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Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo III de Pascua

Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

Toda la Palabra de Dios incide este día sobre el mismo tema: la resurrección de Jesucristo nos exige comenzar una vida nueva dejando atrás la vida de pecado para cumplir con los mandamientos y acoger su Palabra. La fe en el resucitado tiene fuerza para cambiar la vida de cualquiera que lo reconozca como Mesías y Salvador. Así lo experimentan Pedro y Juan.

Nosotros, como siempre, nos centraremos en el evangelio. Éste comienza con el testimonio de los discípulos de Emaús que lo reconocieron al partir el pan (Eucaristía). ¿Por qué al partir el pan? Ya habíamos hablado de este tema en la reflexión del domingo de resurrección. Es decir, no sólo resucita Jesús, si no con él sus palabras, gestos, acciones, … y como se trataba de un cuerpo glorioso, a veces tiene que volver a acciones cotidianas para ser reconocido. ¡Pues los suyos no acababan de entender!

Partir el pan tiene dos sentidos importantes: uno humano, de solidaridad, compartir, (partir-con) de donación, etc. Que es fundamental en la vida cristiana. Uno sabe cuando se es cristiano hasta que no se le toca el bolsillo. Otro espiritual, de eucaristía que conviene descubrirla desde la fe. Así lo vivió la primera comunidad cristiana; el domingo, el primer día de la semana, se reunían a partir el pan de la Palabra y del sacramento, y por ende todo lo ponían en común. ¡Cuánto nos queda que aprender!

La vida nueva que nos exige la resurrección de Jesús pasa por saber que en la celebración de la eucaristía dominical tenemos que aprender a partir el pan, esto es: compartir con los otros nuestros bienes espirituales y materiales (dinero, tiempo, palabras, cariño y, por supuesto, la fe). La generosidad y gratitud debe ser nuestro estandarte y bandera. De otra forma, nuestro testimonio no sería creíble.

La comunidad cristiana debe aprender a convivir, nadie nos puede resultar extraños, todos somos hermanos al celebrar la eucaristía y en la vida cotidiana. Pues todos estamos llamados a compartir una misma comunión, una misma fe y un sólo Dios y Padre. Todo este caminar hay que realizarlo desde el servicio al que nos invita el amor. Es decir, desde el recuerdo del lavatorio de los pies en el día del Jueves Santo. Con la misma docilidad, humildad y entrega que lo hizo Jesús con los suyos estamos llamado a realizarlo nosotros con nuestros hermanos.

Vivir la fe en Jesús resucitados significa salir de nuestra comodidad, ponernos en caminos donde nos necesiten, denunciar las injusticias, vivir la verdad y amar de corazón a nuestros semejantes como el mismo Cristo nos amó a nosotros. NO PODEMOS SER INSOLIDARIOS Y VIVIR UNA FE ACOMODADA A NUESTRO ANTOJO.

Santa María del Rocío, derrama tu gracia en nuestros corazones para poder vivir como tu Hijo, el Pastor divino, nos enseñó.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo II de Pascua

A los ocho días, llegó Jesús

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 Estimados amigos y hermanos todos.

Con el domingo de resurrección comenzó el Tiempo Pascual. Etapa que para el cristiano es como un gran domingo que va a durar cincuenta días. Es el ciclo más importante de nuestra vida cristiana pues, como dice San Pablo: “si Cristo no hubiese resucitado vana es nuestra fe”. Por tanto, la Iglesia es una comunidad que celebra a Cristo resucitado y da testimonio del mismo a través de sus frutos.

Tras la muerte injusta y humillante de Jesús sus seguidores quedan desconcertados y huyen despavoridos por miedo a los judíos. Pero Jesús no está muerto, sino que aparece vivo en medio de los suyos como ya lo había anunciado. De ahí que el evangelio de hoy nos recuerde que la fe es capaz de hace que el grupo de los discípulos, cerrados en si mismos, se transforme por la fuerza del Espíritu en una comunidad misionera.

Los primeros frutos de esta incipiente comunidad no se hicieron esperar: la puesta en común de sus bienes para que nadie pasara necesidad, la Koinonía. Su forma de vivir transmitía fraternidad, acogida, simpatía y eran bien vistos y apreciados incluso por los corruptos romanos. ¿Gozamos nosotros de esa simpatía en nuestra sociedad? ¿Qué nos pasa?

