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Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo XIII del Tiempo Ordinario

Contigo hablo, niña, levántate

 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

El evangelio de este domingo sigue la misma línea que el anterior. El evangelista nos muestra quién es Jesús a través de su poder: Señor de la vida y de la muerte. Para ello, se vale de dos personas a quienes le faltan la vida a causa de la enfermedad que padecen: la hemorroisa (mujer que padecía menstruaciones muy prolongadas) y la Hija de Jairo que en edad de desposarse muere.

Las dos situaciones son tremendamente significativas: la hemorroisa estaba condenada a la esterilidad y, por su enfermedad, tenía que ser apartada según la ley de la pureza para no contagiar al resto de la comunidad. Y la hija de Jairo que, en edad para casarse y generar vida, muere. El protagonista de ambos relatos es Jesús que con su acción inaugura un tiempo de plenitud vital que se alcanza por la fe.

El pasado domingo el Señor nos preguntaba: ¿Aun no tenéis fe? En el pasaje de hoy muestra la respuesta en boca de una mujer enferma y en un dirigente de la sinagoga judía. No olvidemos que es la fe la que posibilita que Jesús se manifieste como Señor de la vida y de la muerte. Con otras palabras, el eje de todo el relato está construido sobre la confianza en Dios.

La confianza de la mujer y de Jairo hace superen las reticencias sociales y religiosas para acercarse a Jesús. Ellos saben en su interior que Jesús es el único que puede hacer algo por sacarlos de la situación que ambos viven. ¿Tenemos nosotros esa confianza?, ¿Nos creemos de verdad que el Señor tiene poder para sacarnos de la muerte (pecado) y darnos vida?

Queridos hermanos, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Es el Dios de la vida. Nos quiere para estar junto a Él y ofrecernos la vida eterna.  Tenemos mucho que aprender de la oración de Jairo y de la mujer que sabía que sólo con tocarle su enfermedad quedaría erradicada.  Pero ambos manifiestan una actitud común: el proceso de afrontar la vida y la muerte desde la fe.

La oración de Jairo tiene tres características importantes que nos puede servir de ayuda: la humildad (se pone de rodillas); Insiste (rogándole con insistencia) y es perseverante aun cuando parece que las cosas se ponen feas (tu niña ha muerto) invitando al abandono. En cambio, es en ese clima donde se opera el milagro. Jesús devuelve a la vida a la niña ante el asombro de todos. La fe de la mujer sigue el mismo proceso: Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». Y, así ocurrió: “Vete en paz y queda curada de tu enfermedad”.

No debemos pararnos en los detalles de cómo hizo o realizó Jesús el milagro. La enseñanza es distinta y está en comprender el valor de la fe como condición para la acción divina y la sanación tanto espiritual como física.

Señora y Reina de la Marisma, Rocío de nuestros corazones, intercede por nosotros para la fe y la confianza en tu hijo, Pastor divino del Rocío, sea una realidad que disipe toda clase de dudas en nuestro corazón.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo XII del Tiempo Ordinario

¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-40

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla». Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»

Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!»

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

Bienvenidos a nuestra cita dominical. Hoy, como el pasado domingo, el evangelio nos lleva a contemplar otra situación desconcertante en principio, pero con final feliz e interpelante. Tiene como núcleo y centro plantearnos qué es y cómo es nuestra fe. Para ello, el evangelista narra el episodio de Jesús con sus discípulos sorprendidos por una tempestad cuando atravesaban el lago de Galilea.

La situación descrita es clave: Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Aclaremos primero el significado del simbolismo del mar en la cultura semítica. Éste era considerado como un abismo hostil, tenebroso y lleno de peligros.  Algo que sólo Dios puede dominar: “Tú dominas el mar embravecido, tú aplacas las olas encrespadas” (sal 89,10).

