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Coronación Canónica


La coronación canónica de la Virgen

En 1918 aparece publicado en el Correo de Andalucía un artículo firmado por el canónigo de la catedral de Sevilla, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón: “La pelota está en el tejado”, en él, el autor hacía una reflexión cuestionándose cómo la Virgen del Rocío, gozando de una tan extendida devoción en Huelva, Sevilla y Cádiz, aún no estaba coronada canónicamente. Una idea que recibió cientos de cartas respaldando la tan acertada iniciativa.

  1. Ignacio de Cepeda, Vizconde de La Palma, escribió el libro titulado “Crónica de la Coronación”, donde describe con todo detalle cómo se organizó este importante acontecimiento.

Tan pronto se puso en marcha la idea, el entusiasmo fue unánime en todos los pueblos rocieros y los donativos se contaron por centenares. En un listado interminable de donativos, publicado en el Boletín Oficial del Arzobispado Hispalense, aparece quien dona desde una peseta, a un brillante o desde un huevo hasta el sueldo de un mes de trabajo. La corona de la Virgen fue fruto de todos esos donativos y la corona del Niño fue donada por Dña. Juana Soldán, de La Palma del Condado.

El 8 de septiembre de 1918 fue aprobada en Roma la coronación canónica de la Virgen del Rocío. Siendo Papa Benedicto XV. En la romería del año siguiente, el 8 de junio de 1919 la Virgen era coronada por el Cardenal Almaraz, Arzobispo de Sevilla, en el Real del Rocío, donde hoy está colocado un monumento en recuerdo de aquel importante acontecimiento.

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