Lo único que nos ocurre es que nos hemos alejado de Jesús, de la fuente de nuestra fe. Damos más importancia al culto que a la persona. Hacemos más las cosas por inercia y costumbre que por convencimiento. En una palabra, existe un divorcio entre la fe y la vida. Cerrar la mano, el pensamiento y el corazón al otro atenta al núcleo del Evangelio y desvirtúa la experiencia compartida de la resurrección. Todavía podemos solucionar esta situación redescubriendo la frescura del evangelio. ¿Cómo? Volviendo a las fuentes, es decir a la Palabra que nos ha sido dada como testimonio de nuestra fe.

Algunas pautas antes de comenzar a meditar la Palabra de este día. El evangelio debe entenderse en su contexto. Todo cuanto se narra en él acontece en domingo. No se debe leer estas apariciones de Jesús como crónicas históricas, sino como reflexión que la comunidad pascual hace en torno a la mesa del Señor, lugar de encuentro privilegiado para los que creen en Él sin haber visto.

El relato que hemos leído está dividido en dos escenas. La primera sucede el mismo día de la Pascua y narra la aparición de Jesús a un grupo de discípulos, encerrados por miedo a los judíos, entre los cuales no estaba Tomás. Con las palabras «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» Jesús les invita a superar el miedo y aceptar el reto de la misión. ¿Estás dispuesto a aceptar el reto que te propone a ti Jesús?

La segunda parte narra la aparición a Tomás. Este no reacciona como los otros compañeros, sino que exige signos para palpar tangiblemente que Jesús está vivo. Tomas cometió dos errores: separarse de la comunidad y no creer en el testimonio vivo de sus compañeros. ¿Cuándo nos daremos cuenta que el camino de la fe no es “ver y tocar” ?, sino el testimonio de la comunidad. Bienaventurados los que crean sin haber visto.

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra, aumenta nuestra fe para que podamos dar testimonio en nuestro mundo de la resurrección de tu Hijo Jesús, Mesías y Salvador.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo de Resurrección

Él había de resucitar de entre los muertos

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y le dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no había entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos todos.

Vuelve a renacer la primavera de la vida, donde un ayer que pasó cubrió de aridez y oscuridad todo el orbe. Sí, la Pascua no es una fiesta más. Es la fiesta de la VIDA y de la LUZ: la celebración del triunfo de Jesús sobre la muerte. Ya no habrá más llanto, luto ni dolor porque el mayor enemigo del ser humano ha sido aniquilado. Hoy la Tierra gritará desde sus entrañas el Aleluya de la VIDA y de la RESURRECCIÓN.

La Iglesia celebra con gozo y fuerza la Pascua para experimentar el paso del Señor por nuestras vidas y hacer realidad en nosotros la promesa del Padre: la Salvación para todos los que confiesan que Jesús es Mesías y Salvador. Así brotará en nuestro corazón las flores de la Alegría y de la Liberación. Dios nos libra radicalmente del mal y nos impulsa a comprometernos con la liberación de todos los crucificados de la tierra.

Ciertamente, el Resucitado es el mismo crucificado. El mismo que lleva en su cuerpo los signos de la pasión, las heridas que nos han curado. Con la Resurrección de Cristo resucita no sólo su persona, sino todo. Es decir, vuelve a tener vigencia sus palabras, gestos, acciones, valores, su cercanía para con los pobres, su solidaridad, la compasión con los necesitados y enfermos, la lucha contra la injusticia, el amor a la verdad, la solidaridad y el perdón como signo de amor y fraternidad. Todo vuelve a cobrar fuerza con la Resurrección.

De esta forma, nuestra muerte, por la fuerza de la resurrección, es también el comienzo de algo nuevo. Él ha pagado por nosotros un rescate a precio de Sangre, abriéndonos las puertas para vivir como resucitados en este mundo tan necesitado de Vida y de Luz. Creer en la resurrección es creer en el Dios de la vida. Y por ende, estar en contra de toda cultura de muerte que se nos quiera imponer.

No nos engañemos, aquí nadie puede realizarse plenamente porque somos seres finitos y limitados. La resurrección de Jesús es la primicia de que en la muerte se nace ya para siempre y la verdadera posibilidad que tenemos de ser algo en Dios. Por consiguiente, somos nosotros los que ahora tenemos la responsabilidad de vivir como resucitados.

