19. ¿Por qué no nos fijamos en los países que lo están haciendo bien para que nos sirvan de referencia y también, en los que lo hacen peor para no reproducir sus errores? Aun así, la responsabilidad es personal y va a depender, en gran medida, de lo que hagamos cada uno de nosotros. Siempre tendremos delante la elección entre el bien y el mal (el trigo y la cizaña) con sus respectivas consecuencias.

De forma análoga nos habla el Evangelio de hoy. Son tres parábolas (la cizaña, el grano de mostaza y la de la levadura) que intentan explicarnos el tema de la Iglesia, Reino de Dios aquí en la tierra, a base de contrastes. Todos sabemos que el entendimiento conoce mejor comparando. De ahí, la referencia a la pandemia y a nuestra responsabilidad.

Nosotros vamos a centrar nuestra atención sólo en la primera parábola que es más amplia y tiene su explicación, bien del mismo Jesús, bien de la comunidad de Mateo. A saber, siempre habrá trigo y cizaña en la vida, también en la Iglesia santa y pecadora. Nadie es absolutamente bueno ni absolutamente malo. Es decir, en el corazón del hombre conviven también el trigo y la cizaña. Es más, la frontera entre ambas realidades es muy delicada. Así, se recomienda esperar hasta la siega para distinguir el trigo de la cizaña y separarlos, pues cuando están naciendo son muy parecidos.

No podemos ver sólo el trigo o la cizaña en el campo (mundo). En la viña del Señor hay de todo. Decimos con frecuencia: ¡cómo puede ser la gente así llena de cizaña e irresponsables ante la situación que estamos viviendo! Pues así somos tú y yo para la gente. Esto contrasta con la paciencia del dueño (Dios) que espera hasta poder separar las dos realidades y hacer el menor daño posible. ¡Cuánto trigo no habremos arrancado al querer limpiar el mundo de cizaña! Ahora, mirando atrás y con una determinada edad, entendemos la dificultad de distinguirlos.

Hay que ser pacientes y tolerantes, como el dueño de la parcela. Hay que esperar el momento y respetar a los que piensan distinto a nosotros. Nuestra verdad no nos da derecho a imponérsela a nadie, pero sí a ser coherentes y responsables con ella. No sólo estamos llamados a ser buenos cristianos, sino también ejemplares ciudadanos.

Como no puede ser de otra forma, imploramos y suplicamos la ayuda de nuestra Madre y Patrona, la Virgen del Rocío, para que nos ayude a ser responsables como ciudadanos y pacientes como el dueño de la parcela. Y que El Pastor Divino, que vino a humanizar la existencia, nos ayude con su Espíritu a continuar con su proyecto.

¡Feliz semana!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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