Últimos Boletines
 

Evangelio y Reflexión. Domingo XIX del tiempo ordinario

Mándame ir a ti sobre el agua

Lectura del santo Evangelio según san Mateo14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo: «Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos y estimados hermanos,

De nuevo aquí con vosotros, en este pequeño rincón que hoy te invita a “caminar sobre las aguas”, a apartarte de todo lo mundano para meditar y reflexionar sobre la Palabra de Dios. Con un solo objetivo: alentarte en la esperanza y fortalecer tu fe acercándote cada día más a Jesús. Todo ello, sin olvidar el momento que estamos viviendo, con nuevos rebrotes, cantidad de focos de contagio y el incremento de personas infectadas que nos recuerda que toda esta “película” sobre el covid-19 no ha terminado. Por ello, no debemos bajar la guardia ni olvidar nuestra responsabilidad con los protocolos y medidas exigidas para cada momento. Sólo basta ser responsable para no contagiar y no contagiarte.

Ahora bien, ante esa situación no podemos ceder paso al miedo para que se apodere de nuestra vida. El miedo paraliza, merma nuestra confianza y hace que nos sintamos inseguros. Hoy Jesús nos invita “a caminar sobre las aguas”, es decir, a confiar en Él, aunque estemos ahogados por las dudas y dificultades que toda esta realidad conlleva.

Jesús no nos invita a quedarnos en lo extraordinario de lo sucedido en el lago de Tiberíades (llamado también Mar de Galilea), sino a releer en profundidad el acontecimiento narrado para descubrir qué nos quiere decir. Con otras palabras, Jesús quiere que la duda no corroa nuestro corazón y lo reconozcamos como Señor y Salvador: “Soy yo, no tengáis miedo”. Todo lo demás es secundario, incluso lo de andar sobre las aguas. Pues sólo al reconocerlo se disiparán nuestras dudas, se acrecentará nuestra fe y la confianza nos hará responder al mandato de Jesús: “Ven”. La consecuencia lógica de todo ese proceso de reconocimiento, no puede ser otra que la de ser capaces de realizar nuestra confesión de fe como lo hizo Pedro: “Realmente eres Hijo de Dios”.

Hoy por desgracia, ocurre lo contrario. La gente se para más en lo extraordinario, en lo sobrenatural, en aquello que rompe la normalidad de los acontecimientos y nos deja sorprendidos y anonadados. Acudimos al recurso fácil y directo: al milagro. Cuando no conseguimos lo que queremos decimos que Dios no nos escucha, que no existe o que todo lo que nos han enseñado es mentira. Querido amigo, no debes olvidar que el milagro presupone la fe y, a la vez, tiene la capacidad de despertar la fe. El contenido propio de esta fe no es el hecho extraordinario en sí, sino Dios. Él lo único que quiere es que creamos en el amor que nos tiene y, para ello, buscara infinidad de formas ordinarias o extraordinarias para manifestárnoslo. A nosotros nos toca acoger su amor y reconocerlo como Señor.

Santa María del Rocío, tu que supiste reconocer el amor de Dios hecho Palabra y lo acogiste en tu corazón. Haz que todos nosotros seamos capaces de reconocer a tu Hijo, Pastor Divino de nuestras vidas, en los hechos cotidianos y confesar nuestra fe en Él.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVIII del tiempo ordinario

Comieron todos y se saciaron

Lectura del santo Evangelio según san Mt 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.

Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».

Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».

Les dijo: «Traédmelos».

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados hermanos y amigos,

Atrás dejamos el mes de julio, con sus altas temperaturas, para adentrarnos en agosto. Mes en el que menguarán los días y crecerán las noches. Esperemos que este mes nos regale esas noches de brisa agosteñas a las que estamos acostumbrados y, así, poder disfrutar de una buena charla con amigos o de un buen merecido descanso sin que el calor ofusque nuestros sueños. Atrás queda también el discurso en parábolas sobre el Reino, para dar paso al discurso eclesiástico, como primicia del Reino de Dios.