Pero he ahí la gran cuestión: ¿qué significa vivir como resucitados? Significa servir y colaborar con Jesús sin descanso en el proyecto del Reino, buscando los bienes de arriba, los valores del evangelio, con una vida en plenitud y con una presencia en la sociedad distinta y renovada. Cristo vino para darnos vida, vida en plenitud y abundancia. Nosotros estamos llamados a coger el testigo si verdaderamente somos discípulos suyos.

La Resurrección de Jesús es la certeza de que la obra que Dios Padre comenzó antaño en nosotros se llevará a su término, Cristo es la primicia del cumplimiento de esa promesa.

Santa María del Rocío te pedimos que la resurrección de tu Hijo Jesucristo, Pastor Divino, inunde nuestros corazones y nos haga vivir como resucitados.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Domingo de Ramos

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 15, 1-39

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?».

Él respondió: «Tú lo dices».

Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo».

Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?».

Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo».

Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!».

Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz. Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».

De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?». (Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías».

Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos y hermanos todos.

El Domingo de Ramos, también llamado Domingo de Pasión, nos abre la puerta al Triduo Pascual y nos invita a vivirlo con intensidad. Por eso, antes de seguir con la reflexión, me parece oportuno que nos planteemos la siguiente cuestión: ¿Cómo vamos a entrar en la Semana Santa? Pues, la vivencia y celebración de estos grandes misterios va a depender mucho de la respuesta que demos.

Así es, por desgracia hay muchas formas de vivir esta gran semana: Puedes hacerlo como espectador, es decir contemplando todo como alguien que va a ver una película sin más, como persona religiosa que se acerca a recordar lo que aconteció en su época a Jesús pero no deja huella en su corazón o bien podemos entrar como cristianos de fe que intentan actualizar en sus vidas el misterio de Cristo muerto y resucitado. Este último es el camino válido para que no sea una Semana Santa más.

Si así lo vivimos, la Semana Santa se convertirá para el cristiano en un tiempo en el que podamos confrontar nuestro proyecto de vida con el de Cristo. La Pasión no será sólo un relato de lo ocurrido a Cristo, sino un grito de lo que sigue pasando en cada persona que sufre: en cada ser humano torturado por el paro, la enfermedad, el dolor, el hambre, la soledad, la marginación y la falta de esperanza. En definitiva, por todos los crucificados de la tierra.

Los evangelios que se proclaman este día nos van a poner delante de nuestros ojos un Mesías paradójico: Jesús entra en Jerusalén (ciudad que asesina a los profetas) aclamado como rey por la multitud montado en la sencillez y humildad de un pollino. Él sabe que su fin está cerca, sin embargo entra de forma triunfal arropado por la algarabía de la gente y de los suyos que tampoco comprenden bien lo que está ocurriendo.

Por otra parte, al mismo Mesías se refiere el profeta Isaías con el nombre de Siervo de Yahvéh desfigurado por los golpes y ultrajes, como alguien dispuesto a dar la vida por otro. San Pablo, en la misma línea, nos muestra a Cristo despojado de su rango pasando por uno de tantos hasta ser considerado como un malhechor condenado a muerte de Cruz (Flp 2,6-11) ¿Qué significa toda esta paradoja?

No se trata tanto de entrar en profundidades históricas y exegéticas, como de meditar sin prisas la Pasión de Cristo desde el amor. Pues sólo desde el amor podemos descubrir el triunfo de la vida y la humildad personificada en el animal más paciente y sencillo (entrada en Jerusalén). A la vez, asumir el itinerario de Kénosis (vaciamiento, anonadamiento) que todo cristiano debe recorrer si quiere serlo de verdad.

El evangelista Marcos quiere hacernos ver que la lógica de Dios es muy distinta a la nuestra. De ahí, que la cruz sea un escándalo y confunda a la sabiduría humana, porque El Dios de la cruz, no es Dios por ser poderoso, sino por ser débil y crucificado. Con otras palabras, mediante la humillación se consigue la exaltación.

Santa María del Rocío, que en la pasión permaneciste fielmente al lado de tu Hijo, Ntro. Sr. Jesucristo, hasta el final. ayúdanos a buscar la humildad para seguir los pasos de Cristo, Pastor Divino, sin desalentarnos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. V Domingo de Cuaresma

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos y hermanos todos.