El relato es sencillo y magistral por su descripción. Su finalidad es mostrar la autoridad de Jesús sobre todas las cosas. Es como si Jesús quisiera poner a prueba la fe de sus discípulos y, a través de esta escena, hacernos reflexionar también a nosotros. En la barca se muestran dos actitudes: la de Jesús que duerme tranquilo y la de los discípulos que están aterrados.

Los autores ven en el pasaje de Marcos una doble interpretación: una, entendiendo la barca como símbolo de la Iglesia zarandeada tantas veces a lo largo de la historia. Otra, más personal, donde se pone en juego la confianza de los suyos en Jesús. Aun así, ambas plantean la misma cuestión: el tema de la fe. ¿Por qué? Porque Jesús sabe que la causa del Reino va a levantar tormentas y tempestades que pueden hacer tambalear la fe de los discípulos.

El milagro de calmar la tempestad marca distancia entre Jesús y los suyos: Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Así es, la fe se curte, crece y madura a través del sufrimiento y de la capacidad de soportar las dudas a las que nos lleva nuestra condición creyente. La auténtica fe permanece agarrada a Dios a pesar de las adversidades que la vida nos plantea.

Volvamos ahora la cuestión central: ¿Cómo es nuestra fe? Probablemente no difiera mucho de la fe de los discípulos. La barca es signo también de nuestra vida sacudida por toda clase de pruebas y dificultades. Quizás, más que constatar que Jesús está dormido, hay que poner de manifiesto que es Dios quien nos descubre nuestra falta de fe en la barca de Pedro (Iglesia) y en el poder de Dios.

Santa María del Rocío, madre de Dios y Esperanza nuestra, fortalece nuestra fe con el rocío de tu gracia para permanecer inconmovibles en la fidelidad a la voluntad de tu Hijo Jesucristo, Pastor Divino de El Rocío.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo XI del Tiempo Ordinario

Es la semilla más pequeña, y se hace más alta que las demás hortalizas

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

De nuevo volvemos al tiempo ordinario. Este tiempo no gira en torno a un sólo tema, sino que cada domingo la Iglesia nos presenta o propone un tema distinto de vida cristiana. Hoy el evangelio nos descubrirá la enseñanza de Jesús sobre el Reino de Dios. Él no lo hace a través de conceptos abstractos o largas definiciones, sino por medio de parábolas que nos hacen reflexionar y nos invitan a decidirnos por él.

Estas parábolas están inspiradas en el mundo de la agricultura y reflejan los conocimientos propios de la época. Por consiguiente se desarrollan dentro de un contexto simbólico lleno de alegorías y comparaciones. Su finalidad es revelarnos como actúa (reina) Dios en nuestra realidad para transformarla.

La frase central la encontramos en la primera parábola: “la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo”. Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Por mucho que nos empeñemos no entenderemos nunca por que no es cosa nuestra. Al final lo único que queda claro es el enorme poder de la semilla que germina donde parece imposible. Son los caminos de la Gracia que nunca entenderemos.

El destinatario de las parábolas somos todos, aunque a sus discípulos se las explicaba a solas. La primera de ellas, destaca la fuerza interior de la semilla que puede germinar sin que el hombre sepa cómo. En cambio la segunda, se centra más en el proceso de crecimiento acentuando la pequeñez de la semilla y el resultado final: un árbol grande y frondoso. ¿Pero qué nos quiere decir Jesús con esta forma de hablar?

Quiere decir, que no podemos reducir el misterio y la acción de Dios a lo que nosotros percibimos. Nuestra misión es la de sembrar. Todo lo demás lo hace Dios. Por tanto, Jesús nos hace saber que el Reino de Dios depende mucho más de la iniciativa divina que de los esfuerzos humanos. Esto no significa que nos desentendamos de todo. Hay que seguir sembrando, pero será Dios quien haga madurar los frutos y asegurar la cosecha.

La segunda es una parábola de contraste entre el inicio y su final. Nos revela que el Reino no llega de forma espectacular y grandiosa en contra de lo que pensaban sus contemporáneos y, además es para todos no sólo para los habitantes de Israel: “que (todos) los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra”. Jesús habla de la Iglesia, en la cual todos tienen cabida, afirmando que el Reino ya está actuando en el mundo a través de ella en los acontecimientos irrelevantes y sencillos.