Toda la Palabra de Dios de este domingo gira en torno al tema de la compasión. “El Señor es compasivo y misericordioso…”. El Dios de Jesús es un Dios apasionado, enamorado de su criatura, bondadoso y misericordioso que se compadece de toda persona, porque la ama profundamente. Es decir, Él padece con los hambrientos, débiles, frágiles, necesitados… en una palabra, con todos los crucificados de la tierra.

El evangelio nos presenta que el Reino ha llegado ya. El milagro de la multiplicación de los panes es una señal de la vida abundante y de plenitud que Jesús ha venido a traer. Él se compadece de todo ese gentío que le escucha atentamente y no tienen ni qué comer ni donde quedarse. Los apóstoles, tomando conciencia de la situación, intentan despedir a la multitud, pero Jesús le lanza un reto: “dadle vosotros de comer”. ¿Cómo? ¿con qué medios y de qué forma? Los apóstoles quedan sorprendidos ante esas palabras de Jesús.

Al final, Jesús termina realizando el milagro, pero con la aportación de uno que dio lo que tenía. Ese reto sigue en pie. Es una petición a toda la Iglesia, a cada cristiano, a tí y a mí. Hoy el evangelio nos pide colaborar compartiendo con los demás lo que tenemos, para que cada día se repita el milagro de la multiplicación. ¿Con quién? Con todos los que tienen “hambre”, que serán muchos, pues a los pobres que ya tenemos hay que sumarles los afectados por las consecuencias económicas producidas por la pandemia. Hoy eres tú, mañana puedo ser yo.

Jesús sólo necesita de nosotros la disponibilidad suficiente para poner en común lo poco o mucho que tenemos. Cuando compartimos lo que tenemos siempre suele sobrar, porque todos tenemos de más, aunque andemos justos, tenemos cubiertas nuestras necesidades. Otros sólo tienen necesidades. De estos son los que se compadece Jesús, como lo hace también de nosotros, pues existen muchos tipos de hambre. Acoge hoy el reto de Jesús: “Dadle vosotros de comer”.

Santa María del Rocío, ayúdanos a combatir los distintos tipos de hambre que asolan la vida de los seres humanos, como Tú lo hiciste en la boda de Caná intercediendo ante tu Hijo. Concédenos la gracia de estar siempre atentos y disponibles a las necesidades de nuestros hermanos para compartir con ellos lo que somos y tenemos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVII del tiempo ordinario

Vende todo lo que tiene y compra el campo

Lectura del santo Evangelio según san Mt 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».

Ellos le responden:

«Sí».

Él les dijo:

«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Un tesoro sin descubrir

Queridos amigos. ¡Qué maravilloso es poder compartir con vosotros la Palabra de Dios! Pues ella es una Palabra viva, tajante y eficaz. Es el gran tesoro y la perla fina que ansía nuestro corazón, la verdad de nuestra existencia, la plenitud que sacia de una vez por todas las carencias y vacíos de nuestro ser. En definitiva, la felicidad que todo ser humano estamos buscando. Así es, pero para muchos, un tesoro por descubrir.

Jesús habló en parábolas para seducir a los que permanecían indiferentes, a los que intentaban mostrarle el valor de encontrarse con Él y, a través de Él, con el Reino de Dios. A través de sus Parábolas interpelaba a los interlocutores y sembraba en sus vidas, al igual que en la nuestra, un interrogante importante: ¿no habrá en la vida un secreto que todavía no hemos descubierto? Jesús está comunicando y compartiendo su experiencia de Dios. Es decir, lo que había transformado por completo su vida. ¿Será verdad? ¿Consiste en esto el seguimiento del maestro? La verdad es que cuando miro alrededor y veo tanta gente que abandona la religión sin haber saboreado a Dios, siento mucha pena. Aunque, por otra parte, los entiendo. Si uno no descubre la experiencia de Dios que vivía Jesús, la religión es un auténtico aburrimiento. Yo también la abandonaría.

