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Ntra. Sra. del Rocío


Ntra. Sra. del Rocío

La imagen de Nuestra Señora del Rocío, que vemos ataviada de brocados y ricas telas bordadas, responde en su interior a una talla completa fechable hacia finales del siglo XIII. Esto equivale a decir que se trata, por la coincidencia cronológica, de aquella primitiva imagen que fuera colocada por Alfonso X “El Sabio” hacia 1280, momento en que se erige la primera Ermita.

A finales del siglo XVI o principios del XVII, siguiendo el gusto de la época, la Virgen del Rocío, igual que a otras, se le adaptan ropajes de telas sobre la talla para ser revestida.

En el caso del Rocío parece ser que este cambio tiene lugar en la época en que los monjes mínimos de Almonte tienen su custodia.

Está vestida a la moda de los Austrias, como gran dama de la corte, cuyo atuendo se compone de las siguientes prendas: basquiña o saya de forma de campana sin pliegues ni arrugas, corpiño muy ajustado en el cuerpo y la gola que se transforma en rostrillo. Las sobremangas, de gran amplitud, se adaptan al brazo, dejándose ver debajo la manga. Sobre la cabeza se toca con el velo de las vírgenes y desde los hombros arranca el manto.

Porta la Imagen una serie de atributos en orfebrería: Ráfaga, cetro, corona y media luna, respondiendo a la descripción de la mujer en el Apocalipsis de San Juan: ” … vestida de sol, coronada con doce estrellas y la luna en los pies.”

Es evidente que el resultado estético del cambio fue muy positivo aunque los más ortodoxos de la época vieran con recelo tal cambio, pero los nuevos valores catequéticos inspirados tras el concilio de Trento fomentan una revisión también en el arte sacro. La sociedad, envuelta ya en pleno siglo de oro, nada le dice la severidad de ese primer gótico.

 

Del nombre de Rocinas a Rocío

El título primitivo de la Virgen fue el de Ntra. Sra. de las Rocinas, haciendo alusión al lugar donde comenzó a ser venerada. En 1653 el pueblo de Almonte comienza a llamar a su Virgen con el título de Ntra. Sra. del Rocío, como se establece en el preámbulo de las primitivas Reglas de la Hermandad Matriz de 1758: “adorándose en aquel sitio con el nombre de la Virgen de las Rocinas, título que con el tiempo, y no sin mística alusión, se ha mudado en el admirable de Rocío”. En curiosa paradoja, el lugar pasa a ser conocido desde entonces, con el nombre de la Virgen.

El nombre de Rocío se inspira en la liturgia de la Misa de Pentecostés, que en la oración de post-comunión, compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío: “Sancti Spiritus, Domine, corda nostra mudet infusio, et sui rori intima aspersione foecundent” (Que tu Espíritu Santo, Señor, descienda sobre nosotros, purifique nuestros corazones y, con el suave rocío de tu venida, los haga fecundos). En esta oración, la comparación entre el rocío (rori) y el Espíritu Santo, está llena de contenido teológico y bíblico.

Por este motivo, se hace también el traslado de su fiesta del 12 de septiembre, al domingo, Solemnidad de Pentecostés, como establecen las Reglas de la Hermandad Matriz, de 1758. Y también por ello, se invoca a la Virgen del Rocío, como Blanca Paloma, en alusión al Espíritu Santo en forma de paloma que preside sus andas procesionales.

Con estos acontecimientos el pueblo de Almonte quiso significar que la Virgen del Rocío, es la Virgen del Espíritu Santo, la Virgen de Pentecostés.

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