Santa María del Rocío, madre y señora nuestra, intercede ante el Espíritu Santo para que nos llene de sabiduría y así podamos conocer mejor el mensaje de tu Hijo.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Solemnidad del Corpus Christi

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».

Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo».

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos.

La fiesta del Corpus, profundamente enraizada en el pueblo cristiano, encuentra un eco gozoso en nuestras ciudades como manifestación pública de fe y devoción auténtica a la sagrada Eucaristía. Esta fiesta se celebró litúrgicamente por primera vez en la diócesis de Lieja, Bélgica (1246) y entró en el Misal Romano en el mismo siglo con el esquema litúrgico que realizó Sto. Tomás de Aquino.

En la Solemnidad del Corpus Christi la Iglesia manifiesta su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este “Sacramento admirable”. La Eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana. En todos los sacramentos recibimos la gracia de Dios, en este se nos entrega a Dios mismo. Es el Sacramento del amor que conmemora la Pascua salvadora del Señor. Sacramento que alimenta, vivifica, une, fortalece nuestra existencia cristiana y anticipa la vida eterna.

Así es, la Eucaristía es la cena del memorial del Señor. No es de extrañar que la Iglesia quiera recordar lo que hizo y dijo Jesús en esa ocasión memorable. Por ello, el pasaje de Marcos nos introduce de lleno en la última cena de Jesús con los suyos, donde Él mismo afirma que es su sangre la que sella la nueva y definitiva alianza de Dios con los hombres. Jesús aprovecha esta cena para transmitir su última enseñanza: resume su vida y anticipa el significado de su muerte como don y entrega de sí mismo.

Usa los elementos típicos de la cena pascual, como el pan y vino, y les otorga un nuevo significado: su cuerpo y sangre. Palabras que expresan la magnitud de lo que Él quería hacer en la cruz: entregarse por todos los hombres con un amor sin medida. Así pues, la Eucaristía es ese misterio que por amor nos une a la vida de Cristo de forma sencilla y humilde. Sólo se necesita un corazón limpio para recibirlo y morar en él.

Ante este designio de amor de Jesús que ha decidido quedarse con nosotros en la Eucaristía, cabe preguntarse ¿Cómo celebramos la Eucaristía? ¿Cuál es nuestra participación? ¿Qué supone la Eucaristía en nuestra vida social, laboral y familiar? No debemos olvidar que la misa es también el sacrificio de los fieles unidos a Jesús para el culto a Dios. Sacrificio real, aunque espiritual.

Queridos hermanos, el amor con amor se paga. Dios quiere que nuestra vida sea una ofrenda espiritual de amor entregada a Él y a los hermanos. En la misma línea, San Pablo nos exhorta a ofrecernos como hostia y victima viva, santa y agradable a Dios (cfr. Rm 12, 1). Sólo viviendo desde el Amor podemos ser pan partido y vino entregado para los demás y especialmente para los más necesitados. Es la única forma de celebrar con autenticidad el Día de la Caridad.

Santa María del Rocío, madre de Dios y nuestra, muéstranos el camino y danos la fuerza para hacer realidad en nuestras vidas el misterio de amor inefable que hoy celebramos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Solemnidad de la Santísima Trinidad

Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

La fiesta de la Santísima Trinidad nos sumerge de lleno en la intimidad de Dios. De nuevo, queridos amigos, nos encontramos de lleno con el misterio. El cual sólo es accesible por la fe aunque podemos acercarnos al él para una comprensión más profunda a través de la Sagrada Escritura y contemplaremos cómo este misterio se ha ido dando a conocer de forma gradual.

