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Evangelio y Reflexión. Domingo XV del tiempo ordinario


Salió el sembrador a sembrar

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9 (forma breve)

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Reflexión

Queridos amigos, de nuevo me dispongo a compartir con vosotros el Evangelio de este domingo. Para ello, te invito a leerlo detenidamente (si es posible la lectura larga). Estoy seguro que la Parábola del sembrador no es ajena a tu vida y probablemente la hayas leído otras veces y te resulte un poco cansina hasta el punto de querer pasar página, porque pienses que no te va a decir nada nuevo. De ahí, que te recuerde lo que dice Isaías en la primera lectura para animarte a leerla con tranquilidad: «…Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, … así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, …».

El Evangelio pone de manifiesto tres realidades que atraen nuestra atención y no podemos pasar por alto: el sembrador, la semilla y el terreno en que cae. El sembrador es Dios; la semilla, su Palabra; el terreno es la mente y el corazón del hombre. Y, por consiguiente, la explicación y aplicación nos viene dada al final de la parábola. Sólo hace falta mirarnos en profundidad y preguntarnos: ¿qué clase de terreno soy? Y a reglón seguido, vivir en consecuencia y de forma coherente.

En principio, destacamos la generosidad del sembrador, pues para Él todos los terrenos son válidos. Podríamos decir que hasta malgasta la semilla. De cuatro puñados que se siembran, tres se perderán porque el hombre libre no los quiere recibir, pero el que cae en tierra buena da muchos frutos. Este es el que escucha la Palabra con atención, la reflexiona y medita, a fin de comprender y vivir sus exigencias.

Lo curiosos del caso es que el protagonismo no lo tiene el sembrador, sino la semilla y el terreno en el que cae. Aunque a primera vista los resultados hablan de fracaso, la eficacia de la Palabra está asegurada, pues la tierra fértil compensa con creces la esterilidad de las otras parcelas. Esto lo saben bien los sembradores. Ahora es el momento de preguntarte: ¿Qué tipo de terreno soy?, ¿Acojo la Palabra (semilla) con corazón abierto (terreno) para que dé frutos?

Respecto al terreno, el otro protagonista de la parábola, se identifica con el hombre libre. Éste es el verdadero destinatario de la semilla y de la siembra. Es decir, tú y yo somos el terreno. Por tanto, la responsabilidad es del terreno, del hombre inconstante que a la primera dificultad sucumbe porque la semilla ha sido acogida superficialmente; en el segundo caso, el hombre se deja seducir por los atractivos y afanes de la vida dejando que la semilla se vaya ahogando, esta es la semilla que cae entre espinas. Por último, la que es robada por el maligno en nuestro corazón.

Sabemos que la Palabra que hoy nos dirige Dios es, a la vez don y responsabilidad. La Palabra de por sí es eficaz, pero necesita preparar y cuidar bien el terreno. Ella sola no actúa milagrosamente; Dios respeta la libertad de la persona y cada uno debe poner de su parte en la acogida y aceptación de la Palabra. “Dios que te creó sin ti (sin tu colaboración), no te salvará sin ti (sin tu esfuerzo)”, dice san Agustín (Sermón 160, 13).

Invoquemos a María, bajo la advocación del Rocío, nuestra madre para que interceda ante su Hijo, el Pastorcito Divino y nos ayude a ser tierra fértil. Ella fue llamada dichosa y bienaventurada porque acogió la Palabra de Dios en su corazón y la llevó a la práctica en su vida.

¡Feliz Semana!

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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