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Evangelio y Reflexión. Domingo XXVII del tiempo ordinario


Arrendará la viña a otros labradores

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, le mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice, no habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”.

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Estimados amigos y hermanos todos.

Hace una década, un buen amigo, escribía un artículo titulado “Somos lo que comemos”. Pero basta ojear el panorama político nacional y tomar conciencia de la fragmentación existente. Todos creen que la viña es suya. Ya lo decía, no hace mucho, Juan Manuel de Prada: “Toda comunidad política sana se articula en torno a la noción de bien común y la conciencia de pertenencia que garantiza su integridad”. Y, así es querido amigo. Toda comunidad, del tipo que sea, no se destruye con las críticas externas (éstas, más bien, dan cohesión y unidad interior), sino por la división y fragmentación interna. De esta forma, será imposible que dé frutos.

También, de forma análoga, nos lo expresa el evangelio de este domingo. La viña del Señor es el pueblo de Israel y la nueva viña, es el pueblo de Dios, la Iglesia. Los primeros, antes de entregar los frutos que les correspondían, quitaron de en medio a todos los enviados del amo hasta matar al heredero de la viña, su hijo. Todavía el “Dueño” sigue sin percibir los frutos.

Veinte siglos después, ante la falta de rendimiento, el desengaño del dueño y la omisión de los frutos, la viña fue entregada a unos nuevos arrendatarios: a la vieja Europa de las catedrales, los Papas y la cristiandad. El “dueño” preparó con todo el cariño la viña rodeándola con una cerca, removiendo la tierra y cavando en ella un lagar para que los nuevos trabajadores asumieran su responsabilidad con ilusión. Llegado el tiempo de la vendimia el dueño sigue esperando los frutos.

¿De qué frutos hablamos? Esperó de ellos derecho y recibió asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos. En definitiva, seguimos olvidándonos que nosotros (la Iglesia) somos los nuevos responsables de la viña y tenemos que dar los frutos a su tiempo. La viña no es nuestra es de Dios. Él nos ha dado la libertad para trabajar en ella, pero, como antaño, seguimos escuchando las voces de los nuevos crucificados de la tierra y pasamos de largo ante ellos. Porque nos interesa más dividir la viña y sacar beneficios personales, que trabajarla en común compartiendo los frutos.

Cuando llegue el momento, tanto a nosotros como al pueblo a Israel, el Señor nos hará dos preguntas: ¿Dónde está tu hermano? Y. ¿Qué habéis hecho con los pobres de la tierra? Queridos amigos, nuestra labor es clara y sencilla: humanizar. ¿Cómo? Luchando por los derechos humanos, no permitiendo que se pisotee la dignidad de nadie y buscado el bien común de todos dejando a un lado intereses propios.

Querida Madre del Rocío, intercede ante el Pastor Divino para que nos ayude a trabajar unidos por el Reino, dando frutos abundantes para todos los seres humanos y especialmente para los más necesitados.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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