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Evangelio y Reflexión. Segundo domingo después de Navidad


El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-5. 9-14 (forma breve)

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Queridos amigos y hermanos todos.

Comenzamos el primer domingo del año nuevo con el prólogo de S. Juan. Muchos estudiosos lo consideran como una de las obras más bellas e importantes de la literatura bíblica y de la teología. Si la leemos con detenimiento comprobaremos la exquisitez y claridad del evangelista al explicar como la vida divina comienza a formar parte de la historia humana. Toda una verdadera historia de amor (por parte de Dios) y desamor (por parte del hombre).

Hoy nos fijaremos en el paralelismo existente entre dos frases para intentar comprender el evangelio y profundizar en los valores más vivos de lo que significa la Encarnación del Hijo de Dios. A través de la Palabra: “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”, Dios que es la Sabiduría se manifiesta en la historia, como dice el libro del Eclesiástico: “la sabiduría echó raíces en medio de su pueblo”. La Encarnación se expresa mediante lo más profundo que Dios tiene: su Palabra.

La palabra ante todo es comunicación y sirve para comunicarnos con los demás y relacionarnos desde lo que somos con los otros. Análogamente podríamos decir, que Dios se hizo palabra para comunicarse con el Hombre. Jesucristo es la Palabra del Padre, la sabiduría de Dios, la expresión de Dios. En definitiva, Dios mismo hecho palabra, expresión y comunicación. Así, Dios mismo se manifiesta en la historia y ésta se convierte en el propio designio de Dios para con los hombres. No debemos olvidar que Juan no dispone de una tradición para hablarnos de la Anunciación y del Nacimiento de Jesús, pero ha podido introducirse en esos misterios mediante su teología de la Palabra. Por otra parte, en el judaísmo «sabiduría» y «palabra de Dios» significaban prácticamente lo mismo.

También, como en Dios, para nosotros es muy importante la palabra. Con ella podemos crear relaciones nuevas; consolar y dar aliento a todos los que están en situación de precariedad; ser luz para quienes estén buscando algo nuevo mediante compromisos de amor y de justicia; denunciar las situaciones que atentan contra la dignidad de los seres humanos; expresar lo mas profundo de nuestro corazón a los demás (sentimientos, pensamientos, amor, perdón, comprensión…)

En definitiva, por medio de la palabra nosotros nos damos, donamos y desvelamos lo que somos a los demás. Además, por medio de ella acogemos y rechazamos: “Vino a su casa y los suyos no la recibieron”. Si no la recibimos nunca podremos saber qué es lo que la Palabra quiere de nosotros. Pues ella tenía un encargo, una misión de Aquel que la envió: “hacernos hijos de Dios, si creemos en su nombre”.

Así pues, la pelota está en nuestro tejado. De nosotros depende que la Palabra de Dios no se pierda. Es una llamada a nuestra responsabilidad par acabar, de una vez por todas, con esta historia “de acogida y rechazo”. Tagore afirma que los cristianos europeos somos como los cantos rodados de los arroyos: mucha a gua por fuera (catedrales, cultos, rezos) y el corazón lo tenemos seco. No olvides que estamos llamados a ser misericordia y acogida como lo es Jesús para nosotros. Pero, para ello, antes hay que acogerle a Él, Palabra viva del Padre.

Santa María de las Rocinas, Madre del Pastor Divino y de la Iglesia, ayúdanos a acoger la Palabra en nuestro corazón como Tú lo hiciste para que se haga vida en nuestra vida.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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