Nuestro Dios se manifiesta en lo pequeño, en lo insignificante. De ahí que tengamos que cuidar nuestra vida interior para poder discernir cómo Dios nos sorprende y asombra. No podemos perder la capacidad de sorpresa. Hay que estar y permanecer abiertos a la acción de Dios en nuestra vida. Él nos pone de manifiesto en su Palabra que los valores más importantes de la vida del hombre son: la sabiduría que consiste en el conocimiento de la voluntad de Dios, conforme a la cual se debe ordenar la vida humana (Salomón); el valor del Reino (Evangelio) y el amor de Dios (San Pablo).

La enseñanza principal del evangelio es mostrarnos que el Reino de Dios, es Dios mismo, que se nos da para hacernos partícipes de su vida divina y poder disfrutar de la vida inmortal y de la felicidad inefable de Dios.  Ahora bien, este Reino no se impone por la fuerza, sino que debe ser acogido en libertad por todos los que quieran formar parte de él. De esta forma, el Reino se nos manifiesta como un ámbito de gracia, verdad, libertad, justicia y amor como presupuestos de la salvación realización personal plena.

Pedimos, como siempre, la ayuda de María Santísima del Rocío para que interceda ante su Hijo, el Pastorcito Divino y nos lleve a todos a participar de su Reino.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XVI del tiempo ordinario

Dejadlos crecer juntos hasta la siega

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30 (forma breve)

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

Él les dijo:

“Un enemigo lo ha hecho”.

Los criados le preguntan:

“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.

Pero él les respondió:

“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos y estimados amigos.

Parece que nos estamos acostumbrando a convivir con la pandemia, pero no de forma adecuada. Seguimos cayendo en los mismos errores: no respetar las distancias, no ponernos las mascarillas, olvidarnos de lavarnos y desinfectarnos las manos, etc. Esto tiene como consecuencia lógica el nacimiento de nuevos rebrotes de covid-19. ¿Por qué no nos fijamos en los países que lo están haciendo bien para que nos sirvan de referencia y también, en los que lo hacen peor para no reproducir sus errores? Aun así, la responsabilidad es personal y va a depender, en gran medida, de lo que hagamos cada uno de nosotros. Siempre tendremos delante la elección entre el bien y el mal (el trigo y la cizaña) con sus respectivas consecuencias.

De forma análoga nos habla el Evangelio de hoy. Son tres parábolas (la cizaña, el grano de mostaza y la de la levadura) que intentan explicarnos el tema de la Iglesia, Reino de Dios aquí en la tierra, a base de contrastes. Todos sabemos que el entendimiento conoce mejor comparando. De ahí, la referencia a la pandemia y a nuestra responsabilidad.

Nosotros vamos a centrar nuestra atención sólo en la primera parábola que es más amplia y tiene su explicación, bien del mismo Jesús, bien de la comunidad de Mateo. A saber, siempre habrá trigo y cizaña en la vida, también en la Iglesia santa y pecadora. Nadie es absolutamente bueno ni absolutamente malo. Es decir, en el corazón del hombre conviven también el trigo y la cizaña. Es más, la frontera entre ambas realidades es muy delicada. Así, se recomienda esperar hasta la siega para distinguir el trigo de la cizaña y separarlos, pues cuando están naciendo son muy parecidos.

No podemos ver sólo el trigo o la cizaña en el campo (mundo). En la viña del Señor hay de todo. Decimos con frecuencia: ¡cómo puede ser la gente así llena de cizaña e irresponsables ante la situación que estamos viviendo! Pues así somos tú y yo para la gente. Esto contrasta con la paciencia del dueño (Dios) que espera hasta poder separar las dos realidades y hacer el menor daño posible. ¡Cuánto trigo no habremos arrancado al querer limpiar el mundo de cizaña! Ahora, mirando atrás y con una determinada edad, entendemos la dificultad de distinguirlos.

