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Rincón de la Esperanza | Evangelio y Reflexión. Solemnidad del Corpus Christi


Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».

Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo».

Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y queridos hermanos.

La fiesta del Corpus, profundamente enraizada en el pueblo cristiano, encuentra un eco gozoso en nuestras ciudades como manifestación pública de fe y devoción auténtica a la sagrada Eucaristía. Esta fiesta se celebró litúrgicamente por primera vez en la diócesis de Lieja, Bélgica (1246) y entró en el Misal Romano en el mismo siglo con el esquema litúrgico que realizó Sto. Tomás de Aquino.

En la Solemnidad del Corpus Christi la Iglesia manifiesta su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este “Sacramento admirable”. La Eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana. En todos los sacramentos recibimos la gracia de Dios, en este se nos entrega a Dios mismo. Es el Sacramento del amor que conmemora la Pascua salvadora del Señor. Sacramento que alimenta, vivifica, une, fortalece nuestra existencia cristiana y anticipa la vida eterna.

Así es, la Eucaristía es la cena del memorial del Señor. No es de extrañar que la Iglesia quiera recordar lo que hizo y dijo Jesús en esa ocasión memorable. Por ello, el pasaje de Marcos nos introduce de lleno en la última cena de Jesús con los suyos, donde Él mismo afirma que es su sangre la que sella la nueva y definitiva alianza de Dios con los hombres. Jesús aprovecha esta cena para transmitir su última enseñanza: resume su vida y anticipa el significado de su muerte como don y entrega de sí mismo.

Usa los elementos típicos de la cena pascual, como el pan y vino, y les otorga un nuevo significado: su cuerpo y sangre. Palabras que expresan la magnitud de lo que Él quería hacer en la cruz: entregarse por todos los hombres con un amor sin medida. Así pues, la Eucaristía es ese misterio que por amor nos une a la vida de Cristo de forma sencilla y humilde. Sólo se necesita un corazón limpio para recibirlo y morar en él.

Ante este designio de amor de Jesús que ha decidido quedarse con nosotros en la Eucaristía, cabe preguntarse ¿Cómo celebramos la Eucaristía? ¿Cuál es nuestra participación? ¿Qué supone la Eucaristía en nuestra vida social, laboral y familiar? No debemos olvidar que la misa es también el sacrificio de los fieles unidos a Jesús para el culto a Dios. Sacrificio real, aunque espiritual.

Queridos hermanos, el amor con amor se paga. Dios quiere que nuestra vida sea una ofrenda espiritual de amor entregada a Él y a los hermanos. En la misma línea, San Pablo nos exhorta a ofrecernos como hostia y victima viva, santa y agradable a Dios (cfr. Rm 12, 1). Sólo viviendo desde el Amor podemos ser pan partido y vino entregado para los demás y especialmente para los más necesitados. Es la única forma de celebrar con autenticidad el Día de la Caridad.

Santa María del Rocío, madre de Dios y nuestra, muéstranos el camino y danos la fuerza para hacer realidad en nuestras vidas el misterio de amor inefable que hoy celebramos.

 

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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