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Evangelio y Reflexión del IV Domingo de Pascua


Yo soy la puerta de las ovejas

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas caminan delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Todos somos conscientes de los estragos y mellas que la pandemia está ocasionando en el corazón de las personas. Estos trastornos van poco a poco mermando la esperanza ante una evidencia clara y rotunda: el covid-19 no es lo peor, sino el desastre que está por venir en el terreno de la economía. Si a esto, le añadimos que cada mañana los medios de comunicación y las redes sociales nos traen un nuevo sobresalto, “mejor es tirarse por la ventana”. Por otra parte, desde nuestro corazón brota un deseo grande y fuerte de volver a la normalidad. ¿Pero a qué normalidad nos referimos? Si la normalidad es seguir con la vida que teníamos, mejor es obviar el futuro. Pues de nuevo seguirá alzando la voz y los gritos de los “sin voz y sin techo”. Es decir, normalidad que no gusta a los que siempre han sufrido más que nosotros: los pobres, desvalidos, explotados, las víctimas de violencia de género, …Incluso las personas que van a sufrir “el síndrome de la cabaña”, es decir, el miedo a salir de casa por riesgo a contraer la infección. Esa normalidad que nosotros deseamos y queremos, sería para ellos el hundimiento total de sus esperanzas y frustración de sus aspiraciones para salir de su situación concreta.

Este cuarto domingo de Pascua, es el domingo del Buen Pastor. Jesús es nuestro Buen Pastor. El salmo responsorial tiene como antífona: “El Señor es mi pastor, nada me falta… En verdes praderas me hace recostar… aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo …”  que palabra más hermosa para abandonarnos en el Señor, encontrar consuelo y fortalecer nuestra esperanza. Respecto a esto, el Papa Francisco, nos invita a mirar al futuro con esperanza. Ha repetido varias veces: “No os dejéis robar la esperanza. No permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”.

Juan, en el Evangelio, nos habla de Jesús como puerta (yo soy la puerta) por la que entramos y salimos sus ovejas y también, como buen pastor (yo soy el Buen Pastor). Son dos imágenes para explicar una misma idea. La puerta de la salvación por la que tiene que entrar el rebaño que sigue a su pastor. Pues sólo el “pastor” conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. Para Dios eres único. Dios no trabajan serie como los políticos. Para ellos sólo somos un voto más, en cambio para Jesús eres una persona llamada a vivir su Reino. Eres insustituible. Ahora bien, todo va a depender de ti y de seguir la voz del Pastor.

Cristo, Pastor Divino, nos conoce personalmente por nuestro nombre y nos abre la puerta de la vida en el aquí y ahora y nos garantiza que, siguiéndole, la encontraremos abierta en el más allá. La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza. Jesús en este evangelio se propone como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida.

Pidamos a nuestra Madre y Patrona, Santa María del Rocío, que interceda ante su Hijo, el Buen Pastor de nuestras almas y Pastor Divino del Rocío para que siempre nos ayude a escuchar la voz de su Hijo y nos de la fuerza para seguirlo hasta encontrarnos por medio de Él con el Padre.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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