Hay que ser pacientes y tolerantes, como el dueño de la parcela. Hay que esperar el momento y respetar a los que piensan distinto a nosotros. Nuestra verdad no nos da derecho a imponérsela a nadie, pero sí a ser coherentes y responsables con ella. No sólo estamos llamados a ser buenos cristianos, sino también ejemplares ciudadanos.

Como no puede ser de otra forma, imploramos y suplicamos la ayuda de nuestra Madre y Patrona, la Virgen del Rocío, para que nos ayude a ser responsables como ciudadanos y pacientes como el dueño de la parcela. Y que El Pastor Divino, que vino a humanizar la existencia, nos ayude con su Espíritu a continuar con su proyecto.

¡Feliz semana!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XV del tiempo ordinario

Salió el sembrador a sembrar

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9 (forma breve)

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos amigos, de nuevo me dispongo a compartir con vosotros el Evangelio de este domingo. Para ello, te invito a leerlo detenidamente (si es posible la lectura larga). Estoy seguro que la Parábola del sembrador no es ajena a tu vida y probablemente la hayas leído otras veces y te resulte un poco cansina hasta el punto de querer pasar página, porque pienses que no te va a decir nada nuevo. De ahí, que te recuerde lo que dice Isaías en la primera lectura para animarte a leerla con tranquilidad: «…Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, … así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, …».

El Evangelio pone de manifiesto tres realidades que atraen nuestra atención y no podemos pasar por alto: el sembrador, la semilla y el terreno en que cae. El sembrador es Dios; la semilla, su Palabra; el terreno es la mente y el corazón del hombre. Y, por consiguiente, la explicación y aplicación nos viene dada al final de la parábola. Sólo hace falta mirarnos en profundidad y preguntarnos: ¿qué clase de terreno soy? Y a reglón seguido, vivir en consecuencia y de forma coherente.

En principio, destacamos la generosidad del sembrador, pues para Él todos los terrenos son válidos. Podríamos decir que hasta malgasta la semilla. De cuatro puñados que se siembran, tres se perderán porque el hombre libre no los quiere recibir, pero el que cae en tierra buena da muchos frutos. Este es el que escucha la Palabra con atención, la reflexiona y medita, a fin de comprender y vivir sus exigencias.

Lo curiosos del caso es que el protagonismo no lo tiene el sembrador, sino la semilla y el terreno en el que cae. Aunque a primera vista los resultados hablan de fracaso, la eficacia de la Palabra está asegurada, pues la tierra fértil compensa con creces la esterilidad de las otras parcelas. Esto lo saben bien los sembradores. Ahora es el momento de preguntarte: ¿Qué tipo de terreno soy?, ¿Acojo la Palabra (semilla) con corazón abierto (terreno) para que dé frutos?

Respecto al terreno, el otro protagonista de la parábola, se identifica con el hombre libre. Éste es el verdadero destinatario de la semilla y de la siembra. Es decir, tú y yo somos el terreno. Por tanto, la responsabilidad es del terreno, del hombre inconstante que a la primera dificultad sucumbe porque la semilla ha sido acogida superficialmente; en el segundo caso, el hombre se deja seducir por los atractivos y afanes de la vida dejando que la semilla se vaya ahogando, esta es la semilla que cae entre espinas. Por último, la que es robada por el maligno en nuestro corazón.

Sabemos que la Palabra que hoy nos dirige Dios es, a la vez don y responsabilidad. La Palabra de por sí es eficaz, pero necesita preparar y cuidar bien el terreno. Ella sola no actúa milagrosamente; Dios respeta la libertad de la persona y cada uno debe poner de su parte en la acogida y aceptación de la Palabra. “Dios que te creó sin ti (sin tu colaboración), no te salvará sin ti (sin tu esfuerzo)”, dice san Agustín (Sermón 160, 13).

Invoquemos a María, bajo la advocación del Rocío, nuestra madre para que interceda ante su Hijo, el Pastorcito Divino y nos ayude a ser tierra fértil. Ella fue llamada dichosa y bienaventurada porque acogió la Palabra de Dios en su corazón y la llevó a la práctica en su vida.

