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Visita Juan Pablo II


Visita del Papa San Juan Pablo II

Como un sueño que se cumplía, ante miles de rocieros llegados de toda España, el 14 de junio de 1993 a las 18:20 horas, S.S. el Papa Juan Pablo II, como un peregrino más, pisaba las arenas de la aldea del Rocío.

Cuando llega, andando, a las puertas del Santuario, y tras ser saludado por las autoridades presentes, el Papa, ayudado por el presidente de la Hermandad Matriz, accede al Santuario para postrarse a los pies de María Santísima del Rocío.

La entrada en el Santuario tuvo lugar por la puerta que asoma a la marisma y en el exterior, en la fachada principal, miles de romeros esperan emocionados, impacientes, ante un sol de justicia, que el Vicario de Cristo asomara al balcón del Santuario, para darles su bendición y su mensaje.

Cuando S.S. el Papa asomó al balcón, el silencio de los peregrinos que había acompañado su oración, estalló en un grito de júbilo y alegría, sonaron plegarias y sevillanas ¡Qué poderío, el Papa en el Rocío!, gritaba la multitud emocionada. Después, el Papa dirigía su mensaje a todos los rocieros, un mensaje que es todo un testimonio de amor a la Virgen y al Rocío, una catequesis para todo buen rociero.

Después, su Santidad bendecía los Simpecados de todas las hermandades del Rocío, que en el interior del Santuario formaban un inigualable retablo.

La historia del Rocío, que ha conocido hitos de singular importancia, conoció ese día el acontecimiento más trascendente de sus siete siglos de historia: el sucesor de Pedro venía a sancionar, con su presencia y sus palabras, ante la Iglesia universal, la devoción a la Virgen del Rocío, lo que expresó con la sincera e improvisada aclamación: ¡Que todo el mundo sea rociero!

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