La referencia trinitaria la revela el mismo Jesús de forma progresiva y dinámica por medio de su persona y mensaje. Comienza hablando del Padre que le envió; después de sí mismo como Hijo del Padre e igual a Él; por último del Espíritu Santo prometido repetidamente a los suyos. Espíritu que procede del Padre y del Hijo como nosotros confesamos en el Credo.

La Historia Sagrada nos hablará de la unicidad de Dios frente al politeísmo, pero será Jesús quien afirme que Dios es único y a la vez comunión entre personas refiriéndose al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Las tres personas aparecen en palabras de Jesús realizando el plan de salvación humana.

Así fue asumido por las primeras comunidades cristianas, aunque la fiesta litúrgica se incorporó en el calendario romano sobre el año 1331. Ya en España se enseñaba en profundidad la fe trinitaria alrededor de los siglos V al VII como nos lo recuerda en el siglo VI el Concilio de Toledo en la siguiente expresión: “Dios es uno sólo, pero no solitario”.

Nosotros nos centraremos en la fórmula trinitaria que usa Jesús en el envío a los suyos para continuar su misión. Se trata, sin duda de una fórmula que refleja la praxis bautismal de la Iglesia Apostólica. Aun así, pondremos sobre el papel las notas características que configuran el texto:

  1.  Aparición de Jesús a los once en un monte de Galilea, lugar adónde los llamó y compartió parte de su misión.
  2.  Autorrevelación de Jesús que deja constancia de su glorificación como Hijo de Dios: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra”.
  3.  Mandato misionero: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. El envío es para el anuncio, el testimonio, el bautismo y la obediencia de fe.
  4.  Presencia permanente de Jesús en su Iglesia: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. Deja claro que Él no se desentiende de nosotros, sino que permanece con una presencia nueva y real.

Desde estas claves se comprende que el objetivo de Jesús es universal y consiste en hacer discípulos. Para lleva a cabo dicha tarea establece dos medios: la enseñanza, que consiste en poner por obra lo aprendido con Jesús y el bautismo que nos vincula a la Trinidad que es Comunidad de Amor. Con otras palabras, hacer discípulos es invitar a los hombres a encontrar la razón de su existencia en el Dios trinitario cuya vida se expresa en el amor.

Santa María de El Rocío, madre de Dios y madre nuestra, derrama tu gracia en nuestros corazones para continuar la misión que tu Hijo, el Pastor Divino, encomendó a la Iglesia primitiva.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo de Pentecostés

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

Con la festividad de Pentecostés llega a su término y culmen la celebración de la cincuentena pascual, en la cual se ha celebrado la victoria de Jesús sobre la muerte. Hoy la Iglesia nos invita a saborear el fruto más sabroso e importante que nos ha regalado la Pascua: la donación del Espíritu Santo para que participemos de la misma vida divina y nos convirtamos en el nuevo Pueblo de Dios.

Los discípulos junto con María, la madre del Señor, estaban encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos. Al recibir el saludo de paz por parte de Jesús el temor y el miedo se torna en alegría al constatar la presencia del resucitado en medio de ellos. Desde ese momento, experimentan un cambio radical: pasan de perdonados a reconciliadores de todo el orbe.

La transformación se produce tras recibir el Espíritu Santo que los llevará a la verdad plena y los capacitará para la misión: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Así lo vemos en el evangelio de este domingo, Jesús cumple la promesa anunciada de otorgar a los suyos el Espíritu Santo. En ella, destacamos tres notas importantes: les llevará a la experiencia plena de la verdad. No se trata de una verdad metafísica, sino de la verdad de la vida y verdad de Dios, es decir todo lo que Él nos ha revelado del Padre será confirmado por el Paráclito o defensor. Con otras palabras, el Espíritu nos ofrece la posibilidad de entrar en el misterio del Dios de la salvación.

En segundo lugar, el don del Espíritu Santo hace de los discípulos personas recreadas y los prepara para asumir nuevos desafíos. La imagen que aparece aquí no es ruido estrepitoso, viento o fuego, sino soplo. Se trata del aliento vital del resucitado exhalado sobre los suyos. Esto nos recuerda la obra de Dios en la creación narrada en el Génesis.