¡Feliz Semana!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XIV del tiempo ordinario

Soy manso y humilde de corazón

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos, aquí estamos de nuevo para compartir este rato de reflexión y oración. Si el domingo pasado decíamos que era mejor pasar página del Evangelio porque todo era radicalidad: posponer a la familia, tomar la cruz y perder la vida por Jesús. Este domingo nos encontramos con todo lo contrario: acción de gracias al Padre, descanso al agobiado, yugo llevadero y carga ligera. ¿Qué ha ocurrido? Se trata de la acogida de Jesús a los discípulos que han regresado de su acción apostólica. Ellos regresan eufóricos contando todo lo que les había ocurrido.  Jesús se contagia de la alegría y felicidad de los suyos tras esa primera salida a predicar y lo expresa en una pequeña oración de acción de gracias al Padre.

¡Cuánto tenemos que agradecer y qué pocas veces lo ponemos en práctica! La mayoría de las veces vivimos creyendo que nos merecemos todo: quedamos con gente, programamos y organizamos nuestra vida, a corto y largo plazo, disfrutamos de la amistad y del gozo de vivir, tenemos techo para cobijarnos, una familia que nos abriga con su cariño y nos ayuda en nuestro crecimiento, los regalos de la naturaleza que nos dejan sorprendidos,…etc. Y seguimos viviendo como si todo nos perteneciera, sin reparar en el regalo que supone todo lo que acontece a nuestro alrededor. ¡Cuánto tenemos que agradecer!

Esa es la invitación de Jesús en este domingo: estar dispuesto siempre a la acción de gracias, tanto a nivel humano (siendo agradecido con todos) como religioso (viviendo la Eucaristía, acción de gracias por antonomasia). Pues en la pequeñez y sencillez de todos los regalos encontramos al hacedor de los mismos. Ese es el mayor regalo y tesoro que el ser humano puede desear. Por eso Jesús, apoya a los pequeños frente a los entendidos en su oración al Padre, pues solo desde un corazón sencillo y pobre se puede acoger y atisbar todo lo que procede de Dios.

Así lo pone de manifiesto Jesús en la segunda idea del evangelio: “todo me lo ha dado mi Padre…” Nos expresa la dependencia de del Padre. Por consiguiente, Él es el único que nos puede dar a conocer al Padre y llevar al conocimiento de la Verdad plena y de la salvación. Esto supone por nuestra parte, un esfuerzo permanente y constante por encontrarnos con Él y conocerlo en profundidad.

Ahora bien, sé que el camino es largo y fatigoso, hasta sentir la tentación de abandonar la búsqueda antes de llegar a la meta. También Jesús es consciente de ello, y se convierte hoy en nuestro descanso, en nuestra paz: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados…” Él nos aliviará y reparará nuestras fuerzas para seguir el camino.

Nos encomendamos, como siempre, a la Virgen del Rocío para que Ella nos ayude a ser agradecidos e interceda ante su Hijo para saber descubrirlo en todos los acontecimientos, en los humildes, desfavorecidos y pequeños. Siendo conscientes de que el Pastor Divino es el único que nos revela al Padre y nos invita a descansar en él.

¡Feliz Domingo!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XIII del tiempo ordinario

El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Este domingo concluimos el discurso misionero de Jesús con tres actitudes importantes que deben tener todos aquellos que quieran seguirle: disponibilidad ante la propia familia, aceptación de la cruz y entrega de la propia vida.

Es posible que queramos pasar página del evangelio, porque ya somos cristianos a nuestro modo, aunque nada tenga que ver con lo que espera Dios de nosotros. Sólo hace falta confrontar nuestra vida con la Palabra de Dios y tomaremos conciencia de que no siempre nuestros juicios y comportamientos han sido los mas adecuado.