Introducidos en el último domingo de cuaresma, pórtico de la Semana Santa, la Iglesia nos invita a entrar de lleno en el gran misterio para el cual nos hemos venido preparando durante cuarenta días: la Pasión, Muerte y Resurrección de Ntro. Sr. Jesucristo. Con otras palabras, para vivir la mayor fiesta de la Iglesia, la Pascua. Es decir, el paso del Señor por nuestras vidas.

Todavía estás a tiempo para una buena preparación, aprovecha el momento y déjate llevar por el Espíritu. No dejes que esta sea una Pascua más. Deja que la fuerza de la Resurrección transforme tu vida y te haga vivir como hombre nuevo. Como auténtico discípulo del Maestro. Sabiendo de antemano que para resucitar inevitablemente hay que pasar por la muerte. No tengas miedo, ya decía Santa Ángela de la Cruz que no hay “cruz sin gloria”.

Así lo dice Jesús en el Evangelio de hoy: “ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado”. Jesús siente cercana la presencia de la “hora”, que es la cruz, porque es la hora de la verdad de Dios. En este sentido está tomada la metáfora del “grano de trigo” que acentúa la necesidad de morir para ser fecundo y dar fruto abundante. ¿Estás dispuesto a ser grano de trigo? ¿A entregar tu vida por los demás?

No podemos olvidar que el discípulo (el creyente) ha de vivir como Jesús y correr la suerte que Él corrió. Con una vida dada y entregada desde el servicio y seguimiento más radical en el amor. Soy consciente que el camino a recorrer es arduo y harto difícil, pero tenemos la certeza de no caminar solos, sino acompañados por el Espíritu. Y, al igual que en Él, la respuesta del Padre no se hará esperar: “lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.

La muerte   a Jesús no le llega como ellos creen y de cualquier manera; no le roban la vida, no se la quitan, sino que la asume y entrega desde su libertad con todas sus consecuencias. De ahí que, con una conciencia clara de su misión, nos hable del grano de trigo afirmando que si no cae en tierra y muere no puede dar fruto.

Hay que tener en cuenta que para el evangelista Juan el Crucificado es a la vez el Resucitado. Y la expresión de la palabra “hora” hace referencia al momento de la muerte y esta, a su vez, a la hora de la gloria. Es la hora de la verdad, de la Pasión-Glorificación. Así queda de manifiesto que   desde la cruz se expresa el triunfo de Jesús dando vida eterna a todos los que creen en Él y también se realiza el juicio del Mundo.

Todo parece demasiado extraordinario; en Juan no puede ser de otra manera, pero también es muy humano. Jesús no tiene miedo a la hora de la verdad porque confía plenamente en el Padre y advierte que los suyos tengan también esta misma disposición. La vida verdadera solamente se consigue muriendo, dándola y entregándosela a los demás. ¿Estás dispuesto ha experimentar esa vida nueva?

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra, danos la fuerza para permanecer en el seguimiento de Jesús, Pastor Divino, imitándole hasta el final.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. IV Domingo de Cuaresma

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por Él

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos y hermanos.

Cuando iniciamos con prudencia y paciencia la tercera desescalada, siguiendo las normas pertinentes, nos asalta en nuestro caminar una preocupación más: el panorama político español. Como si no tuviéramos bastante con la pandemia, la gestión de la misma y sus consecuencias económicas, ahora hay que añadirle: mociones de censura, convocación de elecciones, presiones partidistas interesadas que ignoran el bien común, la lacra de la corrupción, la falta de ética profesional… En fin, ¿cuándo va a acabar esto?

La Cuaresma, en cuanto periodo penitencial, es un tiempo de gracia, y como tal, sólo puede comprenderse desde una clave de lectura: la misericordia de Dios. Con la que está cayendo, si no fuera por la fe, esperanza y caridad no habría quien aguantase. El Evangelio nos anima a reflexionar sobre nuestra fe y nuestro estilo de vida porque sólo desde la fe podemos aceptar o rechazar la salvación y vida que Dios nos ofrece.

Así es, queridos amigos. El amor de Dios es la esencia de toda su actuación en la Historia de Salvación: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. La voluntad universal de Dios es la salvación de todos los seres humanos pero somos nosotros los que decidimos en última instancia.

