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Evangelio y Reflexión del VI Domingo de Pascua


Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor

 

Reflexión

Queridos hermanos y amigos:

Una nueva primavera renace en nuestros corazones. De ahí, que todos hablen de una nueva normalidad. Es decir, mientras el virus esté paseando entre nosotros amenazando nuestra vida, hay que ser prudentes, vigilantes y no bajar la guardia. Por nuestro bien y el bien de los demás. A esta forma de vivir la llamamos “nueva normalidad” por las normas que tenemos que cumplir y poner en práctica.

En este largo tiempo de confinamiento hemos podido comprobar que era posible parar el mundo. Un mundo que marchaba a un ritmo vertiginoso y desenfrenado. Un mundo en el cual, no nos daba tiempo a digerir y aceptar su velocidad, con la consiguiente despersonalización e individualismo que esta situación iba produciendo y haciendo mella en los seres humanos. Pues bien, ahora tenemos tiempo, en esta nueva oportunidad de poner en marcha la “aldea global” de no caer en los mismos errores. Este tiempo nos debe hacer replantearnos qué tipo de sociedad queremos, cómo podemos construirla y lo más importante, qué debemos aparcar de nosotros para trabajar codo con codo en ese mundo nuevo donde se busque más lo que nos une y nos hace crecer, que lo que nos separa y divide.

El Evangelio de este domingo VI de pascua nos deja algunas claves para poder reflexionar y trabajar en este sentido. En primer lugar, comienza hablando de amor y finaliza también con la misma palabra: Si me amáis…”, “… yo también lo amaré y me manifestaré a él …” Es más, nos dice la forma de amar a Él y al Padre: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre…” Jesús nos pide para sentir y vivir esa experiencia de amor “ser fieles a su palabra”. Es decir, guardar sus mandamientos. Decía Pablo VI: “Si el hombre contemporáneo escucha al que enseña es porque éste da testimonio no porque sea maestro”.

Nuestra fidelidad al mensaje de Jesús será el mayor legado que dejemos a las próximas generaciones. Ahora bien, soy tremendamente consciente de que dicha fidelidad a veces nos es nada fácil, pero tampoco es imposible, si tenemos a nuestro alcance la herramienta más importante para mantenerla: la oración.

Por otra parte, Jesús nos recuerda en el Evangelio que en esta ardua tarea no nos dejará solos: “…yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. Será el Espíritu, el Paráclito, el Defensor el que nos ayude a permanecer en su Palabra y por consiguiente en su amor. Es el Espíritu quien irá, por medio de sus dones, construyendo junto a y en nosotros la vida de la Iglesia, que es lo mismo que decir, que siempre renueva con su fuerza nuestra vida creyente, fraterna y apostólica.

Ah, se me olvidaba algo importante que merece la pena aclarar, ser fieles a la palabra de Jesús es estar abiertos a su Espíritu, que nos renueva en la alegría, en la misericordia, en la audacia de la entrega. Por tanto, no es repetir ritos, dogmas y tradiciones… Ser fieles es amar como Jesús amó, con plena libertad, hasta llegar al Padre como origen y meta de nuestro amor.

Santa María del Rocío, el Padre te eligió para colaborar en la Historia de la Salvación por medio de la Palabra que se hizo carne en tu seno, ayúdanos a nosotros, mediante tu intercesión, a preparar nuestros corazones para que la Trinidad pueda morar en nosotros permaneciendo y guardando siempre su Palabra.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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