Si echamos una ojeada alrededor y analizamos lo que queda por venir de esta situación pandémica que atraviesa el mundo, enseguida nos daremos cuenta de que esas tres actitudes, tarde o temprano, exigirán de nosotros definirnos por los valores del Evangelio o seguir el camino más cómodo: esperar que otros lo hagan por mí. Por desgracia, esta es una de las actitudes más generalizadas.

La vida de cada uno está llena de ejemplos que pueden confirmar lo que venimos diciendo. Por eso, nuestra vida de cristianos deja mucho que desear. Pero no nos desanimemos, siempre hay excepciones y todos hemos tenido ocasión de conocerlas, experimentarlas o vivirlas en medio del confinamiento y durante todo el estado de alarma. Aun así, si queremos seguir a Jesús tendremos que hacer nuestro sus consejos y actitudes.

El primer consejo nos pide relegar el amor familiar a un segundo plano. En resumen, lo que pide es disponibilidad absoluta para elegir seguirlo, si llega el momento, por encima de cuanto nos dicta el corazón en aquello que hay de más íntimo y deseable: nosotros y los nuestros. El verdadero discípulo no pone condiciones.

Tomar la cruz de cada día, “el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Nadie está contento con su suerte. Pero hay que aceptar nuestra realidad cotidiana. Es decir, lo que Jesús pide en realidad es que nos identifiquemos con Él. El seguimiento de Cristo comporta muchas renuncias y sacrificios. Ahí está la cruz, en elegirlo a Él o escoger otro camino distinto. No olvidemos que Jesús exige radicalidad.

Perder la vida por Él para ganarla. La vida es tiempo y nada más que tiempo. ¿Quién está dispuesto a perder su tiempo por Jesús? No olvidemos que cualquier cosa que hagamos por el hermano, se la hacemos al mismo Cristo. Sólo el que esté dispuesto a perder su vida hora a hora, tendrá vida eterna y aquí en la tierra el ciento por uno.

Seguir a Jesús es una invitación y un don de Dios. Pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta valiente. A veces habrá momentos de dificultad, como decíamos antes, pero es ahí cuando más tenemos que estar.

Que la Virgen del Rocío, Madre de Dios y nuestra nos ayude a ser valientes intercediendo por nosotros para que cada día seamos más fieles a la llamada de Dios sembrando disponibilidad, libertad y fidelidad como Ella hizo.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Evangelio y Reflexión. Domingo XII del tiempo ordinario

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

Reflexión

Esperando que la tercera fase dé sus últimos coletazos y deseosos de conocer esa etapa que han denominado “nueva normalidad”, nos disponemos a reflexionar sobre el Evangelio de este domingo para que nos ayude y dé luz a nuestra realidad concreta.

Lo cierto es que el Evangelio de este domingo nos viene como anillo al dedo. El discurso de Jesús va dirigido a los cristianos comprometidos de todos los tiempos. Es decir, a todos. Incluidos dentro de ese todo tú y yo que, a veces, tenemos miedo a dar testimonio de nuestra fe. En este sentido, Jesús es claro “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Con otras palabras, para que nos entendamos, “podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Toda esta “nueva normalidad” vendrá acompañada también de “nuevas normas” que orienten nuestra conducta en esta nueva etapa que comenzamos para evitar nuevos rebrotes de pandemia e ir acabando con el virus poco a poco. Normas, normas, y más normas, …  Todo esto me parece perfecto, aunque nos cueste trabajo ponerlo en práctica dado el cansancio y la fatiga que todo este tiempo ha ido mermando nuestro ser. Vuelvo a repetir, todo esto está muy bien. Pues, todo ser humano está llamado a colaborar con todas sus fuerzas a trabajar por el bien común, especialmente por el de los más desfavorecidos y con menos medios a su alcance.