Esta es la feliz noticia que nos regala el Evangelio en el que descubrimos dos ideas fundamentales: 1) la oferta de vida y salvación de Dios para todo el que cree en su Hijo. 2) La respuesta del hombre: la acogida o el rechazo. Por supuesto, será nuestra fe la clave que nos ayudará a escoger un camino u otro, “la luz o las tinieblas”. Este regalo de Dios tiene un motivo: el amor al mundo. Y, también, una finalidad clara: para que no perezcan ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna.

Con otras palabras, Dios Padre nos ama tanto que envió a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para que se salve por Él. Para ello, usa el símil de la serpiente colocada por Moisés sobre un mástil para que al mirarla sanaran los que habían sido mordidos por serpientes. Igual que cuando Él sea elevado atraerá a todos hacia Él, refiriéndose a la cruz que en el evangelio de Juan tiene un sentido especial: expresa el triunfo definitivo de Jesús, su glorificación. Desde la cruz Jesús da vida eterna a la humanidad.

Reina y Madre del Rocío, intercede ante el Pastorcito Divino para que nos ayude a crecer en la fe y optar por la vida que Dios Padre nos ofrece.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. III Domingo de Cuaresma

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos.

El tercer domingo de cuaresma nos sitúa en el ecuador del tiempo litúrgico que conduce a la Pascua. Atrás queda el desierto con sus tentaciones y pruebas para seguir, desde la gloria experimentada en la Transfiguración hasta Jerusalén, tierra que asesina a los profetas.

El Evangelio de hoy nos ofrece el episodio de Jesús expulsando a los mercaderes del templo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» ¡Qué distinto al Jesús de los domingos anteriores! Pero todo tiene su explicación. El templo de Jerusalén era para los judíos el lugar más sagrado, pues allí se celebraba el culto y se ofrecían los sacrificios. Con este sistema, y al llegar peregrinos de todas partes, había nacido un auténtico comercio al servicio de los fieles.

Como consecuencia de la situación mencionada, el templo ya no se ajustaba a los planes que Dios tenía. Es decir, había demasiados intereses económicos, políticos y sociales que oscurecían su sentido religioso originario y obstaculizaban el encuentro de los peregrinos con Dios. Hasta el extremo de convertirse en un mercado con toda compra y venta de “favores divinos”.

Esta situación provoca en Jesús esa reacción que tanto nos desconcierta y a la que no estamos acostumbrados. Los discípulos interpretaron las acciones de Jesús desde el Antiguo Testamento: “Me consume el celo por tu casa; en mí han recaído las ofensas de los que te insultan” (Sal. 69, 9-10). Aun así, Jesús va más lejos, anuncia la destrucción del Templo y su reconstrucción en tres días. Él es el nuevo templo de Dios.

Queridos amigos, lo que Jesús pretende anunciar, proféticamente, es una religión nueva, personal, sin necesidad de “sustituciones”. Él denuncia el culto vacío y la religión que no se hace vida, es decir la religión sin corazón con la que muchas veces queremos comprar a Dios. Más claro, condena ese tipo de religión sin fe y sin espiritualidad que se ha dado y se sigue dando por desgracia en la Iglesia.

Cristo quiere que vivamos un culto en espíritu y en verdad. Una religión más humana, liberadora, comprometida, donde lo importante es dar la vida por los demás, como se hace al mencionar el “cuerpo” de Jesús que sustituirá al templo. Pero, todavía seguimos prefiriendo al Dios de la ley, la religión del templo y la de los sacrificios. Tenemos que pasar de un cristianismo sociológico, sin incidencia en la vida, a uno comprometido y transformador. No podemos olvidar que Jesús nos ofreció una religión de vida.

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra, derrama el rocío de tu gracia en nuestros corazones para que podamos vivir una fe encarnada en la realidad como lo hizo tu Hijo, el Pastor Divino.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. II Domingo de Cuaresma

Este es mi Hijo, el amado

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos hermanos y amigos todos.

El domingo pasado decíamos, que la cuaresma es un itinerario que nos prepara para celebrar el misterio central nuestra fe: la Muerte y Resurrección de Ntro. Sr. Jesucristo. También anunciábamos, que la Palabra de cada domingo supone una auténtica catequesis que nos ayudará a vivir progresivamente ese proceso de conversión al Señor. Sólo basta querer, buscar tiempo para orar con Jesús y dejarse llevar por el Espíritu.