Por último la misión, Jesús envía a los suyos como Él mismo ha sido enviado por el Padre y les entrega el don del Espíritu para ayudarlos en su labor. Sin ese don los discípulos no habrían perdido el miedo y el nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia, no se hubiese puesto en marcha jamás.

Querido amigo, el acontecimiento de Pentecostés no es sólo algo que pertenece al pasado. El Espíritu Santo no es el olvidado de la Iglesia como algunos piensan, Él sigue presente y manifestándose en nuestro mundo, en personas y en situaciones concretas. Prepárate para recibirlo y experimentarás la vida de Dios en tu ser.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Ascensión del Señor

Fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios

Conclusión del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

La fiesta que celebramos nos indica la vuelta de Jesús al Padre una vez concluida su misión en este mundo. Esto no significa que Jesús se desentienda de la tarea dada a los suyos, sino que supone una nueva presencia del resucitado en medio de los creyentes. Ahora es el comienzo de la Iglesia, el tiempo del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia. El acontecimiento de la Ascensión representa para Jesús la plenitud de la resurrección.

Expuesto el significado de la solemnidad se impone aclarar algunas notas. La palabra Ascensión (subir) tiene aquí un significado metafórico, es decir no debe entenderse en un sentido físico o espacial. Nosotros nos movemos en coordenadas de tiempo y espacio y no podemos prescindir de estas dimensiones para explicar la realidad. En cambio, Dios es eternidad, es omnipresente.

El sentido de la Ascensión manifiesta que Jesús participó de la gloria, la majestad, el poder y la divinidad de Dios. El resucitado es Señor del universo. Su presencia deja de ser física para ser presencia a través del Espíritu. Lo que se quiere poner de relieve es que Jesús vive la misma vida de Dios.

Aclarada la objeción, descubrimos que lo importante de este pasaje es el encargo misionero que Cristo encomienda a sus discípulos: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado”. Encargo en el que destaca dos realidades: la universalidad del anuncio y los signos que acompañan a los que crean.

Jesús nos invita en esta fiesta a continuar la labor comenzada por los discípulos: anunciar el evangelio a toda la creación, como deseo universal de salvación por parte de Dios y con respeto total a la libertad humana. Recordemos que el evangelio se propone no se impone. El que lo acoja recibe palabra de salvación y el que lo rechace sabe lo que pierde.

Respecto a los signos que acompañarán al creyente todos ellos serán señales de vida y de liberación que nos traerán a la memoria la coherencia que ha de existir entre lo que se anuncia y lo que se practica. Jesús debe ser el modelo y referencia de nuestra predicación y compromiso cristiano. El Reino se hace presente cuando trabajando codo con codo erradicamos el mal que nos acecha y labramos cauces de liberación para los demás.

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra danos la fuerza suficiente para hacer realidad lo que nos encomienda tu Hijo, el Pastorcito Divino, en la fiesta que celebramos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo VI de Pascua

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

El domingo pasado Jesús pedía a sus discípulos que permanecieran unidos a Él como los sarmientos a la vid. El evangelio de hoy tiene la misma finalidad: describir los rasgos del verdadero discípulo. Jesús sabe que sólo desde la unidad y amor el creyente puede permanecer en Él y da fruto abundante. Por ello nos invita a dar un paso más que consiste en vivir de su amor: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor”.

¿En qué consiste vivir de su amor? Se trata de una corriente de amor que va desde el Padre a Jesús y desde éste a sus discípulos, que son amados de la misma manera que Él es amado por el Padre. De esta forma se comprende que pida a sus discípulos que se amen mutuamente con el amor que Él los ha amado. Esto supone amar a nuestros semejantes, sin distinción, con el amor que Dios nos tiene.