Ahora bien, esto no significa silenciar nuestra fe como instancia crítica de la realidad. Más claro, es una exigencia de justicia dar testimonio de lo que creemos, vivimos y celebramos ya que estamos dentro de un estado de derecho que nos ampara a todos, o más bien, debe amparar a todos respetando los derechos y libertades de las personas. Quiero decir que no debemos tener miedo a denunciar las situaciones decretadas por el gobierno en las que se nos priva de dar testimonio público de nuestra fe. A los bares se les permite un aforo determinado respetando las normas establecidas para la situación, que a mí me parece estupendo… ¿Por qué no se nos permite a nosotros el culto público respetando las mismas normas?

Puede ser que tengamos miedo a denunciar. Lo comprendo. Pero ¿por qué tenemos miedo? A bote pronto se me ocurren tres razones: porque somos débiles y conocemos nuestras carencias e ignorancias; por el mal que nos rodea: la oposición y persecución ha sido una constante en la historia el cristianismo; y, por último, porque tememos al qué dirán. Este es un miedo difuso. El primero tiene una razón en nuestras limitaciones, el segundo en el ataque de que somos objeto, pero el último, no tiene más fundamento del que nos podamos imaginar.

Entonces, ¿dónde debe sacar el cristiano el valor? Releamos de nuevo el Evangelio. En él podemos encontrar tres razones. A saber: de la fuerza y de la verdad cuando es proclamado con la sinceridad del que lo cree; de la fuerza interior del que evangeliza. La fuerza interior es la personalidad del que evangeliza; por último, porque contamos con Dios en esa misión: “El Señor está conmigo como fuerte soldado…”

Queridos amigos no perdamos la esperanza. Miremos a nuestra Madre, la Virgen del Rocío, ella fue fiel en todos los momentos aunque fueran duros y difíciles. Ella nos ayudará en nuestra labor de anunciar la verdad.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Solemnidad del Stmo. Cuerpo y Sangre de Cristo. Evangelio y Reflexión

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y hermanos en Cristo.

Justo en el meridiano de esta tercera fase, decretada por las autoridades competentes con “un montón de nuevas normas”, nos volvemos a encontrar en este rincón abierto a la esperanza para meditar sobre la solemnidad que celebramos: el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Como no puede ser de otra forma, dejaremos que la Palabra de Dios y la fiesta que conmemoramos ilumine nuestra realidad.

Ya la crisis económica, tanto nacional como mundial que se anunció con el inicio del confinamiento, ha comenzado a despuntar y va agregando, cada día a la lista de las consecuencias, más víctimas con nombres, rostros y apellidos. Por otra parte, estas dificultades económicas, siendo realistas y claros, no nos va afectar a todos por igual. Por ello, deberíamos encontrar nuevas formas de acción para que la solidaridad y compromiso con la justicia, en la medida de nuestras posibilidades, ayude rescatar a tantos hermanos nuestros que han perdido todos sus ingresos.

Es una tarea de todos y, nosotros como cristianos, no podemos eludirla o mirar hacia otro sitio. Debemos hacer realidad las palabras de Jesús en el Evangelio: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Por tanto, tenemos la obligación moral, al alimentarnos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de expresar el amor fraternal de una forma viva y manifiesta. Esto es, de “partir el pan” -siendo consciente de todo el contenido que esta expresión encierra- con los que más lo necesitan.

La fiesta del Corpus celebra el día del Amor, el día de la Caridad. Amar a Dios y al prójimo van siempre de la mano. San Juan nos dice que lo contrario sería caminar en la mentira: no puedo amar a Dios que no veo sin amar al hermano que veo. Por consiguiente, ese amor debe traducirse en obras, en realidades concretas que ayuden y dignifiquen la vida de nuestros hermanos, especialmente la de los más necesitados. Mostremos al mundo cuál es el origen de la verdadera alegría de sentirse rociero: Caminar con María hacia Cristo, Pastor Divino de nuestras almas.