Hemos dejado el silencio y la soledad del desierto para participar de otro momento con Jesús. Pero esta vez, el encuentro será en un monte alto. La montaña, al igual que el desierto, también tiene un sentido simbólico para el pueblo de Israel: es lugar privilegiado de búsqueda, encuentro y escucha de Dios. Ahora bien, subir a ella requiere esfuerzo, constancia y superación hasta alcanzar la cima. Es como el Reino, tarea nuestra y don de Dios.

Si quieres adentrarte y profundizar un poco más es necesario salir de la rutina, de la comodidad cotidiana y ponerse en camino hasta encontrarnos con el misterio: la Transfiguración. Una de las grandes Teofanías (manifestación de la divinidad) de la Escritura. Misterio que a nadie deja indiferente y supondrá una experiencia intensa para nosotros, como lo fue para sus discípulos, pues nos hará comprender la misión de Jesús y la nuestra.

El cambio que se produce en los protagonistas del relato es notable: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Sus corazones se llenaron de esperanza hasta transfigurar sus vidas. A partir de ese momento, comenzaron a vivir el futuro con esperanza como fruto de una fe confiada. Aun sabiendo, que no hay Gloria sin cruz ni muerte. Pero los discípulos seguirán sin entenderlo.

La determinación de Jesús de bajar del monte hacia Jerusalén, lugar de la Pasión, supone la decisión radical de transformar el mundo, la religión y la vida. Esa vida nueva y distinta tiene un precio muy alto: la muerte. Por eso Pedro no quiere bajar. Con otras palabras, la gloria experimentada en este monte llama a otro monte, el del Calvario, para que se viva como realidad plena.

Jesús ha contemplado el triunfo de la resurrección en esa experiencia intensa con el misterio de Dios. Sabe que no está solo: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». Y con esa confianza que le da la voz del Padre continúa su camino acompañado de los suyos, aunque estos no hayan entendido con claridad lo que Jesús les ha revelado. ¿Entendemos nosotros lo que Jesús nos quiere decir?, ¿Estamos dispuestos a acompañarle y colaborar con Él?

Santa María del Rocío, Madre de Dios y nuestra, danos tu gracia y entereza para que no flaqueen nuestras fuerzas y podamos colaborar con tu Hijo, Pastor Divino, en la misión que el Padre nos encomienda.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. I Domingo de Cuaresma

Era tentado por Satanás, y los ángeles lo servían

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos y hermanos.

Comenzamos un tiempo litúrgico fuerte, la Cuaresma. El itinerario cuaresmal tiene como finalidad prepararnos para vivir el misterio fundamental de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.  Es un momento especial para alejarse del pecado y volver a Dios, a través de la oración, la escucha de la Palabra, la conversión de fe a Dios y de amor a los hermanos.

La Cuaresma nos invita a entrar en el desierto de nuestra existencia para encontrarnos en soledad con Dios y poder vencer, desde el Evangelio, las tentaciones que nos acechan. No olvidemos que el desierto para el pueblo de Israel no es sólo el lugar de la prueba, sino también de purificación. Es una propuesta del Señor, una mano tendida, desde el cariño y la gratuidad, para que recuperemos la armonía y el estado de gracia primitivo, la del paraíso.

En el relato de Marcos, encontramos tres puntos o claves para este fin. Temas a los que también ha hecho referencia el Papa Francisco: las tentaciones, “el Espíritu empujó a Jesús al desierto… para ser tentado por Satanás”; la proclamación de la Buena Noticia en Galilea y, por último, la invitación a la conversión: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio”

La respuesta por parte del hombre a esta invitación de Dios es clara y se expresa en dos actitudes: la conversión y la fe. No caigamos en el tópico de siempre, pensar que Jesús venció las tentaciones por ser de condición divina. Nunca más lejos de la realidad. Ser Hijo de Dios, no le exime de participar en la historia humana con sus gozos, pruebas y tribulaciones porque también era verdadero hombre. Él, al igual que el pueblo de Israel, tuvo que recorrer el duro camino que conduce a la salvación.