El sarmiento solamente tendrá vida permaneciendo en el amor de Jesús, porque Jesús es fiel al amor de Dios. Cristo quiere repetir con los suyos lo que Dios ha hecho con Él porque el amor constituye la esencia de la vida cristiana ya que Dios es amor. Todos sabemos lo necesario que es ser amado y amar: es como la fuente de la felicidad. No existe otro mensaje, ni otro mandamiento, ni otra señal más definitiva para los suyos que el amor.

La unión entre Jesús y el creyente, a imagen de aquella que existe entre Él y el Padre, es una comunión fundamentada en el amor. Esta relación es definida por Jesús como amistad: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”.

Ahora bien, no se trata de una amistad romántica, pues en este texto está usando el verbo agapaô y el sustantivo ágape, para dar a entender que no se trata de una simple “amistad”, sino de un amor más profundo, donde todo se entrega a cambio de nada. Este fue su testamento: que el amor del Padre, manifestado en Él, continúe en los suyos.

Erich Fromm, en su libro “el Arte de amar”, señala varias características del amor que nos pueden servir para llevar a la praxis el amor de Dios: Cuidado del otro, entendido como preocupación activa por la vida y el crecimiento del otro. Responsabilidad, como respuesta a las necesidades expresadas o no del otro. Respeto, ver a la persona como es y acogerla como tal. Conocimiento, para que exista respeto tiene que haber conocimiento real del otro, no por la fuerza, sino por el diálogo.

Santa María del Rocío, Madre del Amor encarnado ayúdanos a en la gran aventura de amar teniendo como ejemplo a Jesús, Pastor Divino, que nos revela el amor del Padre, fuente y origen del amor, derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo V de Pascua

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y hermanos todos.

El domingo pasado reflexionábamos sobre la figura del Buen Pastor que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas. Este domingo, Jesús vuelve a tomar una imagen propia de su época y de la nuestra para ofrecernos una catequesis sobre la fe impresionante. Nos viene a decir que si no permanecemos en Él no daremos frutos abundantes y estar unidos a él se consigue a través de la fe, pero ¿qué es la fe?

La fe no es una mera creencia sin implicación personal. No es algo que reducimos al apetito sensitivo, ahora me apetece, mañana no sé… tampoco se trata de una idea, un sentimiento, una herencia, algo que quito y pongo según me convenga. La fe es mucho más que todo eso. Es un encuentro personal con Jesucristo y nacemos a ella por medio de la Palabra oída e interiorizada: “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros”.

Por eso es imposible dar fruto si no permanecemos unidos a Jesucristo como el sarmiento a la vid. La fe debe llevarnos a adherirnos a Cristo y dejarnos alimentar por la sabia, el Espíritu Santo, para ser uno con Él como lo fueron todos sus seguidores. Así ha de ser la vida cristiana.

La palabra fundamental en el Evangelio es permanecer, se repite hasta siete veces. Sin esa perseverancia o unión continua a Cristo no podemos hacer nada. Si el sarmiento se separa de la vid perece, al igual que nosotros. No existe otra forma de estar unido a Cristo si verdaderamente queremos vivir de su Espíritu. El problema estriba en que hay mucha gente que cree tener fe y solo tienen una creencia. Esta realidad, más que ayudarnos se convierte en una fuente de conflicto, ya que la fe configura tu persona y crea un estilo de vida determinado y la creencia no.

Ahora bien, ¿cómo debe ser esa unión con Cristo? En primer lugar debe ser una unión intima con Él, como la de Pablo de Tarso: “Vivo, y ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi”. Alimentada con la oración, la Palabra, la Eucaristía y vivida en la Iglesia. En segundo lugar, ha de tratarse de una fe profundamente dinámica, es decir como la savia corre por toda la vida, la gracia de Dios debe correr por toda la Iglesia y los cristianos.

