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Solemnidad del Stmo. Cuerpo y Sangre de Cristo. Evangelio y Reflexión


Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

 

Reflexión

Estimados amigos y hermanos en Cristo.

Justo en el meridiano de esta tercera fase, decretada por las autoridades competentes con “un montón de nuevas normas”, nos volvemos a encontrar en este rincón abierto a la esperanza para meditar sobre la solemnidad que celebramos: el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Como no puede ser de otra forma, dejaremos que la Palabra de Dios y la fiesta que conmemoramos ilumine nuestra realidad.

Ya la crisis económica, tanto nacional como mundial que se anunció con el inicio del confinamiento, ha comenzado a despuntar y va agregando, cada día a la lista de las consecuencias, más víctimas con nombres, rostros y apellidos. Por otra parte, estas dificultades económicas, siendo realistas y claros, no nos va afectar a todos por igual. Por ello, deberíamos encontrar nuevas formas de acción para que la solidaridad y compromiso con la justicia, en la medida de nuestras posibilidades, ayude rescatar a tantos hermanos nuestros que han perdido todos sus ingresos.

Es una tarea de todos y, nosotros como cristianos, no podemos eludirla o mirar hacia otro sitio. Debemos hacer realidad las palabras de Jesús en el Evangelio: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Por tanto, tenemos la obligación moral, al alimentarnos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de expresar el amor fraternal de una forma viva y manifiesta. Esto es, de “partir el pan” -siendo consciente de todo el contenido que esta expresión encierra- con los que más lo necesitan.

La fiesta del Corpus celebra el día del Amor, el día de la Caridad. Amar a Dios y al prójimo van siempre de la mano. San Juan nos dice que lo contrario sería caminar en la mentira: no puedo amar a Dios que no veo sin amar al hermano que veo. Por consiguiente, ese amor debe traducirse en obras, en realidades concretas que ayuden y dignifiquen la vida de nuestros hermanos, especialmente la de los más necesitados. Mostremos al mundo cuál es el origen de la verdadera alegría de sentirse rociero: Caminar con María hacia Cristo, Pastor Divino de nuestras almas.

Algunos dirán: ¿y los políticos qué? También es tarea y responsabilidad de los partidos políticos que deberán estar a la altura de la situación y buscar, por encima de todo, el bien común dejando a un lado los intereses partidistas. En definitiva, es urgente que toda la clase política pacte una estrategia común que nos ayude a superar la crisis. Ahora bien, la responsabilidad política no es óbice para que nosotros obviemos nuestro compromiso. Los valores del Reino exigen de nosotros la entrega constante y permanente en la transformación social, independientemente de que otros lo hagan o no.

Santa María de las Rocinas, Madre de Dios y nuestra intercede ante el Pastorcito Divino para nos envíe su Espíritu y nos ayude a llevar a cabo nuestra labor como hijos de Dios y miembros de la Iglesia.

Francisco Jesús Martín Sirgo

Director Espiritual de la Hermandad Matriz, Párroco de la de Ntra. Sra. de la Asunción, de Almonte y Rector del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío.

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