De ahí, que la fe sea un presupuesto fundamental en este peregrinar. Ella nos hace abrirnos a Dios, nos predispone a escucharle y descubrir su proyecto. Esta actitud, provoca en nosotros el proceso de conversión que comienza cuando acogemos el Reino de Dios, que transforma nuestra vida y se fortalece en la medida en que nos implicamos en su construcción. Por eso decimos, que la conversión implica un doble movimiento: el esfuerzo por cambiar de vida y la apertura a lo gratuito.

En definitiva, estimado amigo, las tentaciones están siempre presentes en la vida y suponen una invitación a optar por el camino que nos propone el Padre o elegir el que nos ofrece el tentador. ¿Qué hacer? La respuesta es clara: escoger el camino propuesto por el Padre y dejarnos guiar por la fuerza del Espíritu para vencer el mal, siendo fieles a Dios por encima de todas las sugerencias de poder y de Gloria.

Santa María del Rocío, Madre y Maestra de la fidelidad, enséñanos a mantenernos incondicionalmente fieles al proyecto de Jesús para con nosotros y así, desde su vida, poder vencer toda tentación que nos acecha.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. VI Domingo del Tiempo Ordinario

La lepra se le quitó, y quedó limpio

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y hermanos todos.

Un domingo más con vosotros para compartir el evangelio y ver como la Palabra de Dios nos revela su proyecto e ilumina nuestra realidad. Falta nos hace a todos esa luz. Gracias a Dios, ya hay personas que van tomando conciencia del efecto que está produciendo la pandemia en la humanidad. No me refiero sólo a las consecuencias económicas, con todo lo que estas conllevan, sino también a la “nueva normalidad” que está generando el dichoso virus.

Cuando Jesús inició su vida pública y se encontró cara a cara con el drama que provocaba en Israel ciertas realidades que marginaban a las personas, hasta excluirlas de la vida social, se indignó por completo. Y no es para menos. La realidad de la lepra hacía que estos enfermos fueran considerados impuros y, por consiguiente, apartados de todos los actos religiosos y sociales. Si a esto le añadimos, dentro de una sociedad teocéntrica, que dicha enfermedad era vista como signo de pecado o castigo de Dios, la cosa se complica más.

En el pasaje de Marcos, la actitud de Jesús manifiesta una nueva interpretación de la vida. Con Él todas las marginaciones serán redimidas. Así lo afirma el relato de hoy: “Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo… queda limpio”. Es decir, Cristo se puso en su lugar “sintió lastima”, “extendió su mano y lo tocó” hasta sanarlo. ¡Qué generosidad, acogida y cercanía la de Jesús! Es sorprendente.

Con su acción Jesús consigue un doble efecto: por una parte, al sanar al enfermo le devuelve de nuevo la dignidad y por otra, reintegra a la persona en la sociedad que lo había marginado como uno más. ¿Cómo nos acercamos hoy a los nuevos marginados? ¿Ayudamos a ellos, como Jesús hizo, a reintegrarse en la sociedad?

Jesús fue quien se adelantó, rompió con todas la barreras sociales, legales y religiosas que separaban a las personas en buenos y malos, puros e impuros, sanos y enfermos. El contacto con Jesús supone un latido de nueva vida para todo el que lo necesita. Antes hay que reconocer nuestra “lepra” y querer que Cristo nos sane. ¿Necesito que Jesús me toque para sanar mi corazón? ¿Soy capaz de pedirle que me limpie con la humildad que lo hace el leproso?

Queridos amigos, si queremos ser auténticos cristianos, tenemos que dejarnos interpelar por la Palabra de Dios y revisar nuestras actitudes a la luz de la acción de Jesús. La pandemia está cambiando nuestra forma de relacionarnos, de expresar nuestro cariño, de acoger a los demás y dejarnos acoger por ellos, de estar en los momentos difíciles, de dejarnos paralizar por el miedo, … no se trata de transgredir las normas, sino de buscar nuevas formas para “estar” con los otros y, sobre todo, con los que más nos necesitan.

A tu corazón Inmaculado, Madre y Señora del Rocío, nos encomendamos y te pedimos por medio de tu Hijo Jesucristo, Pastor Divino, que nos ayude a buscar nuevos cauces de relación con los demás y no pasar de largo ante cualquier miseria humana.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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