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Evangelio y Reflexión del IV Domingo de Cuaresma


Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: (Fue, se lavó y volvió con vista.)

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
El respondía:
-«Soy yo.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó: «Que es un profeta.»

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lec­ciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.»
Y se postró ante él.

 

Reflexión

Hoy, como tantas veces en estos días de confinamiento, he recibido multitud de WhatsApp referentes a la situación que estamos viviendo. Unos; con bromas para reír un rato, otros; con información sobre de los estragos que está produciendo el “coronavirus”, su evolución en la propagación o contagio vertiginoso y, también, las recomendaciones para prevenir el contagio y no contagiar. La mejor de todas: “quédate en casa” como la clave de prevenir y de no contagiar. Pero… ¿cuánto cuesta obedecer?

Pues bien, de todos los WhatsApp recibidos, mi hermana me ha enviado uno de un profesor de los Maristas de Huelva que me ha llamado poderosamente la atención por su belleza, profundidad, y verdad en el contenido. Ahora lo reproduzco para que también vosotros reflexionéis con estas palabras tan acertadas:

Tuvo que llegar la Cuarentena para entender, por fin, la Cuaresma.

Exilio interior, desierto en tu propio oasis, ayuno de codicia, caridad vecinal. Limosna de llamadas olvidadas, modelos humildes, desnuda conciencia de finitud. Deseos ilimitados de vernos, tocarnos, hermanarnos, salir de nosotros mismos.

¿Quién nos creíamos que éramos?” (Miguel Fuentes Arias)

La tentación mayor del ser humano de hoy, es querer ser Dios. Y esto, se manifiesta de diferentes formas: jugando a ser Dios…; anulando a Dios de su realidad y convirtiéndose él en el dios de su propia existencia; buscando otro “dioses efímeros” que nos colmen de plenitud y doten de sentido nuestra vida, …. En fin, que decir más.

Por desgracia, tiene que ocurrir situaciones como las actuales para llevarnos a poner de nuevo los pies en el suelo, para frenar el ritmo vertiginoso en el que vivimos y, sobre todo, a plantearnos seriamente qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida. Y es, que esta situación nos hace tomar conciencia de que no somos “nada”, de nuestra “ceguera”, de nuestra finitud…

El evangelio de este domingo IV de cuaresma nos invita, como al ciego de nacimiento, a salir de nuestra ceguera, a abrir los ojos a lo importante, a dejar que Cristo ilumine tu vida para que con su luz colaboremos unidos en la gran obra de humanizar la sociedad. A valorar lo que somos y tenemos, los pequeños detalles que, a veces, pasan desapercibidos, a buscar lo que nos une o suma más que lo que separa… En definitiva, a tomar conciencia de que no estamos solos, sino que Jesús está siendo luz en esta incertidumbre y oscuridad que vivimos, está otorgándonos una nueva oportunidad de dejarnos guiar por Él.

Jesús, a través de María Santísima, se hizo carne y habitó entre nosotros. Así, por medio de su condición humana nos dio a conocer su condición divina. Es decir, en la humanidad de Jesús hemos conocido y hemos encontrado la divinidad, o sea, a Dios mismo. Por ello, cada vez que las personas se unen en un acto de solidaridad por contribuir al bien de todos hacemos posible la vida de Dios en nosotros y colaboramos con Él en el proyecto de hacer realidad un mundo mejor y más habitable.

Que nuestra Madre, Santa María del Rocío, que nos dio a conocer a su hijo Jesús, Pastor Divino, interceda por todos nosotros ante su Hijo para frenar esta pandemia que nos acecha y nos ayude a discernir la voluntad de Dios sobre nosotros.

 

Francisco J. Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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