Algunos dirán: ¿y los políticos qué? También es tarea y responsabilidad de los partidos políticos que deberán estar a la altura de la situación y buscar, por encima de todo, el bien común dejando a un lado los intereses partidistas. En definitiva, es urgente que toda la clase política pacte una estrategia común que nos ayude a superar la crisis. Ahora bien, la responsabilidad política no es óbice para que nosotros obviemos nuestro compromiso. Los valores del Reino exigen de nosotros la entrega constante y permanente en la transformación social, independientemente de que otros lo hagan o no.

Santa María de las Rocinas, Madre de Dios y nuestra intercede ante el Pastorcito Divino para nos envíe su Espíritu y nos ayude a llevar a cabo nuestra labor como hijos de Dios y miembros de la Iglesia.

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Solemnidad de la Santísima Trinidad. Evangelio y Reflexión

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

 Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y hermanos todos en el Pastor Divino:

De nuevo estoy con vosotros desde este rincón de la esperanza. Ya en los umbrales de la fase tres de la desescalada. Cada vez queda menos para volver a la “normalidad” y recuperar los detalles, expresiones de cariño y amor.

Hoy celebramos el Domingo de la Santísima Trinidad, uno de los misterios y solemnidades más importantes del calendario litúrgico. Aunque algunos se preguntarán qué es eso de la Santísima Trinidad. No está de más recordarlo, así refrescamos nuestra memoria y aclaramos en qué Dios creemos. Pues hay muchos por ahí, que cuando se le pregunta en quién cree las respuestas que dan son, muchas veces, sorprendentes. Vamos, que el elenco de respuestas que encontramos van desde lo más claro de nuestra fe, hasta una amalgama o magma sincrético de creencias, que uno cuando las escucha dice en su interior: ¡Por Dios que cacao mental! Y así, nos luce el pelo a todos los que formamos la Iglesia. Esto evidencia, que adolecemos, en una gran mayoría, de una formación que nos clarifique los principios de nuestra fe y nos ayude a ser auténticos cristianos.

Los católicos creemos en un Dios que es Uno y Trino a la vez. Es decir, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Así lo aprendíamos cuando éramos pequeños en nuestras catequesis. Sí, pero ¿qué quiere decir que Dios es Trinidad? Ahora intentaremos contestar, sin olvidar que pertenece a uno de los grandes misterios de nuestra fe. Afirmar que Dios es Trinidad, equivale a decir que Dios es comunidad de amor. La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas que no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza” (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). Las tres Personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único, pero no solitario” (Fides Damasi: DS 71).

No se trata simplemente de maneras de nombrar modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí, (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 530). También lo son en cuanto a sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede” (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS 804). La Unidad divina es Trina, por lo tanto, amor expansivo. De hecho, hemos sido creados por amor y para el amor: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen. 1,26-27)

Si Dios es amor, la mejor definición del hombre es que este también es amor, pues ha sido hecho a imagen y semejanza del AMOR. Por tanto, cuando el hombre ama, se identifica con lo que es, con su origen. Cuando hace lo contrario, se está negando así mismo y se cierra al camino de la felicidad, que no es otro que su unión con la Trinidad, que es amor pleno. El hombre no puede ser feliz, si no es en el camino de la entrega al otro, como la felicidad de Dios está en amarse dentro (de la Trinidad) y fuera (al hombre).

Pidamos a nuestra Madre, la Virgen del Rocío que nos ayude cada vez más a adentrarnos en el misterio de Dios para conocerlo mas y hacer de su vida nuestra vida.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.
Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información en nuestra Política de Cookies

Privacy Settings saved!
Configuracion de Privacidad

Cuando visita un sitio web, puede almacenar o recuperar información en su navegador, principalmente en forma de cookies. Controle sus servicios personales de cookies aquí.


Estas cookies se utilizan para recoger información sobre cómo usan estas páginas web nuestros visitantes. Toda la información es recogida de forma anónima y puede incluir datos como el navegador que se está utilizando, número de páginas vistas. Esta información nos ayuda a mejorar esta web y su experiencia al visitarnos.
  • _ga
  • _gat
  • _gid

Rechazar todos los servicios
Acepto todos los servicios