Necesitamos centrarnos en Jesús siguiendo la imagen de la vid y los sarmientos si queremos dar fruto abundante. Fruto que aporte a la vida: transformación, alegría, esperanza, compañía, entrega, servicio, creatividad, cariño, luz, fraternidad y fuerza para vivir. Permanecer en su Palabra y vivir de Él es vital para el cristiano si quiere conocer en profundidad a Cristo. No podemos ser mediocres sabiendo sólo lo que nos han dicho de oídas de Él. Este es el motivo de la crisis de la vida cristiana.

Por eso es bueno la poda. Aunque tras ella la vid se transforme en un esqueleto desnudo. Esta tarea hace que la vid produzca sarmientos fuertes y grandes racimos. Igual pasa en la vida cristiana hay que quitar todo lo que obstaculiza nuestra relación con Dios para dar frutos de amor en nuestra realidad concreta.

Santa María del Rocío, Patrona de Almonte y Madre de todos los Rocieros, Tú permaneciste siempre unida a tu Hijo, El Pastor Divino, intercede por todos los rocieros para que nunca nos separemos de Él y podamos dar frutos en abundancia.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo IV de Pascua

El buen pastor da su vida por las ovejas

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

Este cuarto domingo de pascua entre repuntes y bajadas, normas y más normas, cierres perimetrales y autonómicos, nuevas elecciones, la incertidumbre que provoca la llegada de vacunas y la lenta campaña de vacunación están convirtiendo nuestra vida en un auténtico desconcierto que nos impide vivir con intensidad todo lo que Dios nos regala cada día.

Aún así, todavía, es posible encontrar paz y descanso en este maremoto de acontecimientos. Basta acercarnos al evangelio y leerlo detenidamente para tomar conciencia y ver que en esta vorágine de sucesos no estamos solos: Jesús, como buen pastor, cuida de su rebaño hasta dar la vida por sus ovejas. Esta imagen del “Buen Pastor” está tomada del mundo rural y marca la diferencia entre el pastor asalariado que por desgracia hay muchos y no están muy lejos.

La diferencia más importante entre uno y otro estriba en que el Buen pastor cuida de todo el rebaño y se preocupa por cada una de sus ovejas. En cambio, el asalariado huye ante el peligro y abandona el rebaño porque no lo considera suyo. También en el mundo bíblico podemos encontrar diversas connotaciones sobre la imagen del Buen Pastor:

  1. Aplicada a Dios como guía y acompañante de su pueblo a lo largo de la historia, “El Señor es mi Pastor nada me falta”. (Sal 22)
  2. También son llamados así los dirigentes políticos y religiosos de Israel.
  3. Por último, Jesús se aplica el titulo de Buen Pastor cuando denuncia las conductas y comportamientos de los dirigentes que buscan su propio interés y no el del rebaño que se le ha encomendado.

En esta última, Jesús compara su actitud con la de los fariseos, que en vez de servir al pueblo se están sirviendo de él. Esta imagen no es algo que pertenezca al pasado, sino que tiene una tremenda actualidad. La podemos encontrar en el mundo religioso (grupos, comunidades, hermandades, asociaciones, …). En la política (en forma de corrupción e imposición de sus intereses antes que buscar el bien común). Y, por supuesto, en la sociedad (en el entramado de las relaciones humanas).

Desde mi punto de vista, la expresión: “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen”, es la más significativa e importante. Jesús se denomina así para expresar su relación con los creyentes, entendiendo el verbo conocer en sentido bíblico que alude a una relación de conocimiento mutuo, íntima y de comunión entre los seres humanos. De ahí que insista en que su donación o entrega es radical: “yo doy mi vida por las ovejas”

Esta expresión no sólo pone de manifiesto que da la vida por su rebaño, sino también por otras ovejas que no son de su redil. Es decir, hace referencia de los paganos, aquellos que no formaban parte del pueblo de Israel. En este sentido, nos hace vislumbrar la dimensión universalista de su “muerte” mediante la cual todos seremos convocados en una misma familia.

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra, ayúdanos con Tú intercesión a formar parte del rebaño de tu Hijo, Pastor Divino, que se manifiesta en la Iglesia: la gran familia de los hijos de Dios.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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